La tensión interna en el seno de Vox ha alcanzado un nuevo punto crítico. La formación liderada por Santiago Abascal ha endurecido su postura contra uno de sus rostros más visibles, Javier Ortega Smith, reclamando formalmente la devolución de su acta de diputado. Esta exigencia no solo responde a discrepancias políticas previas, sino a una cuestión de ética interna tras revelarse comportamientos que el partido considera incompatibles con sus valores fundamentales.
El conflicto ético: maternidad y reproches laborales
El detonante de este último enfrentamiento ha sido la difusión de un material sonoro grabado durante el despido de una trabajadora del partido. En dichos audios, se escucha a Ortega Smith recriminar a la empleada su supuesta falta de implicación durante su baja de maternidad, señalando que no había asistido a los plenos del Ayuntamiento de Madrid durante ese periodo. Para la cúpula de Vox, estas palabras son intolerables y «retratan» una actitud que no tiene cabida en la organización.
A pesar de que el Tribunal Supremo decidió no admitir a trámite la querella interpuesta por la trabajadora —quien acusaba al diputado de delitos contra la integridad moral y prevaricación—, el partido ha decidido que la victoria judicial no exime al político de su responsabilidad moral. La dirección nacional ha cerrado filas en torno a la empleada, calificando su labor de ejemplar y distanciándose radicalmente de las formas empleadas por el exsecretario general.
Fractura total en el Congreso y el Ayuntamiento
La crisis ha escalado hasta el punto de generar reacciones viscerales entre compañeros de bancada. Un ejemplo de la fractura interna fue la reacción de la diputada Rocío de Meer, quien mostró públicamente su rechazo hacia Ortega Smith. La formación insiste en que el escaño en el Congreso de los Diputados es un activo que pertenece a la voluntad de los votantes y, por extensión, al proyecto político, instando al diputado a que lo entregue de inmediato.
- Pérdida de confianza: La dirección considera que el comportamiento revelado rompe la disciplina y el código ético del partido.
- Precedentes de tensión: El conflicto se suma a la expulsión definitiva de Ortega Smith el pasado mes de abril tras su negativa a abandonar la portavocía municipal.
- Argumentario de defensa: El diputado sostiene que sus acciones fueron malinterpretadas y que solo buscaba la eficiencia en la gestión del Ayuntamiento.
La versión de Ortega Smith ante el ultimátum
Por su parte, Javier Ortega Smith ha utilizado sus canales oficiales para defender su gestión. Según su versión, en ningún momento obligó a la empleada a trabajar durante su periodo de descanso por maternidad. Su argumento se centra en una cuestión de rendimiento profesional: sostiene que los sustitutos que cubrieron la vacante realizaron un trabajo superior, lo que motivó su decisión de proponer el cese en el consistorio y buscarle un nuevo encaje en la sede nacional del partido.
Este episodio marca el que podría ser el capítulo final de la relación entre Ortega Smith y la actual cúpula de mando. Lo que comenzó como una reestructuración de poder para apartarlo de los órganos de decisión ha derivado en una batalla abierta por la integridad de la marca política, donde la protección de los derechos de los trabajadores y la imagen pública de la formación están en el centro del debate.
En conclusión, el escenario para el diputado se complica. Mientras él se aferra a la legalidad de su acta y a la desestimación de la querella por parte del Supremo, Vox se posiciona en un plano de superioridad moral, dejando claro que el futuro de Ortega Smith dentro de la disciplina de partido es inexistente y que su permanencia en las instituciones bajo sus siglas es, a día de hoy, un lastre que no están dispuestos a asumir.
