El aislamiento del liderazgo territorial: La salida de Úrsula Llanos
La estructura organizativa de Se Acabó La Fiesta (SALF) experimenta una sacudida significativa tras confirmarse la dimisión de Úrsula Llanos, quien ejercía como coordinadora autonómica en las Islas Canarias. Esta renuncia, aunque formalizada recientemente, pone de manifiesto una fractura interna motivada por la ausencia de canales de comunicación directa con el líder de la formación, Alvise Pérez. A pesar del crecimiento de la base de militantes en el archipiélago, que ya supera los 1.500 afiliados, la interlocución con la cúpula nacional ha sido calificada como inexistente.
Llanos, una profesional con amplia trayectoria en estrategia de marketing y comunicación corporativa, representaba uno de los perfiles más técnicos dentro del ecosistema de SALF. Su salida no es un hecho aislado, sino que refleja el descontento de los cuadros regionales que, a menudo, deben gestionar la logística y el activismo —incluyendo el coste personal de desplazamientos para apoyar procesos electorales en la península— sin contar con el respaldo o la guía de la dirección central. El hecho de que una delegada de su relevancia no lograra una sola reunión de trabajo con Pérez en un año evidencia un modelo de gestión extremadamente centralizado y hermético.
Un patrón de dimisiones: El desmantelamiento de la Ejecutiva Nacional
La marcha de Llanos se suma a una lista de bajas que compromete la estabilidad del proyecto político a las puertas de un nuevo ciclo electoral. En los últimos meses, la Ejecutiva de SALF ha perdido piezas clave que aportaban experiencia sectorial y mediática. La crisis de confianza ha provocado un relevo constante en los puestos de responsabilidad, donde destacan tres salidas críticas en lo que va de año:
- Úrsula Llanos: Excoordinadora en Canarias y especialista en estrategia de marca.
- Mara Colás: Veterana periodista encargada de la relación con los medios, cuya salida estuvo motivada por discrepancias en la política de comunicación del partido.
- Pablo Taylor: Miembro del núcleo cercano que abandonó sus funciones tras los resultados en los comicios andaluces.
Este goteo de renuncias ha obligado a Alvise Pérez a refugiarse en un círculo de confianza más estrecho, compuesto principalmente por amigos de juventud y perfiles de su entorno personal en Sevilla. Nombres como Yeray Iglesias, actual responsable de Organización, o Pablo A. Bueno en la tesorería, conforman ahora el núcleo duro de una formación que parece alejarse de los perfiles empresariales y técnicos que intentó atraer en su asamblea fundacional en Vistalegre.
Discrepancias estratégicas y el muro de Telegram
Uno de los focos de mayor tensión interna reside en la estrategia de difusión del partido. Mientras que perfiles como el de Mara Colás abogaban por una apertura hacia los medios de comunicación convencionales para ganar legitimidad institucional, la línea oficial impuesta por el eurodiputado sigue apostando exclusivamente por su canal de Telegram. Esta decisión ha generado un desgaste evidente, especialmente cuando las métricas de dicha plataforma muestran una tendencia a la baja en el número de seguidores activos.
La resistencia a participar en entrevistas o debates fuera de su entorno controlado ha creado una burbuja informativa que, si bien consolida a su base más fiel, dificulta la expansión del voto en territorios donde SALF se quedó cerca de obtener representación, como Aragón o Castilla y León. La falta de una estructura de portavocía profesionalizada deja al partido vulnerable ante las crisis reputacionales y la gestión de la agenda política diaria.
El horizonte judicial y el futuro de las siglas
A pesar de la inestabilidad orgánica, Se Acabó La Fiesta mantiene una base de 10.400 afiliados, una cifra nada desdeñable para una formación de reciente creación. Sin embargo, el futuro del partido está intrínsecamente ligado al devenir judicial de su líder en el Tribunal Supremo. Con varios frentes abiertos, la estrategia de defensa de Alvise Pérez parece orientada a dilatar los tiempos procesales, confiando en que no se produzcan sentencias firmes que inhabiliten su participación en las próximas elecciones generales.
La gran incógnita para los próximos meses será comprobar si el partido es capaz de reconstruir su estructura de mando con perfiles solventes o si, por el contrario, la deriva hacia un modelo de «partido personalista» acabará por alienar a los voluntarios y cargos intermedios que sostienen la actividad en las provincias. La crisis interna actual es, en última instancia, una prueba de fuego sobre la capacidad de SALF para transformarse de un fenómeno digital en una organización política sólida y duradera.
