Iglesias admite engaño a Rivera y PNV en moción de 2018

La estrategia del engaño: Cómo se fraguó la caída de Rajoy en 2018

La política española cambió de rumbo de manera drástica en 2018, pero los entresijos de aquella moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa siguen revelando matices sorprendentes. Pablo Iglesias, exlíder de Podemos, ha roto el silencio sobre la arquitectura de aquel movimiento, admitiendo que el éxito de la operación no se basó en una negociación transparente, sino en una serie de maniobras de distracción y engaños deliberados dirigidos hacia actores clave como el PNV y Ciudadanos.

Según el análisis actual de Iglesias, el hoy presidente del Gobierno se encontró con la jefatura del Ejecutivo de una forma casi accidental, sin haber realizado el esfuerzo diplomático que cabría esperar. La formación morada fue la que asumió el rol de ingeniero político, aprovechando la debilidad de un Partido Popular cercado por la corrupción y la ambición de unas fuerzas emergentes que buscaban su espacio en un tablero volátil.

El señuelo de las elecciones anticipadas para Rivera

Uno de los puntos más reveladores de la confesión de Iglesias reside en el trato con Albert Rivera. En aquel momento, Ciudadanos disfrutaba de unas perspectivas electorales inmejorables según las encuestas. Podemos utilizó este dato como un arma de manipulación, haciendo creer al líder naranja que la moción de censura sería meramente instrumental.

La narrativa construida para seducir a Rivera se basaba en los siguientes pilares tácticos:

  • Promesa de urnas inmediatas: Se le transmitió la idea de que el único objetivo era desalojar a Rajoy para convocar elecciones generales de forma inminente.
  • Presión demoscópica: Se alimentó la creencia de que Ciudadanos ganaría con facilidad al PP y que Podemos podría superar al PSOE en ese nuevo escenario.
  • Falsa coalición técnica: Se exploró la posibilidad teórica de presentar una moción conjunta que nunca tuvo la intención real de materializarse bajo esos términos.

La carambola con el PNV: Un «órdago a la grande»

Si la maniobra con Ciudadanos fue un señuelo, la presión sobre el PNV fue un ejercicio de realismo político agresivo. Apenas una semana después de que los nacionalistas vascos aprobaran los presupuestos de Mariano Rajoy, Iglesias utilizó el factor del engaño previo a Rivera para forzar la mano de Andoni Ortuzar.

El exvicepresidente describe esta jugada como una victoria al mus, donde la clave fue convencer al PNV de que la moción instrumental con el apoyo de Ciudadanos era una realidad ineludible. Si los nacionalistas no se sumaban, corrían el riesgo de quedar retratados como el sostén de un gobierno sentenciado por la trama Gürtel, lo que les penalizaría gravemente en unos supuestos comicios que, en realidad, Podemos y el PSOE no tenían prisa por convocar.

Un presidente sin teléfono: La pasividad de Pedro Sánchez

Resulta especialmente llamativa la descripción que hace Iglesias sobre el papel de Pedro Sánchez durante aquellos días críticos. Mientras Podemos tejía la red de apoyos y mediaba con figuras como Marta Pascal o el entorno de Carles Puigdemont, el candidato socialista mantuvo una postura pasiva, casi de espectador.

Iglesias subraya que Sánchez no tuvo que negociar directamente las concesiones que el PNV o las fuerzas independentistas podrían haber exigido en condiciones normales. La urgencia del momento y la estrategia de hechos consumados diseñada por la formación morada evitaron que el líder del PSOE tuviera que comprometerse de antemano, facilitando su llegada al poder sin las ataduras habituales de una investidura parlamentaria compleja.

Consecuencias: El principio del fin del bipartidismo tradicional

Para Pablo Iglesias, el éxito de aquel engaño colectivo no solo supuso un cambio de nombres en la Moncloa, sino que hirió de muerte lo que él denomina el sistema político del 78. La forma en que se desplazó al Ejecutivo del PP, mediante una arquitectura de alianzas heterogéneas y tácticas de desorientación, marcó el inicio de una nueva era de inestabilidad y coaliciones obligatorias.

En conclusión, lo que se presentó ante la opinión pública como un movimiento de regeneración democrática tras una sentencia judicial demoledora, tuvo en sus entrañas una partida de póker político donde la verdad fue el recurso menos utilizado. La confesión de Iglesias no solo arroja luz sobre el pasado, sino que invita a reflexionar sobre la fragilidad de los acuerdos que sostienen la gobernabilidad en la España contemporánea.