EH Bildu no condena los disturbios y gritos de ETA en Bilbao

La ciudad de Bilbao se ha despertado hoy bajo un clima de tensión política y limpieza urbana tras una noche marcada por la violencia callejera. El balance de los incidentes, que se concentraron principalmente en el barrio de Deusto, ha dejado un rastro de destrucción material y un vacío institucional significativo debido a la falta de consenso total entre las fuerzas políticas del consistorio bilbaíno.

El impacto económico y civil de los altercados en Deusto

Más allá de la crispación social, los disturbios han tenido una consecuencia económica directa para las arcas municipales y los ciudadanos. Los servicios de limpieza y mantenimiento de la Villa han trabajado a contrarreloj para retirar los restos de la batalla campal. Entre los daños materiales más destacados se encuentran:

  • La reposición de 30 contenedores de basura, con un coste aproximado de 1.400 euros por unidad.
  • El desguace y retirada de cinco vehículos particulares que quedaron reducidos a cenizas por el fuego.
  • La sustitución de mobiliario urbano, incluyendo bancos situados en arterias principales como la calle Lehendakari Aguirre.
  • Un balance policial de 19 personas detenidas y varios individuos bajo investigación por desórdenes públicos.

Fractura en el Ayuntamiento: EH Bildu se desmarca de la condena

La respuesta política a estos actos ha evidenciado una vez más la distancia entre las diferentes formaciones. El alcalde, Juan Mari Aburto, impulsó una declaración de condena tras convocar a la Junta de Portavoces, buscando una imagen de unidad que finalmente no se produjo. Mientras que el PNV, PSE-EE, PP y Elkarrekin Bilbao cerraron filas para denunciar la violencia, la formación EH Bildu optó por no suscribir el texto.

El punto de fricción no solo reside en los destrozos materiales, sino en la carga simbólica de los cánticos escuchados durante las protestas. Los grupos firmantes han expresado su más enérgico rechazo a las proclamas de «gora ETA militarra», señalando que estos gritos suponen un retroceso inaceptable hacia etapas de terrorismo que la sociedad vasca considera superadas. Para la mayoría de los portavoces, estas expresiones representan un ataque directo a los valores democráticos y a la convivencia pacífica.

Solidaridad con los sectores afectados por la violencia

El texto institucional, validado por la mayoría del pleno, ha querido poner el foco en las víctimas indirectas de estos grupos organizados. Se ha trasladado un mensaje de apoyo explícito a los comerciantes que temieron por sus negocios y a los propietarios de los coches calcinados, quienes sufren las consecuencias de una violencia injustificada.

En conclusión, Bilbao se enfrenta al reto de reconstruir no solo sus calles, sino también el entendimiento político en materia de libertades y derechos humanos. La negativa de una fuerza relevante a condenar explícitamente tanto el vandalismo como el ensalzamiento de una banda terrorista deja una herida abierta en la arquitectura institucional de la capital de Bizkaia, en un momento donde la paz social debería ser la prioridad absoluta.