El balance de la política migratoria en España durante el periodo comprendido entre 2019 y 2025 revela una tendencia de recuperación constante en la ejecución de salidas forzosas. Tras un desplome significativo provocado por las restricciones de movilidad global en 2020, la maquinaria administrativa del Estado ha retomado su actividad, acumulando un total de 20.682 extranjeros expulsados bajo la gestión del actual Ejecutivo. Este fenómeno no solo responde a una normalización de los flujos internacionales, sino también a una aplicación más estricta de los protocolos de extranjería.
La evolución del sistema: del parón pandémico al repunte de 2025
Si analizamos la cronología de las expulsiones, observamos que el sistema alcanzó su punto más bajo en 2020, con apenas 1.834 casos ejecutados. Sin embargo, desde ese momento, se ha producido un incremento del 85,2% en las cifras anuales. Esta progresión aritmética muestra cómo la Administración ha ido recuperando su capacidad operativa de forma escalonada:
- 2021: Se registraron 2.025 intervenciones efectivas.
- 2022 y 2023: La cifra superó la barrera de las 2.600 y 3.000 respectivamente.
- 2025: El último ejercicio cerró con 3.398 casos, consolidando un lustro de crecimiento ininterrumpido.
A pesar de este ascenso sostenido, la comparativa con el año 2019 (previo a la crisis sanitaria) arroja una lectura interesante: las 4.677 expulsiones de aquel año siguen representando el techo estadístico del periodo analizado, lo que sugiere que el sistema aún no ha vuelto a los niveles máximos de actividad administrativa observados al inicio del mandato de Pedro Sánchez.
Análisis territorial: Madrid y Barcelona como motores administrativos
La distribución geográfica de estas medidas sancionadoras evidencia una concentración masiva en los grandes núcleos urbanos. La Comunidad de Madrid se sitúa a la vanguardia nacional, habiendo ejecutado 788 expulsiones solo en el último año. Este dato es especialmente relevante si se compara con los 332 casos de 2020, lo que supone haber más que duplicado su volumen de intervenciones en apenas cinco años.
Por su parte, Barcelona mantiene su posición como el segundo polo de actividad con 327 ejecuciones anuales. El comportamiento en la ciudad condal ha sido de una estabilidad notable tras el bache de la pandemia, volviendo a niveles muy similares a los registros de 2019. En el resto de la península, destacan provincias como Valencia (160) y Zaragoza (140), donde la presión administrativa se mantiene al alza.
El enigma de las ciudades autónomas y la periferia
Uno de los datos más llamativos del informe gubernamental es el cambio de tendencia en Ceuta y Melilla. Ambas ciudades autónomas, tradicionalmente puntos críticos en la gestión migratoria, han pasado de registrar cientos de expulsiones anuales antes de 2020 a contabilizar apenas cuatro intervenciones cada una en el último balance. Este descenso drástico podría indicar un cambio en los protocolos de actuación fronteriza o una modificación en la tipología de los expedientes tramitados.
En el extremo opuesto de la balanza se encuentran provincias como Zamora o Huesca. En estos territorios, la actividad sancionadora es puramente testimonial, con cifras que no superan las tres expulsiones anuales. Esta disparidad territorial refleja que la ejecución de las salidas forzosas está intrínsecamente ligada a la densidad de población y a la infraestructura de seguridad presente en cada región.
Marco jurídico y limitaciones del control estadístico
La ejecución de estas medidas no es arbitraria; se sustenta en la Ley Orgánica 4/2000 y en la actualización normativa que supuso el Real Decreto 1155/2024. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, específicamente la Policía Nacional, actúan bajo instrucciones técnicas que buscan garantizar que cada salida forzosa cumpla con el respaldo jurídico necesario y respete los plazos de prescripción establecidos por ley.
No obstante, el propio Ejecutivo reconoce una limitación técnica importante: la imposibilidad de diferenciar con precisión entre las órdenes dictadas y las efectivamente materializadas. Esto se debe a que no existe actualmente un tratamiento estadístico que segregue las resoluciones administrativas de aquellas que terminan con la salida física del ciudadano extranjero del territorio nacional.
Conclusión del balance migratorio
En resumen, los últimos siete ejercicios muestran una España que ha reconfigurado su sistema de expulsiones tras el choque de la pandemia. Con más de 20.000 salidas ejecutadas, el país se encamina hacia una estabilización de las cifras, donde la gestión en las grandes capitales y el cumplimiento de los nuevos marcos reglamentarios definen la hoja de ruta del control de la irregularidad migratoria en el Estado.









