Urizar Azpitarte explica la relación del CTA y Negreira

La historia reciente del fútbol español sigue sumando capítulos que cuestionan la transparencia de sus instituciones en décadas pasadas. Ildefonso Urizar Azpitarte, quien fuera una pieza fundamental en el organigrama arbitral, ha ofrecido una perspectiva reveladora sobre la convivencia entre los negocios privados y la justicia deportiva durante el mandato de Vitoriano Sánchez Arminio. En una reciente intervención mediática, el exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) ha diseccionado un sistema donde la ética profesional se movía en terrenos pantanosos.

Vínculos comerciales y conflictos de intereses en el arbitraje

Uno de los puntos más controvertidos expuestos por Urizar Azpitarte es la normalización de las relaciones empresariales entre los colegiados y los clubes de Primera División. Según su relato, en aquel periodo el arbitraje se percibía más como una actividad complementaria que como una profesión blindada contra influencias externas. El propio Urizar reconoció mantener participaciones accionariales en diversas entidades deportivas, como la Real Sociedad, el Deportivo Alavés o el Málaga CF.

Esta situación no era producto de una inversión directa, sino de la conversión de deudas en activos. Diversas entidades, al transformarse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), liquidaron facturas pendientes con las empresas de Urizar —dedicadas a la logística y la imprenta— mediante la entrega de acciones. Este escenario sugiere que el conflicto de intereses era una realidad latente, donde los mismos jueces encargados de impartir justicia en el campo eran, simultáneamente, proveedores de servicios de transporte para muestras de control antidopaje o responsables de campañas electorales federativas.

La división de funciones: ¿Quién mandaba realmente en el CTA?

Respecto al funcionamiento operativo del comité, Urizar Azpitarte ha marcado una línea divisoria clara entre las responsabilidades de los tres vicepresidentes. Mientras la opinión pública pone el foco en Enríquez Negreira, Urizar asegura que el poder real sobre el destino de los árbitros en activo recaía en un núcleo más reducido.

  • Designaciones arbitrales: Eran responsabilidad exclusiva de Sánchez Arminio y el propio Urizar Azpitarte entre 1992 y 1999.
  • Gestión de Negreira: Su labor principal consistía en la coordinación con los comités territoriales y la comunicación oficial de ascensos y descensos.
  • Índice corrector: Una herramienta clave para desempatar a colegiados con puntuaciones similares, decidida por el presidente y Urizar para favorecer proyecciones de futuro o perfiles específicos.

Bajo este prisma, la figura de Negreira aparece como un gestor administrativo con gran peso institucional, pero teóricamente alejado de la elección directa de quién pitaba cada encuentro cada fin de semana en LaLiga.

El análisis del caso Negreira y el supuesto engaño al FC Barcelona

Al abordar la polémica de los pagos millonarios realizados por el FC Barcelona, el testimonio de Urizar es tajante: considera que el club catalán fue víctima de una estrategia de persuasión sin efectos reales en el terreno de juego. Para el exdirigente, es impensable que un vicepresidente pudiera coaccionar a un árbitro para beneficiar a un equipo concreto, ya que cualquier intento de este tipo habría terminado en una denuncia interna inmediata.

La tesis defendida es que Enríquez Negreira engañó al Barcelona vendiendo una supuesta influencia que, según la estructura interna descrita, no poseía de forma directa sobre las designaciones. Urizar define este episodio como un asunto privado entre el exvicepresidente y la entidad azulgrana, desvinculando al resto del colectivo arbitral de cualquier trama de corrupción sistémica.

Críticas al modelo actual y al sindicalismo federativo

Finalmente, el análisis de Urizar Azpitarte se extiende a la situación presente del fútbol profesional. Se muestra profundamente escéptico con la deriva reglamentaria impulsada por la FIFA y, especialmente, con la configuración del actual sindicato de árbitros. Su crítica se centra en la falta de independencia de estas organizaciones, que nacen bajo el paraguas de la propia Federación Española de Fútbol (RFEF).

Para el excolegiado, un sindicato que declara una lealtad incondicional a la presidencia de la federación pierde su razón de ser, ya que su función debería ser la protección del trabajador frente a la institución, y no actuar como una extensión de su poder. Esta visión subraya la nostalgia por una época que, aunque plagada de vínculos empresariales cuestionables, mantenía a su juicio una mayor claridad en las jerarquías internas del estamento arbitral.