Saneamiento financiero en el mercado otomano: Garanti limpia su balance
La filial turca de BBVA, Garanti, ha iniciado un proceso intensivo de reestructuración de su cartera para mitigar los riesgos derivados del complejo entorno macroeconómico en Turquía. En un movimiento estratégico para blindar su solvencia, la entidad ha completado recientemente la transferencia de varios lotes de préstamos deteriorados, una maniobra que busca reducir el peso de los activos tóxicos en sus cuentas consolidadas. Esta limpieza de balance se produce en un momento de gran volatilidad, donde la gestión de riesgos se ha convertido en la prioridad absoluta para el grupo español.
La operación más reciente ha implicado la desinversión de activos por un valor nominal cercano a los tres billones de liras turcas, equivalentes a unos 54 millones de euros. No obstante, la realidad del mercado de recobros refleja la complejidad de estos activos: la venta se ha cerrado por aproximadamente ocho millones de euros (449 millones de liras), tras aplicar los descuentos habituales en este tipo de transacciones con fondos especializados. Entre las firmas que han absorbido este riesgo se encuentran nombres clave del sector de recobro como Birikim, Gelecek, Novatra e Instambul.
El desafío de la morosidad: ¿Por qué BBVA acelera las desinversiones?
El principal motor detrás de estas ventas masivas es el incremento sostenido del ratio de mora. En tan solo un año, la tasa de insolvencia en la filial turca ha escalado desde un 3,41% hasta situarse por encima del 4,12%. Este fenómeno no es aislado, sino una consecuencia directa de dos factores que están asfixiando la capacidad de pago de los clientes locales:
- Hiperinflación persistente: El encarecimiento del coste de vida reduce el excedente de las familias y empresas para cumplir con sus obligaciones financieras.
- Tipos de interés elevados: La política monetaria agresiva para frenar la inflación ha encarecido drásticamente el servicio de la deuda.
Durante la primera mitad del ejercicio 2026, el volumen total de créditos insolventes traspasados al mercado ha alcanzado ya los 9,5 billones de liras. Esta estrategia de salida de activos no es solo una medida de limpieza, sino una necesidad operativa para evitar que las provisiones sigan drenando el capital de la matriz en España.
Del optimismo a la cautela: La nueva hoja de ruta de Torres y Genç
La narrativa de la alta dirección de BBVA respecto a Estambul ha experimentado un giro notable. Si años atrás el discurso de Carlos Torres y Onur Genç se centraba en el potencial de crecimiento a largo plazo, la realidad actual ha impuesto una visión mucho más pragmática y cautelosa. Se estima que, desde 2022, la aplicación de la contabilidad por hiperinflación y los ajustes de riesgo han supuesto una merma de beneficios para el grupo de aproximadamente 7.500 millones de euros.
Las expectativas de beneficios han sido recalibradas. El banco ya no espera una contribución inmediata de 2.000 millones de euros anuales desde Turquía. Ahora, la meta se ha desplazado a 2028, año en el que confían que la filial aporte entre un 10% y un 12% del beneficio neto total del grupo. Este horizonte depende críticamente de que la subida de precios acumulada en tres años baje del umbral del 100%, permitiendo abandonar el castigo contable actual.
Impacto en la diversificación y el portafolio europeo
La inestabilidad en Turquía ha tenido efectos colaterales en la estrategia global de BBVA. La excesiva dependencia de mercados emergentes, liderados por México, fue uno de los catalizadores que impulsó el intento de compra del Sabadell en España, buscando equilibrar el peso geográfico del balance. Tras el fracaso de dicha operación en octubre, la entidad parece haber descartado nuevas fusiones a corto plazo, centrando su artillería financiera en el crecimiento orgánico y en mejorar la remuneración al accionista mediante dividendos y recompras de acciones.
Paralelamente, el banco ha iniciado una retirada ordenada de mercados secundarios vinculados a su estructura turca. Un ejemplo claro es la venta de su división en Rumanía a Raiffeisen Bank por 591 millones de euros, una operación que subraya la intención de BBVA de simplificar su estructura y concentrar sus recursos en los mercados donde la rentabilidad y la estabilidad macroeconómica ofrezcan mejores garantías.









