Abanca pierde 500 millones en Pescanova y busca comprador

Lo que inicialmente se perfiló como una operación de rescate y consolidación bancaria se ha transformado en un verdadero desafío financiero para Abanca. La entidad liderada por Juan Carlos Escotet se encuentra atrapada en una espiral de capitalizaciones necesarias para mantener a flote a Nueva Pescanova, un activo que, a pesar de los esfuerzos por sanearlo, sigue drenando recursos de forma masiva sin que aparezca un comprador en el horizonte cercano.

Un activo en venta que nadie quiere comprar

Para Abanca, la pesquera gallega ya no es una inversión estratégica a largo plazo, sino un «Activo No Corriente Mantenido para la Venta». Esta clasificación contable revela la urgencia del banco por desprenderse de una compañía que genera pérdidas recurrentes. Sin embargo, encontrar un socio industrial que asuma el control de la firma no está resultando sencillo.

El intento más serio hasta la fecha ocurrió en 2023 con el grupo canadiense Cooke. Las negociaciones, que despertaron gran expectación en el sector, terminaron descarrilando debido a las profundas discrepancias en la valoración económica de la empresa. Mientras Abanca busca recuperar parte de su inversión, los posibles compradores observan con cautela un balance lastrado por una deuda persistente y unos márgenes de beneficio que no terminan de despegar.

La sangría de los 500 millones: El coste del control total

La magnitud del agujero financiero es imponente. Tras la última decisión de inyectar otros 279 millones de euros en una ampliación de capital, el compromiso financiero de la entidad ha alcanzado niveles críticos. Sumando las pérdidas acumuladas que ya reconoce el banco en sus memorias —cifradas en 287,3 millones de euros—, el quebranto total para el grupo bancario supera ya la barrera de los 500 millones de euros.

  • Inyección reciente: 279 millones de euros para fortalecer la estructura de capital.
  • Pérdida reconocida: Más de 287 millones reflejados en las cuentas del último ejercicio.
  • Participación accionarial: Abanca controla ya el 98,5% de la sociedad.

Desde el banco argumentan que estas ampliaciones son movimientos técnicos para reducir la deuda y mejorar la solvencia de la pesquera. Según fuentes de la entidad, la empresa cuenta con recursos propios suficientes (unos 107 millones de euros), pero la realidad es que el goteo de capital es constante desde que Abanca tomó el control absoluto en el año 2020.

Del mayor fraude de España a la soledad de Abanca

Para entender cómo se ha llegado a este punto, es necesario mirar hacia atrás, concretamente al año 2013. En aquel momento, el colapso de la «vieja» Pescanova destapó una deuda oculta de 3.600 millones de euros, en lo que se considera uno de los mayores escándalos financieros de la historia empresarial española. Tras el paso por prisión de su entonces presidente, Manuel Fernández de Sousa-Faro, la banca acreedora tomó las riendas.

En el proceso de reestructuración, entidades como Sabadell, Caixabank, Santander y BBVA prefirieron salir del accionariado, vendiendo sus participaciones y asumiendo pérdidas antes que continuar con la gestión. Abanca decidió el camino contrario: concentrar el capital. Esta estrategia de ir absorbiendo las cuotas de otros bancos ha dejado a la entidad de Escotet prácticamente sola, con un 98,5% de las acciones, diluyendo al mínimo la participación de la antigua sociedad holding.

Perspectivas inciertas en el sector pesquero

El escenario actual obliga a Nueva Pescanova a buscar un giro radical en sus resultados si quiere resultar atractiva para el mercado. La hoja de ruta de Abanca sigue centrada en localizar un socio tecnológico o industrial, pero el tiempo corre en contra. Cada ejercicio en números rojos obliga a nuevas capitalizaciones que elevan el coste de salida para el banco.

En conclusión, el desafío de Abanca no es solo financiero, sino reputacional. La gestión de Nueva Pescanova se ha convertido en una prueba de resistencia para el balance de la entidad, que debe equilibrar la necesidad de salvar una empresa emblemática para Galicia con la obligación de proteger sus propios ratios de solvencia y rentabilidad ante sus accionistas.