El ocaso de un negocio millonario: La seguridad privada ante el fin de ETA
Hacia finales de la primera década de los 2000, el sector de la seguridad privada en España se enfrentaba a un dilema existencial. Con una inversión pública que superaba los 1.600 millones de euros destinados a la protección de amenazados por la banda terrorista ETA, la posibilidad de un cese definitivo de la violencia no solo representaba un alivio social, sino también una amenaza financiera directa para las empresas que gestionaban miles de escoltas en el País Vasco y Navarra. En este contexto de incertidumbre, la información privilegiada se convirtió en el activo más valioso del mercado.
La estabilidad de compañías como Ombuds, liderada por figuras vinculadas a la inteligencia estatal como José Luis Cortina, dependía estrictamente de anticiparse a los movimientos políticos en Madrid y Ginebra. La transición de una economía de guerra antiterrorista a una de paz suponía el desmantelamiento de una estructura que empleaba a más de 4.000 profesionales con sueldos que rozaban los 6.000 euros mensuales, financiados por el Ministerio del Interior y el Gobierno Vasco.
Koldo García: El informante clave en la sombra de los Cortina
Antes de saltar a la primera línea de la política nacional, Koldo García Izaguirre desempeñó un papel determinante como puente entre el socialismo navarro y el entramado empresarial de seguridad. Su posición como escolta en Ombuds no era meramente operativa; su cercanía con la cúpula del PSN-PSOE le permitió acceder a detalles confidenciales sobre las negociaciones secretas que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero mantenía con los emisarios de ETA en Noruega y Suiza.
Esta filtración estratégica sobre el inminente abandono de las armas permitió a los hermanos Cortina Prieto ejecutar una maniobra de salida impecable. Al conocer que el negocio de los escoltas tenía fecha de caducidad, la empresa pudo ser valorada y vendida a un fondo de inversión norteamericano, JZ Partners, apenas unos meses antes del anuncio oficial del cese de la violencia en octubre de 2011. Este movimiento evitó que los activos de la compañía se devaluaran ante la desaparición súbita de su principal fuente de ingresos públicos.
El eje Cerdán-Koldo: De las agrupaciones locales al poder central
La relación entre Koldo García y Santos Cerdán no fue un encuentro fortuito, sino una alianza forjada en la militancia de base en Navarra. Cerdán, quien llegó a presentarse como un enlace directo del ministerio dirigido por Rubalcaba, habría sido la fuente primaria de los datos que Koldo trasladaba a la dirección de Ombuds. Mientras Cerdán escalaba posiciones en el aparato del partido —pasando de concejal en Milagro a pieza clave en el ascenso de Pedro Sánchez—, Koldo consolidaba su influencia mediante la gestión de favores e información.
- Intermediación política: Uso de contactos internos del PSOE para anticipar cambios legislativos y pactos de estado.
- Beneficio patrimonial: La adquisición y posterior venta de propiedades en Pamplona y Benidorm bajo la sombra de estas gestiones.
- Ascenso meteórico: La transformación de un vigilante de seguridad en el «último aizkolari» de la confianza presidencial.
La metamorfosis del capital: Del espionaje a las gasolineras low cost
El destino del dinero obtenido tras la venta de Ombuds revela la astucia de la familia Cortina. Al desprenderse del 75% de las acciones de la empresa de seguridad, redirigieron sus ganancias hacia sectores emergentes menos dependientes de los presupuestos estatales. La inversión en estaciones de servicio automáticas marcó una nueva etapa para el exjefe del CESID, alejándose de los riesgos de un sector de seguridad privada que, tras la salida de los Cortina, terminó colapsando y entrando en concurso de acreedores.
En este ecosistema de negocios y confidencias, también aparece la figura de Víctor de Aldama. Los vínculos entre los grupos de información de la Guardia Civil, las empresas de seguridad y los comisionistas del sector de los hidrocarburos dibujan un mapa de relaciones donde Koldo García siempre aparecía como el nexo común. Lo que comenzó como un trasvase de información sobre la tregua de ETA acabó convirtiéndose en una red de influencias que años más tarde estallaría en el corazón del Ministerio de Transportes.
Un legado de sombras en la arquitectura del Estado
La historia de la disolución de ETA tiene una cara B que rara vez se analiza desde la óptica financiera. Las decisiones políticas tomadas en despachos europeos no solo afectaron a la convivencia democrática, sino que generaron ganadores y perdedores en el ámbito empresarial. Ombuds representa el caso paradigmático de cómo la información privilegiada, filtrada desde los estratos intermedios del poder político navarro, permitió a las élites del espionaje de la Transición realizar un último gran negocio antes de que el mercado de la protección antiterrorista se desvaneciera para siempre.
El papel de Koldo García, descrito por algunos como un simple ejecutor, se revela hoy como el de un operador estratégico que supo monetizar su lealtad y sus contactos en un momento crítico de la historia de España. Mientras la banda terrorista entregaba las armas, otros movían los hilos para asegurar que el fin de la violencia no significara el fin de sus beneficios económicos.









