Nueva polémica por firmas irregulares en el Consulado de Argel

La gestión administrativa en las legaciones diplomáticas exige un rigor jurídico que, según recientes informaciones, parece haberse desdibujado en el Consulado General de España en Argel. El epicentro de la controversia se sitúa en la figura del canciller, Vicente Moreno, cuya actuación ha generado una sombra de duda sobre la legalidad de diversos trámites oficiales. Lo que comenzó como una consulta técnica sobre competencias notariales ha derivado en una investigación que salpica la cúpula del Ministerio de Asuntos Exteriores dirigido por José Manuel Albares.

El conflicto de competencias: ¿Cuándo puede firmar un canciller?

La normativa es clara al respecto: las funciones notariales y la fe pública dentro de un consulado son competencia exclusiva de los funcionarios de la Carrera Diplomática. Sin embargo, correos internos revelan que Moreno consultó explícitamente a Madrid en abril de 2022 sobre su capacidad para legitimar firmas en documentos privados. La respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores fue tajante: esa labor le estaba prohibida. A pesar de esta advertencia formal, los registros indican una aplicación arbitraria de esta norma semanas después.

El caso que ha detonado la alarma involucra al cónsul saliente, Ramón Blecua. Tras un intento fallido de regresar a España por ferry, el diplomático necesitó autorizar a ciudadanos argelinos para el traslado de su vehículo personal. Fue el propio canciller Moreno quien, contraviniendo las instrucciones recibidas desde la capital, estampó su firma para legalizar el trámite. Esta decisión contrasta radicalmente con su respuesta posterior a otros trabajadores de la legación que solicitaron gestiones idénticas, a quienes denegó el servicio alegando, esta vez sí, falta de competencia notarial.

Presunta suplantación de identidad en la gestión de visados

La polémica no se limita a la gestión de bienes personales. La gravedad de los hechos aumenta al analizar la tramitación de visados para ciudadanos argelinos. Se han detectado documentos de denegación fechados en septiembre de 2022 que portan el sello de la cónsul Miriam de Andrés, a pesar de que ella ya había sido relevada de su puesto por el nuevo titular, Gauden Villas.

Análisis de las firmas sugieren que Moreno habría firmado estas resoluciones en nombre de la cónsul cesada. Esta práctica resulta especialmente irregular por tres motivos fundamentales:

  • La utilización del nombre de una autoridad que ya no ejercía funciones en la plaza.
  • La ausencia del acrónimo «P.D.» (Por Delegación), requisito indispensable para que un subordinado asuma legalmente una firma ajena.
  • La discrepancia gráfica entre la rúbrica auténtica de De Andrés y la que aparece en los documentos emitidos durante la transición de mandos.

El impacto en las relaciones bilaterales con Argelia

Este caos administrativo no ocurre en un vacío político. Las relaciones entre Madrid y Argel atraviesan un periodo de extrema sensibilidad, y la gestión del Consulado ha sido criticada por empresarios españoles que operan en la zona. Las quejas apuntan a un «sabotaje» administrativo, donde la denegación sistemática de visados de trabajo está dificultando los intercambios comerciales y la operatividad de las compañías en el país magrebí.

Incluso el relevo de cónsules se vio enturbiado por la falta del exequatur (el plácet argelino), lo que obligó al nuevo cónsul, Gauden Villas, a permanecer en Argelia sin poder ejercer plenamente sus funciones durante sus primeros días. En ese interregno de autoridad, el canciller Moreno asumió un protagonismo administrativo que ahora la Inspección de Servicios del Ministerio debe evaluar con lupa para determinar si existió una extralimitación de funciones o incluso un fraude documental.

Silencio administrativo y falta de depuración de responsabilidades

A pesar de que estos hechos fueron puestos en conocimiento de la Dirección General de Consulares, no consta que se hayan tomado medidas disciplinarias contundentes contra el canciller. Fuentes internas de la Administración General del Estado subrayan la anomalía que supone que un funcionario de gestión asuma actos de jurisdicción voluntaria, reservados tradicionalmente a diplomáticos con formación específica.

La situación en el Consulado de Argel pone de manifiesto la vulnerabilidad de los procedimientos externos cuando los controles jerárquicos fallan. La opacidad en la Oficina de Información Diplomática ante las consultas sobre estas firmas irregulares solo aumenta la presión sobre el ministro Albares, quien debe garantizar que las legaciones españolas operen bajo el más estricto cumplimiento de la legalidad, especialmente en enclaves estratégicos para la seguridad y la economía nacional.