Desalojan el encierro de policías y guardias en Interior

Crisis en Interior: El desalojo de la madrugada que fractura la relación con las fuerzas de seguridad

La tensión entre el Ministerio del Interior y los representantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ha alcanzado un punto de no retorno. Durante la madrugada de este miércoles, una intervención de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) puso fin de manera abrupta al encierro que mantenían líderes sindicales de la Policía Nacional y asociaciones de la Guardia Civil en la sede ministerial. Lo que comenzó como una medida de presión pacífica para desbloquear mejoras en las condiciones de retiro, terminó con los representantes de los agentes abandonando el edificio bajo amenazas de sanciones legales por desobediencia u ocupación de edificios públicos.

Esta acción, calificada por los protagonistas como un acto de «ninguneo» absoluto por parte del Gobierno, supone una grieta profunda en la interlocución con el departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska. Los portavoces de Jupol, Jucil, SUP y AUGC, entre otros, denuncian que la orden de expulsión es la culminación de un proceso de negociación roto unilateralmente por la Secretaría de Estado de Seguridad, dejando en el aire las promesas de una equiparación real en materia de jubilación digna.

El bloqueo electoral como freno a la profesión de riesgo

El núcleo del conflicto radica en la negativa de la administración a consolidar el estatus de profesión de riesgo para los policías nacionales y guardias civiles, una distinción de la que ya gozan las policías autonómicas y locales. Según denuncian las organizaciones, la excusa esgrimida por Interior para paralizar los avances es la reciente convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. La administración sostiene que la cercanía de los comicios impide asumir compromisos presupuestarios de tal calado, una postura que los sindicatos interpretan como una traición deliberada.

Hasta hace pocas semanas, el clima en las mesas técnicas era de un optimismo moderado. Se habían discutido puntos clave para que la pensión de jubilación dejara de calcularse sobre bases reguladoras obsoletas y se ajustara a la evolución salarial contemporánea. Sin embargo, el encuentro con la secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, confirmó que los avances se han congelado, devolviendo el conflicto a las calles y a la confrontación directa.

Las cifras de la discordia: El umbral de los 39.000 euros

Para entender la magnitud del descontento, es necesario analizar las demandas económicas que estaban sobre la mesa. La propuesta que los sindicatos consideran irrenunciable busca corregir la brecha histórica que sufren respecto a otros cuerpos policiales en España. Los puntos principales del programa reivindicativo incluyen:

  • Garantizar una pensión anual mínima de 39.000 euros para los agentes pertenecientes al grupo C1.
  • Alcanzar el tope máximo de la pensión para los funcionarios del grupo A2, independientemente de si cotizan en el Régimen General o en Clases Pasivas.
  • Reconocimiento legal y administrativo de la peligrosidad intrínseca de la labor policial para facilitar el retiro anticipado sin penalizaciones económicas.
  • Actualización de los haberes reguladores para reflejar los incrementos salariales obtenidos en los últimos años.

Aunque organizaciones como la UFP o el SUP habían valorado ciertos acercamientos previos de la administración, la sensación actual es de que se ha jugado con las expectativas de miles de familias. La ruptura de la mesa técnica implica que, a menos que se produzca un giro político inesperado antes del 29-N, los agentes seguirán en una situación de inferioridad prestacional respecto a sus homólogos locales.

Un futuro marcado por la movilización y la desconfianza

El desalojo pacífico, ejecutado para no poner en un compromiso a los compañeros de la UPR que recibieron la orden de actuar, no implica la rendición de los colectivos policiales. Al contrario, los líderes sindicales aseguran que la movilización está más viva que nunca. La percepción de haber sido «arrojados a los pies de los caballos» por sus propios mandos políticos ha unificado a siglas tradicionalmente enfrentadas en un bloque común contra la gestión de Interior.

En conclusión, el episodio del Ministerio del Interior marca un hito negativo en la historia reciente de la seguridad pública en España. La falta de un acuerdo blindado antes del periodo electoral deja a la Policía Nacional y a la Guardia Civil en un limbo administrativo, mientras el malestar interno crece ante lo que consideran un desprecio a su sacrificio diario y a su derecho a un retiro con garantías económicas suficientes.