La arquitectura institucional de la Unión Europea se prepara para una de sus renovaciones más determinantes y España no quiere quedar fuera del reparto de poder. Con la salida inminente de Luis de Guindos de la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), Madrid ha comenzado a mover sus piezas en el tablero de Fráncfort. En este escenario, el nombre de Nadia Calviño ha cobrado una fuerza inusitada como la carta ganadora de Moncloa para suceder a Christine Lagarde al frente de la autoridad monetaria.
El factor estratégico: Por qué Calviño es la elegida de Moncloa
La actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y exvicepresidenta económica del Ejecutivo español reúne los requisitos que Pedro Sánchez considera fundamentales para una posición de este calibre. A diferencia de otros candidatos, Calviño combina una dilatada trayectoria en la administración comunitaria con una visión política alineada con las necesidades de los países del sur. Su perfil, reforzado por el hecho de ser mujer en una institución que valora la paridad de género en sus puestos directivos, le otorga una ventaja competitiva frente a perfiles puramente técnicos.
Fuentes cercanas a la Administración subrayan que su candidatura no es solo un movimiento de prestigio personal, sino una maniobra para asegurar que España no solo mantenga, sino que incremente su influencia en la zona euro. Tras su exitosa transición al BEI en 2024, su salto a la presidencia del BCE sería el movimiento definitivo para consolidar el peso español en las decisiones de política monetaria.
El veto político a Pablo Hernández de Cos
Durante meses, el nombre de Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual presidente del Banco de Pagos Internacionales (BIS), sonó como el relevo natural y técnico de Lagarde. Sin embargo, su candidatura parece haber chocado con un muro infranqueable en Madrid. Los motivos detrás de este enfriamiento son fundamentalmente políticos:
- Discrepancias económicas: Durante su mandato en el supervisor nacional, Hernández de Cos mantuvo una postura crítica y rigurosa frente a las políticas fiscales del Gobierno de coalición.
- Oposición interna: Figuras de peso dentro del Ejecutivo, incluyendo al actual gobernador José Luis Escrivá, no ven con buenos ojos la promoción de un perfil que ha cuestionado activamente la gestión económica gubernamental.
- Sintonía ideológica: Moncloa prefiere un liderazgo en el BCE que sea más sensible a los equilibrios fiscales y menos ortodoxo en la aplicación de medidas de austeridad.
El tablero internacional: Alemania y los halcones del norte
España no tendrá un camino despejado hacia la presidencia. El tradicional eje franco-alemán ya está perfilando sus propios candidatos. Alemania, en particular, aspira a que el mando del BCE vuelva a recaer en una figura del norte tras los mandatos del italiano Draghi y la francesa Lagarde. Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, es el gran favorito de Berlín, aunque el exceso de poder alemán en otras instituciones europeas, como la presidencia de la Comisión con Ursula von der Leyen, podría jugar en su contra.
Otro competidor de peso es Klaas Knot, de los Países Bajos, un candidato que cuenta con el beneplácito de los sectores más ortodoxos o «halcones» de la banca central europea. En este pulso geopolítico, Calviño se presenta como una figura de consenso capaz de mediar entre las exigencias de rigor del norte y las necesidades de crecimiento del sur.
Cronograma de una sucesión de alto voltaje
Aunque el mandato de Christine Lagarde no termina oficialmente hasta finales del próximo año, los movimientos en el Eurogrupo comenzarán a intensificarse a partir de la próxima primavera. La decisión final recae en los ministros de Economía de la zona euro, quienes deberán proponer un nombre por mayoría cualificada para su ratificación posterior.
Para España, el reto es doble: gestionar el relevo de la vicepresidencia de Luis de Guindos sin perder presencia en el Comité Ejecutivo y, simultáneamente, armar una coalición de apoyos suficiente para que Nadia Calviño asuma el mando en Fráncfort. Todo ello en un contexto donde la estabilidad del euro y el control de la inflación siguen siendo los desafíos prioritarios para la institución monetaria.









