La Audiencia vuelve a archivar el caso Pegasus por Israel

Impotencia investigadora: El callejón sin salida del caso Pegasus

La justicia española se ha topado, una vez más, con una barrera diplomática e institucional que parece infranqueable. El magistrado José Luis Calama, titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, ha decretado por segunda vez el sobreseimiento provisional de las pesquisas relacionadas con el espionaje masivo mediante el software Pegasus. Esta decisión no responde a una falta de indicios de criminalidad, sino a lo que el Tribunal Supremo denomina «impotencia investigadora»: la imposibilidad material de avanzar ante la nula cooperación de actores externos clave.

El núcleo del conflicto reside en la opacidad de las autoridades de Israel. Según el auto judicial, el bloqueo sistemático de las comisiones rogatorias enviadas al país hebreo ha impedido identificar a los responsables intelectuales y materiales de la intrusión en los dispositivos móviles de la cúpula del Ejecutivo español. Sin la posibilidad de interrogar a los directivos de NSO Group, la empresa desarrolladora de la herramienta de ciberespionaje, el proceso judicial queda sumido en un estado de latencia del que difícilmente despertará a corto plazo.

El factor internacional: Por qué la pista francesa no fue suficiente

Muchos analistas esperaban que la reapertura del caso, ocurrida hace unos meses, arrojara luz sobre el origen de los ataques. Tras un primer archivo en julio de 2023, la causa volvió a la vida gracias a la colaboración con la justicia de Francia. Las autoridades galas han llevado a cabo investigaciones exhaustivas sobre infecciones similares en teléfonos de diplomáticos, periodistas y miembros de su propio gobierno.

Sin embargo, el análisis minucioso de la información remitida desde París no ha aportado el «vuelco» esperado. Aunque los patrones de infección coinciden, los datos no permiten establecer una atribución de autoría directa que pueda sostenerse ante un tribunal. El juez Calama destaca que, si bien el descubrimiento y la revelación de secretos son evidentes, la falta de un nombre propio al que imputar estos delitos aboca la causa al archivo. Este escenario deja en el aire una pregunta inquietante sobre la vulnerabilidad de la seguridad nacional frente a tecnologías de ciberespionaje transnacional.

Objetivos de alto nivel: Un ataque al corazón del Estado

La gravedad de los hechos investigados no tiene precedentes recientes en la historia democrática de España. El software Pegasus logró penetrar en la esfera privada y profesional de las figuras más relevantes del Consejo de Ministros, comprometiendo información sensible. Entre las víctimas confirmadas se encuentran:

  • Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno, cuyos terminales fueron vulnerados en momentos de alta tensión geopolítica.
  • Margarita Robles, Ministra de Defensa, un objetivo crítico por la naturaleza de la información que maneja su departamento.
  • Fernando Grande-Marlaska, titular de la cartera de Interior, esencial para la seguridad ciudadana y la lucha antiterrorista.
  • Luis Planas, Ministro de Agricultura, quien también figuró entre los dispositivos comprometidos.

Consecuencias y futuro: Un proceso en fase de letargo

El cierre provisional no implica que la investigación haya muerto definitivamente, pero sí que ha entrado en una fase de hibernación jurídica. Para que el caso Pegasus se reactive, sería necesario un cambio radical en la postura de Israel o la aparición de nuevas pruebas técnicas que permitan saltarse la mediación de NSO Group. El juez instructor es claro: el proceso permanecerá «aletargado» hasta que se produzca un cumplimiento, hoy calificado de «poco probable», de las solicitudes de cooperación internacional.

Este desenlace pone de manifiesto los límites del sistema judicial frente a corporaciones tecnológicas blindadas por intereses estatales. Mientras no exista un marco de cooperación global efectivo contra el uso ilícito de software de espionaje, casos como el de la Audiencia Nacional seguirán chocando contra el mismo muro de silencio diplomático. La soberanía digital de los estados vuelve a estar en el centro del debate, con la amarga sensación de que el autor de uno de los mayores hackeos de la historia de España seguirá, por ahora, en el anonimato.