El Congreso vota decretos de vivienda con el PNV de árbitro

La estabilidad del mercado inmobiliario español se juega esta semana en un escenario inusual: la Diputación Permanente del Congreso. En un contexto marcado por la inminente campaña electoral y tras una jornada de huelga general, el 12 de noviembre se ha convertido en la fecha límite para que el Ejecutivo valide sus últimas reformas en materia de vivienda. En esta ocasión, la aritmética parlamentaria ha otorgado un papel de árbitro absoluto al PNV, cuya posición determinará qué medidas entrarán en vigor de forma definitiva y cuáles quedarán en el camino.

El fiel de la balanza: El PNV decide el futuro habitacional

Con las Cortes disueltas y un escenario de empate técnico entre los bloques principales, el voto del único representante de los nacionalistas vascos en la Diputación Permanente es la llave legislativa. El equilibrio de fuerzas es quirúrgico: 34 votos del bloque de izquierdas (PSOE, Sumar, ERC, Bildu y Podemos) frente a los 34 apoyos que suman el PP, Vox y Junts. Esta paridad otorga al PNV la capacidad de validar el decreto más ambicioso del Gobierno, pero también de tumbar la propuesta que pretendía imponer indemnizaciones a los propietarios.

La estrategia vasca parece clara y se mantiene fiel a sus posturas previas al adelanto electoral: respaldar el paquete de protección social y ayudas financieras, pero rechazar de plano cualquier medida que suponga una carga económica directa para el arrendador en caso de finalizar un contrato.

Préstamos ICO y blindaje contra desahucios: Lo que sí avanza

El decreto que previsiblemente recibirá el visto bueno parlamentario introduce herramientas financieras y sociales de gran calado. Entre ellas destaca el programa ‘Tu Casa’, una línea de financiación gestionada por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) que cuenta con una dotación masiva de 10.000 millones de euros. Sus ejes principales son:

  • Créditos blandos: Concesión de préstamos de hasta 50.000 euros destinados a la adquisición de la primera vivienda.
  • Fondo Social: Creación de una partida de 400 millones de euros para incentivar la promoción de vivienda a través de entidades sociales.
  • Protección vulnerable: Se extiende la prohibición de ejecutar desahucios a familias en situación de vulnerabilidad sin alternativa habitacional hasta el año 2030.
  • Control de capitales: Endurecimiento de las condiciones para la operativa de los fondos de inversión, ampliando la definición de lo que se considera especulación inmobiliaria.

El fracaso de la indemnización forzosa al inquilino

A diferencia del paquete de ayudas, el segundo decreto ley, centrado en penalizar la ruptura de los contratos de alquiler de larga duración, no cuenta con los apoyos necesarios. Esta normativa pretendía establecer que, tras cinco años de vigencia del contrato (o siete si el dueño es una empresa), la prórroga sería automática por un lustro adicional. En caso de que el arrendador decidiera no renovar, el texto establecía la obligatoriedad de indemnizar al inquilino con una cuantía equivalente a un año de renta.

Esta medida ha generado un rechazo frontal no solo en la oposición conservadora, sino también en el bloque nacionalista, al considerarse una intervención excesiva en el derecho de propiedad que podría contraer la oferta de alquiler en lugar de dinamizarla. La caída de este decreto supone un alivio para los pequeños propietarios, aunque deja en el aire la prórroga automática hasta 2028 que el Ejecutivo buscaba consolidar.

Un horizonte electoral marcado por la vivienda

La validación parcial de estos decretos se produce apenas unas horas antes del inicio oficial de la carrera hacia las urnas el 29 de noviembre. La decisión de la Diputación Permanente no solo tiene efectos jurídicos inmediatos, sino que también sirve como barómetro político. El Gobierno ha logrado rescatar parte de su agenda social mediante pequeñas modificaciones técnicas en los textos originales, evitando así el bloqueo total que sufrió a principios de octubre.

Mientras tanto, la agenda de la Diputación no se detiene aquí. Quedan pendientes de debate otras normativas críticas, como la planificación energética nacional hacia 2030 y los paquetes de ayudas sociales destinados a colectivos específicos, lo que demuestra que, pese a la disolución de las cámaras, la actividad legislativa mantiene un ritmo frenético condicionado por la necesidad de pactar cada coma con el PNV.