El actual escenario geopolítico atraviesa una de sus fases más críticas, marcada por lo que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero define como la instauración de una era de violencia y fuerza que prescinde de las normas globales. Según su análisis, el punto de inflexión que fracturó el ordenamiento jurídico mundial fue la intervención en Irak en 2003, un evento que, a su juicio, inició un proceso de erosión de la legalidad internacional que aún persiste en las crisis actuales de Oriente Medio y Europa del Este.
El declive del multilateralismo y el papel de la ONU
Para Zapatero, la marginación de las instituciones multilaterales representa un peligro sistémico para el futuro global. El expresidente enfatiza que la Carta de las Naciones Unidas, concebida para evitar las tragedias del siglo XX, está siendo ignorada por las grandes potencias. En este sentido, identifica una deriva preocupante en la que el uso de la fuerza ya no busca el consenso del Consejo de Seguridad, sino que se ejerce de forma unilateral.
- Rusia y Estados Unidos: Crítica a la tendencia de las superpotencias de preterir el papel de la ONU en la resolución de conflictos.
- Legitimidad de la fuerza: El recordatorio de que cualquier intervención armada debe contar con la autorización explícita de los organismos internacionales.
- El estigma de la legalidad: La observación sobre cómo defender el derecho internacional se ha convertido, paradójicamente, en una postura «sospechosa» en ciertos círculos políticos.
La estrategia diplomática de España: Ucrania, Gaza e Irán
Frente a este panorama de inestabilidad, el exjefe del Ejecutivo ha manifestado un respaldo rotundo a la coherencia diplomática de Pedro Sánchez. Zapatero argumenta que la posición de España es «creíble y respetable» debido a que mantiene una vara de medir uniforme, independientemente del escenario. Este análisis destaca que el Gobierno ha sabido equilibrar la condena a regímenes autoritarios con la defensa de los principios democráticos y el respeto a la soberanía.
Zapatero subraya que el reconocimiento internacional hacia la figura de Sánchez responde a su capacidad para condenar ataques, como los ocurridos recientemente con Irán, sin comprometer los valores de la política exterior española. En este punto, aprovecha para cuestionar el legado del Partido Popular, sugiriendo que sus posturas históricas en conflictos bélicos no solo fueron erróneas, sino que no aportaron beneficios tangibles a la seguridad nacional.
Migración y memoria: El desafío ético del siglo XXI
Más allá de la geopolítica de defensa, Zapatero vincula la estatura moral de un país con su capacidad de gestión humanitaria. Al celebrar los avances en el proceso de regularización de migrantes, el expresidente establece un paralelismo histórico necesario para comprender la identidad de la nación. Recuerda que España tiene una deuda ética con la acogida, basándose en la experiencia de millones de españoles que el siglo pasado encontraron refugio en naciones como México, Argentina o Venezuela.
En conclusión, el análisis de Zapatero sitúa a la acogida e integración como los verdaderos termómetros de la madurez de una sociedad moderna. La defensa de la ley en el exterior y la humanidad en las fronteras interiores forman, en su visión, el núcleo de una política de Estado que busca devolver el sentido a las normas internacionales en un mundo que parece haberlas olvidado.
