La solidez financiera que BBVA proyecta a nivel global se enfrenta a un desafío persistente que parece no tener fin inmediato: el lastre de sus operaciones en Turquía. A pesar de los incrementos en rentabilidad en otros mercados, la exposición al mercado otomano ha generado una brecha contable significativa. La combinación de una hiperinflación desbocada y la inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo ha transformado lo que debía ser un motor de crecimiento en un sumidero de recursos que condiciona los balances del grupo.
El impacto de la hiperinflación en el balance de Garanti
Durante los primeros nueve meses del año, la filial turca de BBVA, Garanti, logró generar un beneficio operativo notable de 789 millones de euros. Sin embargo, esta cifra es meramente ilusoria en el contexto actual. Debido a la normativa contable aplicada a economías con precios descontrolados, el banco ha tenido que realizar un ajuste por hiperinflación de 865 millones de euros. El resultado es paradójico: las pérdidas contables han devorado por completo los beneficios reales obtenidos en el trimestre.
Este fenómeno no es un evento aislado. Desde mediados de 2022, el impacto acumulado de estos ajustes en Turquía asciende a la astronómica cifra de 6.770 millones de euros. Las previsiones más realistas sugieren que el banco no podrá abandonar este método de contabilidad especial hasta, al menos, el año 2028, lo que prolonga la incertidumbre sobre cuándo empezará a rentabilizar de forma limpia su inversión en el país.
Factores externos: Geopolítica y crisis energética
La dirección de BBVA, encabezada por su consejero delegado Onur Genç, ha identificado variables externas que complican la recuperación del mercado turco. La proximidad de Turquía a los focos de conflicto en Oriente Próximo y la alta dependencia energética del país (especialmente de gas y petróleo) han deteriorado el cuadro macroeconómico. Esta situación ha obligado a la entidad a revisar sus metas:
- El objetivo de beneficios de 1.000 millones para la filial presenta ahora un sesgo negativo.
- Las estimaciones de inflación para finales de 2026 se han elevado al 30%, frente al 25% previsto inicialmente.
- El coste del riesgo se ha incrementado notablemente debido a la necesidad de mayores provisiones.
Argentina y el agujero global de activos deteriorados
Turquía no es el único frente abierto para el banco español. Argentina replica el mismo esquema de inestabilidad monetaria. En el país sudamericano, el ajuste por hiperinflación ha restado 174 millones de euros, dejando la aportación neta de esta región en apenas 102 millones. Si sumamos el impacto negativo de ambos mercados desde 2022, el agujero global que BBVA ha tenido que digerir alcanza los 8.648 millones de euros.
Para mitigar este escenario, la entidad ha optado por una estrategia defensiva agresiva. Esto incluye la venta de carteras de crédito deterioradas y un aumento masivo de las dotaciones por insolvencias. En concreto, las provisiones en Turquía se dispararon un 70,5% en el último año, alcanzando los 1.138 millones de euros, ante una tasa de morosidad que ya supera el umbral del 4%.
Resiliencia operativa en un entorno hostil
A pesar de las cifras alarmantes en el neto, la operativa diaria del banco muestra signos de resistencia. El margen de intereses ha crecido gracias a la actividad crediticia y a las políticas del banco central local respecto a las reservas en lira turca. Además, el negocio de medios de pago sigue generando comisiones netas al alza, lo que compensa parcialmente el drenaje de capital provocado por la inflación.
En conclusión, BBVA se mantiene firme en su apuesta estratégica por Turquía a largo plazo, aunque el coste de oportunidad y el impacto directo en sus cuentas actuales están siendo mucho más elevados de lo proyectado originalmente. La gestión de este «agujero» financiero será determinante para la evolución de la acción de BBVA y su capacidad de dividendos en los próximos ejercicios.
