Lo que antaño fue un binomio indisoluble en la formación de Santiago Abascal ha terminado por resquebrajarse de forma definitiva. La imagen de Javier Ortega Smith sentado justo detrás de la presidencia del grupo parlamentario es ya historia. En un movimiento que simboliza su pérdida total de influencia, el partido ha decidido desplazar a uno de sus fundadores hacia la última fila del hemiciclo, un lugar coloquialmente conocido como el «gallinero», marcando el punto más bajo en su trayectoria política dentro de la formación.
El destierro visual y operativo en la Cámara Baja
La degradación de Ortega Smith no es meramente simbólica; responde a una estrategia de reestructuración interna que le ha despojado de todas sus herramientas de poder legislativo. Tras haber perdido la portavocía adjunta hace meses, el diputado ha visto cómo se le retiraba también la voz en las comisiones de Justicia e Interior, áreas donde históricamente había mantenido un perfil muy alto debido a su formación jurídica y su papel en el proceso judicial del ‘procés’.
Este desplazamiento físico a la zona más alejada de la tribuna de oradores ha sido formalizado ante la Mesa del Congreso. El cambio de escaño refleja una realidad política incuestionable: quien fuera el todopoderoso secretario general de Vox ahora carece de un rol activo en la estrategia diaria del grupo parlamentario, quedando relegado a la condición de diputado raso sin funciones de coordinación.
Nuevos rostros para un Vox en transformación
El vacío dejado por Ortega Smith ha sido rápidamente ocupado por perfiles que gozan de la plena confianza de la actual dirección nacional. El ascenso de Carlos Hernández Quero es el ejemplo más claro de esta renovación. Hernández Quero no solo ha heredado el escaño privilegiado detrás de Abascal, sino que ha asumido la portavocía de Vivienda y ha ganado peso en la Ejecutiva, consolidándose como un valor al alza frente al desgaste del viejo guardia.
- Pérdida de poder orgánico: Su salida definitiva de la Ejecutiva nacional el pasado diciembre.
- Relevo generacional: La entrada de perfiles académicos y técnicos en los puestos de portavocía.
- Aislamiento parlamentario: Eliminación de su presencia en las comisiones de mayor calado político.
Las claves de la fractura: gestos que Abascal no perdona
La relación entre Ortega Smith y el entorno más cercano a Santiago Abascal se ha deteriorado debido a lo que en la cúpula consideran desafíos a la autoridad del líder. Varios episodios han sido determinantes para este enfriamiento:
En primer lugar, su cercanía con figuras que ya han abandonado el proyecto, como Iván Espinosa de los Monteros. La asistencia de Ortega a eventos organizados por el exportavoz fue vista como un acto de rebeldía interna. En segundo lugar, su decisión de acudir a actos oficiales, como el desfile del 12 de octubre, en momentos donde el partido había decidido boicotear la presencia institucional para no coincidir con el Gobierno, generó un profundo malestar en la dirección.
El incierto horizonte en el Ayuntamiento de Madrid
A pesar de este declive en el Congreso, Ortega Smith mantiene su acta de concejal y portavoz en el Palacio de Cibeles. Aunque él mismo ha manifestado públicamente su intención de liderar de nuevo la lista para la Alcaldía de Madrid en 2027, las señales que llegan desde la calle Bambú sugieren lo contrario. La dirección nacional parece decidida a completar la purga y buscar un nuevo candidato que represente la línea oficialista, alejándose del personalismo que ha caracterizado al actual portavoz municipal.
El futuro de quien fuera el brazo ejecutor de los estatutos de Vox es hoy una incógnita. Lo que es evidente es que el partido ha decidido pasar página, moviendo sus piezas en el tablero para que el rostro de la «resistencia» jurídica y fundacional deje de ser el protagonista de su relato parlamentario.
