Carlos Salazar comprará acciones de BBVA todos los días

En un movimiento financiero que destaca por su constancia y volumen, Carlos Salazar Lomelín ha decidido marcar una distancia sideral respecto al resto de la cúpula directiva de BBVA. El consejero mexicano no solo confía en el futuro de la entidad, sino que ha diseñado una estrategia de inversión sistemática que lo posiciona como el principal baluarte interno del banco en los mercados financieros, especialmente en un contexto marcado por la volatilidad geopolítica y los ajustes tras operaciones corporativas fallidas.

La estrategia de los 778 títulos diarios: Un compromiso anual

La operación no es una compra puntual, sino una ejecución técnica programada a través de un derivado financiero suscrito con Citibank. Salazar Lomelín se ha comprometido a adquirir exactamente 778 acciones de BBVA cada jornada bursátil durante los próximos doce meses. Esta maniobra se canaliza mediante su sociedad patrimonial, Servicios Maravilla del Norte, y contempla un rango de precios que oscila entre los 16,37 y los 23,25 euros por cada título.

En términos de capitalización personal, este plan supone un desembolso mínimo garantizado de 3,2 millones de euros en un solo año. No obstante, esta cifra es solo la punta del iceberg de su reciente actividad inversora. Solo entre finales de febrero y marzo, el consejero ya había inyectado unos 5,4 millones de euros adicionales, consolidando una tendencia alcista en su cartera personal que pocos directivos del Ibex 35 pueden igualar en la actualidad.

Un patrimonio que supera al de la alta dirección

Lo que resulta verdaderamente disruptivo en la arquitectura accionarial de BBVA es el peso que Salazar ha alcanzado. Actualmente, el consejero mexicano controla un 0,05% del capital social de la entidad, una participación que a precios de mercado actuales supera los 40 millones de euros. Esta cifra cobra mayor relevancia cuando se compara con los máximos responsables del banco:

  • Carlos Salazar: 0,05% del capital social.
  • Carlos Torres (Presidente): 0,02% del capital social.
  • Onur Genç (Consejero Delegado): 0,02% del capital social.

Esta diferencia patrimonial envía un mensaje contundente al mercado sobre el alineamiento del consejero con los intereses de los accionistas minoritarios, superando incluso la exposición directa de los dos principales ejecutivos de la organización.

Contraste en la cúpula: Compras frente a desinversiones

Mientras Salazar Lomelín refuerza su posición diariamente, otros miembros de la alta dirección han optado por el camino opuesto. Tras el intento fallido de OPA sobre el Banco Sabadell a finales del año pasado, se han registrado diversas ventas de títulos dentro del organigrama de mando. Directivos como el responsable de ingeniería, Carlos Casas, o el jefe en México, Eduardo Osuna, redujeron sus posiciones, este último embolsándose cerca de 2 millones de euros.

Incluso en fechas más recientes, nombres clave como Javier Rodríguez Soler (sostenibilidad y banca corporativa) y Antonio Bravo Acín (área de datos) han figurado en los registros del supervisor por operaciones de desinversión. Este escenario resalta aún más la «apuesta solitaria» de Salazar, quien parece leer el valor del banco a largo plazo de forma distinta a sus colegas de consejo.

Trayectoria y contexto: El factor Femsa y el entorno global

La visión de Salazar no es fruto del azar, sino de una dilatada carrera en la alta gestión. Su experiencia como director general de Femsa y su liderazgo en el Consejo Coordinador Empresarial de México le otorgan una perspectiva macroeconómica profunda. Aunque su retribución como consejero en BBVA ascendió a 300.000 euros el pasado año (sumando su labor en la matriz y en la franquicia mexicana), su verdadera apuesta reside en el crecimiento del valor del activo.

El banco atraviesa un momento de resistencia. A pesar de las turbulencias causadas por conflictos internacionales como el de Irán, que ha penalizado la cotización de todo el sector financiero, y las incertidumbres en mercados como Turquía, la estrategia de Salazar parece ignorar el ruido a corto plazo. Su acumulación diaria de títulos actúa como un voto de confianza sistemático frente a los retos del caso Villarejo o las nuevas políticas de dividendos implementadas por Torres y Genç para fidelizar al inversor.

Conclusión: Una señal de estabilidad para el inversor

La decisión de comprar acciones de forma ininterrumpida durante 365 días coloca a Carlos Salazar en una posición de liderazgo moral dentro de la entidad. En un mercado que a menudo castiga la incertidumbre, el hecho de que el consejero con mayor participación decida incrementar su exposición diariamente es una señal de solidez. Para el inversor externo, este movimiento sugiere que, más allá de las fluctuaciones trimestrales, el valor intrínseco de BBVA sigue teniendo un recorrido al alza que Salazar está dispuesto a financiar con su propio patrimonio.