Familias de andaluces presos en Guinea denuncian abandono

Movilización ciudadana en Granada contra el olvido de los presos andaluces

La desesperación de dos familias andaluzas ha llegado a un punto de no retorno. Este próximo sábado, a las 11:00 horas, las inmediaciones de la Subdelegación del Gobierno en Granada se convertirán en el escenario de una protesta pacífica que busca romper el silencio administrativo. El objetivo es claro: denunciar el desamparo que sufren David Rodríguez Ballesta y Javier Marañón Montero, dos profesionales de las telecomunicaciones que permanecen atrapados en el sistema penitenciario de Guinea Ecuatorial desde hace casi dos años.

La convocatoria, que incluye un corte de tráfico simbólico, no es solo un acto de apoyo, sino un grito de auxilio ante lo que la Asociación de Ayuda Javier y David califica como una detención arbitraria. Las familias denuncian que el Estado español no ha ejercido la presión diplomática necesaria para proteger a sus ciudadanos, quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema en uno de los contextos carcelarios más hostiles del planeta.

Un proceso judicial cimentado en la falta de evidencias

El núcleo del conflicto legal resulta, según los expertos en derechos humanos que siguen el caso, carente de toda lógica jurídica. David, natural de Granada, y Javier, procedente de Peñarroya-Pueblonuevo en Córdoba, trabajaban en el despliegue de la Televisión Digital Terrestre (TDT) en territorio ecuatoguineano. Su implicación en un problema económico ajeno los ha convertido, a ojos de sus allegados, en «rehenes humanos» utilizados como moneda de cambio.

Resulta alarmante que el cargo que se les imputa sea el de enriquecimiento ilícito. Bajo la propia legislación de Guinea Ecuatorial, este delito está estrictamente reservado a funcionarios públicos. Al tratarse de empleados de una empresa privada, la acusación carece de encaje legal, lo que no ha impedido que el proceso avance hacia un juicio inminente sin que se hayan presentado pruebas de cargo sólidas o evidencias que vinculen a los españoles con actividad delictiva alguna.

La vida en Black Beach: Un riesgo sanitario y humano

La estancia en la prisión de Black Beach, en Malabo, ha mermado gravemente la salud de ambos detenidos. Tras superar con creces el límite legal de prisión preventiva, las condiciones de vida dentro del penal se describen como infrahumanas. Los familiares han alertado sobre varios puntos críticos que ponen en peligro su integridad física:

  • Insalubridad extrema: Falta de acceso constante a agua potable y alimentación mínimamente nutritiva.
  • Negligencia médica: Ambos padecen enfermedades crónicas que no están recibiendo tratamiento especializado ni seguimiento hospitalario.
  • Aislamiento legal: Se han reportado bloqueos sistemáticos a las visitas de sus abogados defensores.
  • Veto sanitario: Las autoridades locales han impedido la entrada de médicos externos para evaluar el deterioro de sus dolencias.

Críticas a la gestión del Ministerio de Asuntos Exteriores

Para la asociación y los familiares, la respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores de España ha sido puramente burocrática e insuficiente. Lamentan que las gestiones se hayan limitado a una asistencia consular de trámite que no aborda la raíz política y humana del problema. La falta de una estrategia de presión directa ante el gobierno ecuatoguineano o la ausencia de una coordinación efectiva con el Parlamento Europeo son los principales reproches hacia el Ejecutivo central.

La situación se complica aún más ante la sospecha de que existen exigencias económicas para su liberación que no están siendo gestionadas con la urgencia que requiere un caso de riesgo vital. Mientras las negociaciones parecen estancadas en despachos oficiales, el tiempo corre en contra de David y Javier, cuya única esperanza reside ahora en que la movilización social obligue a una intervención diplomática de alto nivel antes de que se produzca una sentencia injusta en Malabo.

La concentración de este sábado en Granada pretende ser el punto de inflexión para que el caso de estos dos andaluces presos deje de ser una estadística consular y se convierta en una prioridad estatal de derechos humanos.