Casi la mitad de conductores muertos dio positivo en drogas

La seguridad vial en España se enfrenta a un desafío estructural que parece resistirse a las campañas de concienciación y a las medidas punitivas convencionales. Los datos presentados por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) para el ejercicio 2025 revelan una realidad cruda: la química está presente en prácticamente uno de cada dos fallecimientos al volante. Con un 49,9% de positivos entre las víctimas analizadas, el consumo de alcohol, drogas y psicofármacos no solo se mantiene, sino que experimenta un ligero repunte del 1,7% respecto al año previo.

El peligro del multiconsumo: una tendencia al alza

Uno de los datos más alarmantes de la memoria actual no es solo la presencia de una sustancia, sino la combinación de varias. El multiconsumo ha crecido de forma exponencial, detectándose en el 36,3% de los casos positivos. Esta mezcla, que habitualmente combina el alcohol con diversas sustancias estupefacientes, supone un incremento del 25,9% en comparación con los registros anteriores.

  • Combinación frecuente: El cóctel de alcohol y drogas ilegales es la opción más recurrente, presente en casi el 20% de los conductores que perdieron la vida.
  • Tolerancia cero: A pesar de la ligera bajada del alcohol como sustancia aislada, su presencia sigue siendo determinante en el 32,4% de los fallecidos.
  • Drogas emergentes: El cannabis y la cocaína lideran el ranking de sustancias ilegales, con esta última alcanzando niveles históricos de detección.

Cocaína y psicofármacos: la nueva alerta en carretera

Si bien el alcohol muestra una tímida tendencia a la baja, el escenario se ensombrece al analizar el consumo de estimulantes y medicamentos. La cocaína ha registrado su punto más alto en la última década, apareciendo en el 14% de las autopsias realizadas. Este dato refleja un aumento del 4,3% respecto al ciclo anterior, consolidándose como la droga ilegal más prevalente en los siniestros mortales.

Paralelamente, el uso de psicofármacos como antidepresivos o benzodiacepinas ha crecido un 5,6%. Estas sustancias, muchas veces prescritas médicamente pero incompatibles con la conducción segura, se detectaron en el 17% de las víctimas. Este fenómeno subraya la necesidad de una mayor pedagogía sobre los efectos secundarios de los tratamientos para la ansiedad y el insomnio en el ámbito de la movilidad.

Radiografía de la víctima: perfil y entorno del siniestro

El informe permite trazar un perfil sociológico muy definido sobre quiénes son los conductores que fallecen bajo los efectos de estas sustancias. La estadística es contundente: el varón de mediana edad, concretamente entre los 35 y 54 años, representa el núcleo principal de la tragedia. La edad media de las víctimas positivas se sitúa en los 47,4 años, alejando el foco de la falsa creencia de que este es un problema exclusivo de la juventud novel.

En cuanto a las circunstancias del accidente, los datos rompen otros mitos comunes:

  • El 61,9% de los accidentes mortales con positivo toxicológico ocurrieron en días laborables.
  • Los turismos siguen siendo el vehículo con mayor siniestralidad (46,4%), seguidos muy de cerca por las motocicletas (35,4%).
  • Solo el 38,1% de los incidentes fatales tuvieron lugar durante fines de semana o periodos festivos.

Peatones: la vulnerabilidad ante la medicación

La Memoria 2025 también pone el foco en los usuarios vulnerables de la vía. El dato de peatones fallecidos por atropello con resultado positivo ha escalado hasta el 50,9%. Lo más llamativo en este grupo es el cambio en la sustancia predominante: por primera vez en la serie histórica, los psicofármacos (57,5%) superan al alcohol (48,3%) entre los peatones víctimas de accidentes.

Este incremento del 8% en positivos respecto al año anterior afecta mayoritariamente a hombres y, en un porcentaje muy elevado (40,4%), a personas mayores de 65 años. Estos datos sugieren que la pérdida de reflejos y la desorientación provocada por la medicación son factores determinantes en los atropellos mortales en entornos urbanos e interurbanos.

Justicia y políticas preventivas: un divorcio estadístico

Desde la Fiscalía de Seguridad Vial se ha calificado la situación como inasumible. Existe una paradoja notable: mientras los positivos en carretera se mantienen o suben, las condenas judiciales han experimentado un descenso significativo. De las más de 50.000 sentencias registradas en 2023, se ha pasado a apenas 31.159 en el último ejercicio.

Por su parte, la DGT ha defendido la necesidad de reformar las tasas de alcoholemia permitidas, lamentando que intereses políticos bloqueen medidas que buscan el beneficio general. Con cerca de 9 millones de controles realizados anualmente, las autoridades insisten en que el objetivo de la Unión Europea de reducir a la mitad las muertes para 2030 solo será posible si se ataja la normalización del consumo de sustancias antes de ponerse al volante o iniciar un trayecto a pie.

Conclusión: el reto de la responsabilidad individual

Los datos de 2025 son un recordatorio de que la tecnología en los vehículos no es suficiente si el factor humano sigue comprometido por la química. El repunte en el consumo de cocaína y benzodiacepinas obliga a replantear las estrategias de prevención, moviéndolas desde el control policial hacia una concienciación sobre la salud mental y el uso responsable de fármacos. El horizonte de «cero víctimas» parece lejano mientras la mitad de los fallecidos sigan arrojando resultados positivos en toxicología.