Bolivia pide a España información sobre el caso Zapatero

La justicia boliviana ha dado un paso decisivo en la fiscalización de las relaciones diplomáticas y comerciales de alto nivel. El Ministerio Público de Bolivia ha formalizado una solicitud de cooperación internacional dirigida a España y Perú, con el objetivo de esclarecer la supuesta mediación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en asuntos internos del país andino. Esta acción busca determinar si existió un uso indebido de influencias que habría beneficiado a conglomerados extranjeros.

Cooperación internacional: El eje de la investigación fiscal

El fiscal general de Bolivia, Roger Mariaca, confirmó recientemente que se han remitido dos solicitudes de asistencia jurídica penal a través de la Cancillería. El foco de estas peticiones es obtener documentación precisa desde España y datos operativos desde Perú que permitan reconstruir la actividad de Zapatero en territorio boliviano. Esta maniobra legal no es un hecho aislado, sino que corre de forma paralela a una investigación penal abierta en la región de Chuquisaca.

La fiscalía busca pruebas tangibles sobre la hipótesis de que el exmandatario español actuó como un facilitador de intereses privados ante las más altas esferas del poder boliviano. La recepción de estos informes internacionales será determinante para los próximos pasos procesales en el país sudamericano, donde la transparencia institucional se encuentra bajo un intenso escrutinio público.

El informe de la UDEF y el rastro de los 200.000 euros

El origen de esta tormenta judicial se encuentra en un informe de la Unidad de Delitos Económicos y Financieros (UDEF) de la Policía Nacional de España. Según las pesquisas policiales, Zapatero se habría involucrado en una estructura de intermediación para favorecer los objetivos del Grupo Gloria, un gigante empresarial peruano con fuertes intereses en la industria del cemento boliviano. El reporte sugiere que estas gestiones habrían estado motivadas por una contraprestación económica cercana a los 200.000 euros.

Las evidencias que sustentan estas sospechas incluyen:

  • Registros de mensajería instantánea entre el expresidente y su equipo de confianza.
  • Agendas personales que detallan encuentros estratégicos con autoridades bolivianas.
  • Conexiones directas con el caso Plus Ultra, donde se investigan presuntas comisiones similares.

Lo más delicado del informe es la mención de figuras clave del Gobierno boliviano entre 2020 y 2025, sugiriendo que la red de influencias pudo haber permeado niveles ministeriales e incluso la presidencia, lo que añade una dimensión política explosiva al caso.

El conflicto del cemento: Soboce y la disputa por Fancesa

Para entender el interés del Grupo Gloria en la figura de Zapatero, es necesario analizar el prolongado litigio por la Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce). Desde hace más de una década, Soboce y la estatal Fancesa mantienen una batalla legal por la titularidad de acciones y acusaciones de competencia desleal. El Grupo Gloria, como accionista mayoritario de Soboce, ha buscado históricamente compensaciones millonarias tras la reversión de activos por parte del Estado boliviano.

En este complejo escenario, la labor de Zapatero habría sido «aceitar» las negociaciones para que el Estado cediera en sus pretensiones o facilitara una indemnización favorable para el grupo peruano. A pesar de que el entorno de Luis Arce ha negado rotundamente cualquier vinculación con tráfico de influencias, la presión judicial ha derivado en fallos recientes del Tribunal Supremo de Justicia que obligan a Soboce a pagar más de 74 millones de dólares como compensación a Fancesa.

Reconocimiento de pagos y defensa corporativa

En un giro inesperado, el propio Grupo Gloria admitió haber realizado el pago de los 200.000 euros al político español. No obstante, la empresa sostiene que dicha contratación se realizó bajo parámetros de legalidad y con el fin legítimo de asesoría para resolver la controversia sobre la indemnización de Soboce. Para la defensa del grupo, no existió una intención de interferir con la justicia boliviana, sino de buscar una mediación política ante un conflicto estancado.

Esta admisión, lejos de cerrar el caso, ha dado nuevos argumentos a la Fiscalía de Bolivia para profundizar en si esos pagos constituyen un delito de cohecho o tráfico de influencias transnacional. La resolución de este caso marcará un precedente sobre cómo se juzgan las actividades de lobismo realizadas por exmandatarios extranjeros en suelo latinoamericano.