La UCO apunta a Pardo de Vera por el contrato de Jésica

El avance de las investigaciones en el Tribunal Supremo ha arrojado una luz gélida sobre los mecanismos de influencia dentro del Ministerio de Transportes durante la etapa de José Luis Ábalos. Los testimonios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil no solo confirman irregularidades, sino que señalan una estructura de favores donde las jerarquías institucionales se pusieron al servicio de intereses personales.

La figura de Isabel Pardo de Vera como pieza de engranaje

En el epicentro de las declaraciones ante el Alto Tribunal ha emergido con fuerza el nombre de Isabel Pardo de Vera. Según los investigadores, la que fuera presidenta de ADIF no solo tuvo conocimiento de la situación laboral de Jésica Rodríguez, pareja del exministro, sino que fue descrita por los agentes como la persona que «lo arregla todo».

La tesis de la UCO sostiene que el acceso de la joven a entidades públicas como Ineco y posteriormente Tragsatec no respondió a procesos de selección ordinarios basados en el mérito. Por el contrario, se habría activado una cadena de mando tras la recepción de un currículum enviado por Koldo García, en el que se incluía material gráfico ajeno a cualquier estándar profesional, evidenciando el carácter discrecional y personalista del fichaje.

Radiografía de una contratación bajo sospecha

La investigación ha diseccionado la trayectoria de Rodríguez en la administración pública, encontrando anomalías que van más allá del simple nombramiento. Los agentes han subrayado durante sus comparecencias que el proceso tuvo aristas éticas y administrativas muy marcadas:

  • Intervención directa: La UCO afirma que el informe evidencia cómo Pardo de Vera fue la facilitadora necesaria para asegurar el contrato.
  • Desconexión laboral: Existen indicios de que la beneficiaria manifestaba quejas sobre su remuneración a pesar de las sospechas de absentismo o falta de funciones reales.
  • Opacidad institucional: A pesar de la claridad sobre quién inició la cadena de mensajes, las defensas han intentado, sin éxito, diluir la responsabilidad final de la firma del contrato.

El alquiler en Plaza España: El precio de la voluntad

Más allá de la nómina pública, el caso pivota sobre una supuesta corrupción sistémica vinculada a la compra de voluntades. La UCO ha detallado cómo Víctor de Aldama, a través de testaferros y socios como Alberto Escolano, habría sufragado los gastos habitacionales de Jésica Rodríguez en el centro de Madrid.

El abono de más de 88.000 euros por un piso en Plaza España se interpreta por los investigadores no como un acto aislado, sino como una inversión para mantener el acceso privilegiado al ministro. El hecho de que estos pagos comenzaran mucho antes de los contratos de las mascarillas refuerza la teoría de que la trama buscaba «tener comprada la voluntad» del responsable de la cartera de Transportes de forma permanente.

Consecuencias penales y el horizonte judicial

El escenario judicial para Ábalos y su antiguo asesor, Koldo García, se complica tras estas declaraciones. Las peticiones de pena, que alcanzan los 30 años de prisión, reflejan la gravedad de los delitos imputados, que abarcan desde el cobro de comisiones ilegales hasta la prevaricación en la contratación de personal en entes públicos.

La estrategia de la defensa, centrada en cuestionar la cronología de los pagos y su relación directa con las adjudicaciones, choca frontalmente con la narrativa de la Guardia Civil. Para los agentes, la red de favores económicos y laborales formaba un todo indivisible orientado a parasitar las estructuras del Estado para beneficio de una red privada encabezada por Aldama.