El CNI alertó a Marlaska antes de la invasión de Ceuta

El colapso del relato oficial: La crisis de Ceuta fue anticipada por la inteligencia

La narrativa de la imprevisibilidad que rodeó la crisis migratoria de Ceuta ha quedado definitivamente desmentida. Tras la reciente desclasificación de informes estratégicos, ha salido a la luz que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no solo detectó los movimientos previos al asalto masivo, sino que activó los protocolos de alerta con 24 horas de antelación. Esta información, remitida directamente a las esferas de control del Ministerio del Interior, liderado por Fernando Grande-Marlaska, pone en entredicho la capacidad de respuesta ante una amenaza que ya estaba plenamente identificada por los servicios secretos.

La advertencia no fue un rumor vago, sino una comunicación técnica basada en la monitorización de flujos de información en el país vecino. Los datos sugieren que la invasión migratoria no fue un fenómeno de combustión espontánea, sino una operación coordinada a través de plataformas digitales con un alcance masivo, cuyo desenlace era previsible para las autoridades españolas y marroquíes mucho antes de que el primer ciudadano cruzara el espigón del Tarajal.

Cronología de una alerta: Comunicaciones de urgencia a unidades clave

El despliegue informativo del CNI se concentró en la víspera de los acontecimientos. El 29 de julio, el servicio de inteligencia español utilizó canales de mensajería instantánea y llamadas telefónicas para contactar con órganos críticos de la seguridad del Estado. La alerta fue dirigida a tres frentes principales dentro del organigrama de Interior:

  • La Unidad Central Especial número 3 (UCE-3) de la Guardia Civil, especializada en amenazas contra la defensa nacional.
  • La jefatura de gabinete de la Delegación del Gobierno en Ceuta.
  • El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), perteneciente a la Policía Nacional.

El contenido de estas alertas detallaba la existencia de grupos en redes sociales y aplicaciones de mensajería con más de 180.000 seguidores, donde se organizaba de forma explícita el asalto a la valla y el cruce a nado. A pesar de la «extraordinaria relevancia» que el CNI otorgó a estos avisos, la magnitud de la crisis posterior plantea interrogantes sobre por qué las medidas de contención no fueron proporcionales a la información recibida.

La UCE-3 y el enfoque de Defensa Nacional en la frontera

Un detalle técnico que redefine la naturaleza del conflicto es la elección de los destinatarios. El hecho de que el CNI notificara a la UCE-3 en lugar de a unidades encargadas de la inmigración irregular convencional (como la UCE-2) revela que, desde el primer momento, la inteligencia española procesó el asalto como un desafío a la soberanía y defensa nacional. Este matiz es fundamental: no se trataba únicamente de un problema de gestión de fronteras o lucha contra mafias, sino de un evento con implicaciones geopolíticas de alto nivel que requería una respuesta de Estado.

Marruecos y la alerta temprana: Desmontando la versión de Rabat

Quizás el punto más controvertido de la documentación desclasificada es la comunicación directa con los servicios secretos de Marruecos. El CNI envió un informe detallado a la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y a la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN) marroquíes bajo el título «Inmigración irregular. Alerta temprana».

Este documento prueba que las autoridades marroquíes poseían la misma información que las españolas sobre los intentos de entrada coincidiendo con la Fiesta del Trono. La existencia de este intercambio de inteligencia invalida la postura oficial de Rabat, que históricamente ha defendido que los sucesos fueron fruto de una reacción popular incontrolable. La cooperación en inteligencia existió, pero la ejecución en el terreno permitió que una crisis anunciada se convirtiera en un desafío sin precedentes para la integridad territorial de Ceuta.

Conclusiones de una gestión bajo sospecha

La transparencia forzada por la desclasificación de estos archivos deja un panorama complejo para el Ministerio del Interior. Con la confirmación de que Marlaska y su equipo sabían lo que se avecinaba, el enfoque se desplaza ahora hacia la toma de decisiones política y operativa. La crisis de Ceuta ya no puede analizarse como un fallo de los servicios de información, sino como una desconexión entre la inteligencia preventiva y la acción gubernamental, en un contexto donde la seguridad nacional se vio comprometida a pesar de las señales de alarma roja emitidas por el CNI.