Aldama: Begoña Gómez torpedeó la compra de terrenos SEPI

El escenario judicial español ha dado un giro sísmico tras las declaraciones de Víctor de Aldama ante el Tribunal Supremo. El comisionista, pieza central en diversas tramas de presunta corrupción, ha puesto el foco directamente sobre Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, al asegurar que su intervención personal fue el factor determinante para frustrar una operación multimillonaria relacionada con activos inmobiliarios de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales).

El conflicto por Campo Velázquez: ¿Interés público o ambición privada?

Según el testimonio de Aldama, el centro de la disputa se sitúa en los terrenos de Campo Velázquez, una ubicación estratégica en el corazón de Madrid que anteriormente albergó las oficinas de Iberia. El empresario relató cómo su firma, Pilot Real Estate, presentó una oferta formal de 250 millones de euros por la parcela, la cual fue rebajada posteriormente a 208 millones tras diversas negociaciones técnicas.

Sin embargo, lo que parecía un proceso administrativo estándar de subasta pública se detuvo abruptamente. Aldama sostiene que recibió instrucciones directas de Koldo García para retirar la oferta de manera inmediata. El motivo, según sus palabras, fue contundente: la mujer del presidente del Gobierno tenía planes específicos para esos terrenos y «los quería para ella», bloqueando así cualquier competencia externa mediante el uso de canales informales de poder.

El papel de Koldo García y la red de influencias ministeriales

La declaración de Aldama no solo señala a la esposa del presidente, sino que dibuja una compleja arquitectura de favores que involucra a altos cargos del Ejecutivo. El comisionista vinculó estrechamente esta operación con Carlos Moreno, quien fuera jefe de Gabinete de la ministra María Jesús Montero. A través de este enlace, Aldama habría tenido acceso a información privilegiada sobre el patrimonio de la SEPI que saldría a la venta.

  • Intermediación crítica: Koldo García actuaba como el mensajero de las «altas instancias» para coordinar qué ofertas debían prosperar y cuáles decaer.
  • Desvío de activos: Tras el bloqueo de Campo Velázquez, se le ofreció al empresario un suelo alternativo en la calle Padre Damián, una operación que finalmente nunca se materializó.
  • Límites jerárquicos: Incluso figuras como Moreno habrían admitido su incapacidad para intervenir en ciertas decisiones, alegando que el asunto escalaba a niveles donde el control político era absoluto.

El «limbo» de Hacienda: La desaparición de deudas millonarias

Más allá del sector inmobiliario, el testimonio de Aldama en el Tribunal Supremo destapó un presunto trato de favor en la Agencia Tributaria. El empresario afirmó que, por mediación de Moreno y bajo supuestas órdenes de María Jesús Montero, se le facilitaron reuniones con la cúpula de Hacienda para gestionar el aplazamiento de una deuda cercana al millón de euros de su empresa.

Lo más sorprendente de su relato fue la afirmación de que Pilot Real Estate «desapareció de las listas de morosos» sin que mediara una resolución convencional. Aldama describió este periodo como un limbo administrativo, donde las notificaciones de embargo cesaron tras las gestiones realizadas en la sede de Guzmán el Bueno. Este beneficio fiscal habría sido la contraprestación o el facilitador para mantener la paz en las complejas relaciones comerciales que mantenía con el entorno del Ministerio de Transportes.

Implicaciones para la transparencia institucional

Estas nuevas revelaciones suponen un desafío directo a la narrativa de transparencia del actual Gobierno. Si bien las declaraciones de un investigado que busca beneficios procesales deben ser tomadas con cautela, la precisión en los nombres, fechas y ubicaciones —como el actual uso de los terrenos por el Instituto de Empresa— obliga a una revisión profunda de los protocolos de adjudicación de la SEPI y el SEPIDES.

La acusación de que una figura sin cargo público oficial pueda «torpedear» una venta de activos estatales de tal magnitud pone en tela de juicio la integridad de los procesos de subasta pública en España. La justicia deberá ahora determinar si estas «altas estancias» mencionadas por Aldama cruzaron la línea del tráfico de influencias para anteponer intereses personales sobre el beneficio económico del Estado.