España cumple con la OTAN pero sigue a la cola en defensa

El aprobado raspado de España: El 2% del PIB en defensa bajo la lupa

España ha logrado cruzar, por un margen extremadamente estrecho, la frontera psicológica y política del 2% del PIB en inversión militar exigido por la Alianza Atlántica. Según los últimos datos de la OTAN para 2025, el país abandona los puestos de incumplimiento crítico, pero se sitúa en el vagón de cola de una organización que acelera su rearme ante la inestabilidad global. Con una inversión total de 33.920 millones de euros, Madrid cumple el objetivo por una diferencia de apenas 200 millones, compartiendo posición con aliados como Portugal, Albania y Bélgica.

Este cumplimiento técnico, sin embargo, no oculta una realidad evidente: España sigue siendo uno de los miembros con menor esfuerzo financiero en relación a su riqueza nacional. Mientras que países vecinos como Francia (2,05%) o la República Checa (2,01%) superan ligeramente la marca, Madrid se mantiene en el límite mínimo, lejos de la media aliada que ha crecido exponencialmente en el último ejercicio.

Baile de cifras: ¿Gasto real o ingeniería presupuestaria?

Existe una discrepancia notable entre el discurso del Ministerio de Defensa y la auditoría de la Alianza. Mientras que el departamento de Margarita Robles ha defendido que el país alcanzó un 2,1% de inversión, los baremos provisionales de la OTAN ajustan esa cifra al 2% exacto. Esta diferencia radica en la interpretación de las partidas que computan como gasto en defensa.

El presupuesto español de 2025 se ha nutrido de diversas fuentes para alcanzar los objetivos internacionales:

  • Créditos extraordinarios: Más de 6.300 millones aprobados mediante modificaciones presupuestarias.
  • Pensiones militares: Una partida cercana a los 4.000 millones que se suma al cómputo global.
  • Préstamos industriales: El Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad, valorado en más de 10.400 millones de euros.
  • Inversión en la Guardia Civil: Gastos destinados a las capacidades militares de la Benemérita.

No obstante, algunos analistas advierten que, si se excluyeran los préstamos del Ministerio de Industria por su carácter financiero, el esfuerzo real de España caería hasta el 1,5% del PIB, una cifra que nos devolvería al incumplimiento de los compromisos adquiridos en cumbres anteriores.

La brecha con el flanco este: El liderazgo de Polonia y los Bálticos

La geografía sigue dictando la prioridad del gasto militar. Mientras España celebra alcanzar el mínimo exigido, los países del flanco oriental de la OTAN operan en una realidad completamente distinta. Polonia encabeza la tabla con una inversión del 4,3% de su PIB, seguida de cerca por Lituania (4%) y Letonia (3,74%). Para estos aliados, el gasto en defensa no es solo un compromiso diplomático, sino una medida de supervivencia inmediata.

El informe de 2025 también revela un cambio estructural en la OTAN: Europa y Canadá están asumiendo una mayor cuota de responsabilidad. Actualmente, representan cuatro de cada diez euros invertidos en el bloque, reduciendo la histórica dependencia de Estados Unidos, cuya participación en el gasto total ha bajado del 64% al 60% en solo un año.

La sombra de Washington y el horizonte del 5%

La presión de Estados Unidos sobre las capitales europeas no cesa. En la reciente cumbre de La Haya, Washington impulsó el objetivo de alcanzar el 5% del PIB en defensa para 2035. España fue el socio más crítico ante esta propuesta, logrando que el documento final se redactara como un compromiso no vinculante, lo que ha generado fricciones directas con la administración estadounidense.

Desde el Gobierno de España se defiende la postura de la «fiabilidad estratégica». El ministro de Exteriores ha recordado que la contribución de un país no debe medirse solo en euros, sino en capacidades y despliegues. España mantiene actualmente a casi 3.000 efectivos en misiones internacionales, con una presencia destacada en el Báltico y el Mar Negro, un argumento que Madrid utiliza para compensar sus discretas cifras de inversión presupuestaria.

Conclusión: Un compromiso condicionado por la política interna

El cumplimiento del 2% por parte de España en 2025 es un hito político que busca calmar las aguas en la Alianza Atlántica, pero se apoya en una estructura presupuestaria compleja y en gran medida dependiente de créditos extraordinarios. El reto para los próximos años será transformar este «aprobado» en una inversión en defensa sostenible y transparente, capaz de satisfacer tanto las demandas de seguridad global como las limitaciones del presupuesto nacional.