Cospedal niega encargos a Villarejo en el juicio Kitchen

La comparecencia de María Dolores de Cospedal ante el tribunal del caso Kitchen ha marcado un punto de inflexión en la estrategia de defensa de la antigua cúpula del Partido Popular. En una declaración cargada de matices semánticos, la que fuera mano derecha de Mariano Rajoy ha buscado desvincularse de cualquier operativa ilícita, redefiniendo su relación con el excomisario José Manuel Villarejo como una serie de contactos puramente informativos motivados por un clima de inseguridad institucional.

La distinción entre consultas y mandatos operativos

Durante su testifical, Cospedal ha establecido una frontera tajante entre la obtención de información y la ejecución de tareas. Según su testimonio, los encuentros con el polémico mando policial nunca derivaron en órdenes directas o encomiendas específicas. Para la exdirigente, el intercambio se limitó a la formulación de preguntas sobre la actualidad política y policial de aquel momento, rechazando la etiqueta de «encargo» que la acusación intenta consolidar.

Esta narrativa busca neutralizar la tesis de que el Partido Popular utilizó recursos del Estado para fines partidistas. Cospedal ha insistido en que su percepción de Villarejo en aquel entonces era la de un agente condecorado y con fuertes vínculos en el sector mediático, lo que justificaba, a sus ojos, mantener abiertos canales de comunicación en la sede de Génova 13.

El fantasma del espionaje en la era de Rubalcaba

Uno de los puntos más relevantes de su declaración ha sido la contextualización de estos encuentros. Cospedal ha justificado su acercamiento a Villarejo en 2009 bajo la premisa de una «sospecha fundada» de que el PP estaba siendo monitorizado ilegalmente por el Ministerio del Interior, dirigido entonces por Alfredo Pérez Rubalcaba. Bajo esta óptica, los encuentros no eran una ofensiva, sino una medida de autoprotección partidista.

  • Búsqueda de confirmación sobre posibles seguimientos a líderes populares.
  • Interés en las filtraciones de sumarios judiciales que afectaban a figuras del partido, como Rita Barberá.
  • Validación de las fuentes que alimentaban la tensión informativa del momento.

Cronología y logística de las reuniones en Génova

En cuanto a la frecuencia de los contactos, la exsecretaria general ha cuantificado en menos de una decena las citas mantenidas a lo largo de casi una década. Ha subrayado la formalidad de estos encuentros, señalando que la inmensa mayoría tuvieron lugar en su despacho oficial y que fueron gestionados por su equipo de gabinete, restando cualquier aura de clandestinidad a las reuniones.

Asimismo, ha desmarcado a su entorno familiar de la continuidad de estas relaciones, aclarando que su esposo solo participó en la presentación inicial. Cospedal ha sido tajante al afirmar que no existía una comunicación fluida por canales privados como teléfonos o correos electrónicos, limitando el trato a encuentros presenciales puntuales motivados por el interés del propio Villarejo en acercarse a la cúpula del PP.

El vacío de información sobre Bárcenas y el CNI

Sobre el núcleo de la Operación Kitchen —el presunto robo de documentos sensibles al extesorero Luis Bárcenas—, Cospedal ha mantenido una postura de total desconocimiento. Ha negado tener constancia de seguimientos a la familia de Bárcenas o de la intervención del chófer Sergio Ríos en la sustracción de material documental. Según su versión, el extesorero nunca manifestó quejas sobre la pérdida de objetos personales tras su salida de la sede nacional.

Finalmente, respecto a las tensiones entre Villarejo y el antiguo director del CNI, Félix Sanz Roldán, la testigo ha reconocido que el excomisario solía quejarse de una supuesta falta de reconocimiento a sus servicios prestados al Estado. Sin embargo, ha evitado profundizar en las conspiraciones personales de su interlocutor, cerrando así un testimonio centrado en la defensa de la legalidad de sus actuaciones durante su etapa como número dos de la formación conservadora.