El proceso de recuperación definitiva del Pazo de Meirás para el patrimonio público ha entrado en una nueva fase de confrontación jurídica. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, ha confirmado su intención de agotar todas las vías legales para evitar que los herederos de Francisco Franco reciban una compensación económica tras la sentencia del Tribunal Supremo. Esta decisión busca blindar el erario público frente a las pretensiones de una familia que ostentó la propiedad del inmueble de forma privativa durante décadas.
Ofensiva legal contra la compensación económica a los Franco
El ministro Ángel Víctor Torres ha sido contundente al señalar que el Ejecutivo no se quedará de brazos cruzados ante la posibilidad de indemnizar a los Franco con cifras que podrían superar los 800.000 euros. Tras realizar consultas técnicas con la Abogacía del Estado, se ha determinado que el fallo judicial que reconoce el derecho a compensación por los gastos de mantenimiento tiene un «recorrido jurídico» que el Gobierno piensa explotar al máximo ante la Audiencia Provincial de La Coruña.
La estrategia gubernamental no es solitaria; se busca tejer una red de cooperación institucional con el resto de las administraciones implicadas. El objetivo es común: impedir que un bien que ha sido devuelto a la ciudadanía suponga un desembolso millonario adicional para las arcas del Estado. Para Torres, se trata de una cuestión de justicia democrática y de defender la supremacía de lo público frente a privilegios derivados de un régimen totalitario.
El Pazo de Meirás como nuevo epicentro de la Memoria Democrática
Más allá de la batalla en los juzgados, el futuro del Pazo de Meirás ya se está diseñando bajo la etiqueta de Lugar de Memoria Democrática. La intención del Ministerio es transformar este espacio, anteriormente símbolo del poder dictatorial, en un recinto de pedagogía pública y reconciliación histórica. Para ello, se trabajará de forma coordinada con Patrimonio Nacional.
- Apertura total al público: El recinto dejará de ser un espacio cerrado para convertirse en un museo visitable.
- Inversión en rehabilitación: Se destinarán los fondos necesarios para que el bien recupere su esplendor y utilidad social.
- Consenso institucional: La gestión del uso del inmueble se decidirá mediante el diálogo entre el Gobierno central y las entidades locales.
Respecto a las voces que solicitan la transferencia total del monumento a la Xunta de Galicia, como es el caso del BNG, el Ejecutivo mantiene una postura de prudencia analítica. Antes de tomar una decisión sobre la titularidad definitiva, el enfoque principal reside en asegurar que el uso del Pazo responda estrictamente al interés general y a la divulgación de lo que allí ocurrió durante los años de la dictadura.
Relación bilateral con la Xunta y compromisos pendientes
En el marco de esta gestión patrimonial, el ministro Torres ha destacado la fluidez en la comunicación con el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. A diferencia de la tensión existente con otros líderes autonómicos, el Gobierno Central valora positivamente la capacidad de llegar a acuerdos con el ejecutivo gallego, subrayando que desde 2019 se han firmado más pactos de cooperación que en periodos anteriores.
Entre los asuntos pendientes que refuerzan esta agenda de colaboración, destacan dos puntos clave para la autonomía gallega:
- Gestión del litoral: El compromiso de transferir los aproximadamente 200 expedientes restantes para que Galicia gestione su costa de manera integral.
- Permisos de trabajo: La agilización del traspaso de competencias en materia de autorizaciones laborales para personas migrantes, previsto para este mismo año.
En definitiva, la lucha por el Pazo de Meirás no es solo una disputa por metros cuadrados o euros, sino un movimiento estratégico para reafirmar la ética pública. El Gobierno confía en que la movilización de sus servicios jurídicos logre una victoria que evite premiar económicamente a los descendientes de la dictadura por un bien que, según la justicia, nunca debió dejar de ser del pueblo.









