Un legado de firmeza: El adiós a la pionera de la Sala de lo Penal
La justicia española despide a una de sus figuras más emblemáticas y singulares. Ángela Murillo, quien fuera la primera mujer en integrarse en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, ha fallecido a los 73 años, apenas unos meses después de haber colgado la toga. Su jubilación, efectiva en septiembre de 2024, puso fin a una trayectoria de 44 años en la judicatura, de los cuales más de tres décadas los dedicó al tribunal encargado de los delitos más complejos del país.
Su fallecimiento marca el cierre de un capítulo fundamental en la historia jurídica de España. Murillo no solo fue una pionera por el hecho de ser mujer en un entorno tradicionalmente masculino, sino por la contundencia y el estilo personalísimo con el que dirigió algunos de los procesos judiciales más mediáticos de la democracia. Desde el narcotráfico gallego hasta las tramas de corrupción política más recientes, su firma quedó estampada en sentencias que transformaron el panorama legal nacional.
La «juez de a pie» que prefería el bolígrafo a los focos
A pesar de la relevancia de los casos que presidió, Murillo siempre huyó del protagonismo institucional. Se definía a sí misma como una «juez de a pie», alejada de los eventos sociales y las aspiraciones políticas. De hecho, rechazó en varias ocasiones postularse para la presidencia de la Sala de lo Penal porque consideraba que el cargo exigía una vida social que chocaba con su carácter austero y su entrega absoluta al estudio de los sumarios.
Quienes compartieron estrados con ella destacan un método de trabajo casi artesanal. En plena era digital, la magistrada mantenía la costumbre de analizar los casos a mano, utilizando bolígrafo y papel para desgranar los miles de folios que componían las causas. Era habitual verla cargar con tomos judiciales a su domicilio, donde elaboraba esquemas detallados de los acusados para no perder el hilo de las tramas más enrevesadas, como ocurrió durante los juicios contra el terrorismo internacional de Al Qaeda o el complejo entramado de EKIN.
De los clanes de la droga al ‘caso Villarejo’: Una carrera camaleónica
La trayectoria de Ángela Murillo permite leer la evolución de la criminalidad en España. Su llegada a la Audiencia Nacional en 1993 coincidió con la lucha frontal contra el narcotráfico. Fue la ponente del histórico ‘caso Nécora’ y lidió con figuras como los Charlines o Laureano Oubiña. Con este último protagonizó anécdotas memorables que reflejaban su fuerte temperamento; desde bajar a los calabozos para convencer al narco de que subiera a la sala, hasta recordarle sus propias confesiones sobre el tráfico de sustancias.
- Lucha antiterrorista: Presidió juicios cruciales contra ETA, destacando el proceso contra EKIN, que se prolongó durante 16 meses.
- Delitos económicos: En su etapa final, se encargó de macrocausas como la salida a Bolsa de Bankia, el fraude de Gescartera o las extorsiones de Ausbanc.
- Corrupción institucional: Fue una pieza clave en el enjuiciamiento de las primeras piezas del ‘caso Villarejo’, adaptándose a la nueva realidad de los delitos de cuello blanco.
El punto de inflexión: El conflicto con Arnaldo Otegi
No todo en su carrera estuvo exento de controversia. El nombre de Murillo quedó ligado a un importante debate sobre la imparcialidad judicial tras un enfrentamiento verbal con Arnaldo Otegi en 2010. Al preguntarle si condenaba la violencia de ETA y comentar su silencio de forma irónica, el Tribunal Supremo terminó apartándola del caso al considerar que había mostrado un prejuicio previo.
Esta situación escaló años después hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que sentenció que se había vulnerado el derecho a un juicio justo por la falta de apariencia de imparcialidad de la magistrada. Este episodio, aunque supuso un revés jurídico que llevó a la anulación de condenas en el ‘caso Bateragune’, también sirvió para reafirmar su carácter indomable: ella siempre defendió que su única guía era la solidez de sus sentencias y la aplicación estricta de la ley, sin filtros de corrección política.
Una vocación forjada en la España de los ochenta
Nacida en Extremadura, su camino comenzó en 1980 en Lora del Río, donde su juventud y su género causaban sorpresa en una España que apenas empezaba a ver mujeres en la judicatura. Murillo recordaba con humor cómo la confundían con la nieta de algún magistrado veterano al verla ocupar el despacho de instrucción. Desde esos primeros pasos en Sevilla, pasando por Valencia y San Sebastián, hasta llegar a la cúspide en la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional, su vida fue un testimonio de resiliencia y dedicación.
Incluso en sus momentos personales más trágicos, como la pérdida de su pareja durante la celebración del juicio contra EKIN, Ángela Murillo no permitió que sus circunstancias afectaran al tribunal. Su capacidad para aislarse del ruido mediático y centrarse exclusivamente en la pureza del proceso judicial la convirtió en una figura respetada, incluso por sus detractores, dejando un vacío difícil de llenar en el sistema judicial español.
