Catalá en el Congreso: «Nadie nos avisó de la riada»

El vacío informativo: La principal defensa de Valencia ante la DANA

La comparecencia de la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, en la comisión de investigación del Congreso ha arrojado luz sobre la desconexión institucional vivida el pasado 29 de octubre. La tesis central de su discurso no solo se basó en la gestión operativa, sino en una denuncia contundente: el consistorio operó en un apagón informativo respecto a la magnitud real de la riada que terminó devastando las pedanías del sur. Según Catalá, la administración local nunca contó con los datos necesarios para anticipar que una masa de agua de tales dimensiones impactaría en el núcleo urbano.

A diferencia de otras narrativas que se centran en la respuesta inmediata, la alcaldesa puso el foco en la inexistencia de avisos previos por parte de los organismos de cuenca. Durante su intervención, subrayó que los protocolos se ejecutaron en base a una alerta por lluvias, pero que el fenómeno de la inundación súbita por el desbordamiento de barrancos aguas arriba nunca fue comunicado oficialmente al Ayuntamiento de Valencia con el tiempo suficiente para una evacuación preventiva.

Cartografía obsoleta y la trampa del barranco del Poyo

Uno de los puntos más críticos del análisis de Catalá fue la obsolescencia de las herramientas de previsión. La alcaldesa reveló que el plan municipal contra inundaciones vigente se basaba en mapas de riesgos que han quedado totalmente desacreditados por la realidad climática actual. Según este documento técnico, un hipotético desbordamiento del barranco del Poyo debía canalizarse naturalmente hacia la Albufera sin comprometer gravemente las zonas residenciales de La Torre o Castellar-Oliveral.

  • Los mapas de inundabilidad no contemplaban el escenario de impacto en las pedanías del sur.
  • La información cartográfica disponible databa de años atrás, sin actualizaciones de flujo real.
  • El sistema de predicción falló al no identificar la trayectoria destructiva del caudal.

Esta brecha tecnológica y documental impidió, según la edil, que los servicios de emergencia locales pudieran prever que el peligro no venía del cielo en forma de lluvia local, sino por tierra a través de un cauce seco minutos antes. La alcaldesa defendió que no se puede alertar a la población sobre un riesgo que no figura en los planes oficiales ni es notificado por las autoridades hidrológicas.

Límites competenciales y vigilancia hidrológica

Ante las preguntas sobre por qué no se enviaron efectivos policiales a vigilar los cauces en municipios vecinos, Catalá fue tajante al delimitar las competencias territoriales. Explicó que la Policía Local de Valencia carece de jurisdicción para actuar fuera de sus términos municipales y que el seguimiento del caudal de los ríos y barrancos es una responsabilidad que recae directamente en la Confederación Hidrográfica del Júcar y los organismos dependientes de la Generalitat.

La gestión de la seguridad ciudadana ese día se centró en la activación del CECOPAL y en medidas de contención urbana como el cierre de espacios públicos. Catalá argumentó que actuar de forma arbitraria sin información técnica de respaldo habría sido una irresponsabilidad. De hecho, recordó que las primeras patrullas que detectaron anomalías en el sur de la ciudad lo hicieron ya cuando el agua era una amenaza inminente, sin margen de maniobra para el uso de megafonía municipal o sistemas de aviso masivo.

Análisis político y asunción de responsabilidades

En el terreno de la política institucional, la alcaldesa evitó entrar en confrontaciones directas con el Gobierno autonómico. Al ser consultada sobre la figura de Carlos Mazón, Catalá señaló que el expresidente ya ha dado los pasos necesarios en la asunción de responsabilidades políticas, intentando desvincular la gestión estrictamente técnica del Ayuntamiento de las decisiones tomadas en el Palau de la Generalitat.

La conclusión de su comparecencia dejó una reflexión sobre la necesidad de reformar íntegramente los protocolos de emergencia nacional. Catalá insistió en que el Ayuntamiento cumplió escrupulosamente con la normativa, activando los centros de coordinación de manera temprana y manteniendo una presencia constante en el puesto de mando. Sin embargo, sentenció que ningún plan municipal puede ser efectivo si la cadena de mando superior y los organismos de monitorización meteorológica no suministran los datos críticos en tiempo real.

Para la alcaldesa, la lección de la DANA en Valencia es clara: la coordinación entre administraciones falló en su eslabón más básico, la comunicación del riesgo, dejando a los ayuntamientos como la última —y en este caso, desinformada— línea de defensa ante una catástrofe sin precedentes.