La presencia de la Corona española en los actos institucionales de América Latina vuelve a cobrar protagonismo con el inminente viaje de Felipe VI a Lima. En esta ocasión, el monarca asistirá a la ceremonia oficial de transmisión del mando presidencial en la que Keiko Fujimori asumirá la jefatura del Estado peruano el próximo martes 28 de julio. Este desplazamiento no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la sólida tradición diplomática que el Rey mantiene con la región desde su etapa como Príncipe de Asturias.
Un vacío recurrente en la comitiva: la ausencia de Albares
A pesar de la relevancia del evento, la delegación gubernamental que acompañará al jefe del Estado presenta una novedad que empieza a convertirse en costumbre. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no formará parte de la expedición a Perú. Según fuentes oficiales, el motivo técnico reside en la coincidencia del viaje con el último Consejo de Ministros del curso político, donde el responsable de la diplomacia debe defender diversos puntos del orden del día.
En su lugar, la representación del Ejecutivo recaerá sobre Eva Granados, actual secretaria de Estado de Cooperación Internacional. Esta sustitución subraya un patrón en los últimos meses, ya que se trata de la cuarta ocasión consecutiva en la que el ministro delega esta función de acompañamiento al Rey en tomas de posesión latinoamericanas, habiendo faltado previamente a las citas en Portugal, Chile y Costa Rica.
Análisis de la agenda real en Lima y la Cumbre de Madrid
El viaje de Felipe VI no se limitará exclusivamente al acto protocolario en el Congreso peruano. Se ha diseñado una agenda de trabajo que busca reforzar los lazos bilaterales en un momento de transición política. Entre las actividades previstas, destacan:
- Encuentro bilateral con el presidente saliente, José María Balcázar, para cerrar el ciclo de colaboración actual.
- Reunión de trabajo con la presidenta electa, Keiko Fujimori, centrada en la «relación estratégica» entre Madrid y Lima.
- Contactos informales con otros mandatarios regionales para coordinar la próxima Cumbre Iberoamericana.
Este despliegue diplomático tiene un horizonte claro: la cumbre que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre. El Gobierno de España aspira a que esta cita sea un punto de inflexión para recuperar la presencialidad total de los líderes iberoamericanos, superando las bajas que empañaron encuentros anteriores.
La dimensión política y la presencia de la oposición
Un factor diferenciador en esta toma de posesión será la asistencia de Alberto Núñez Feijóo. El líder del Partido Popular viajará a la capital peruana para respaldar el inicio del mandato de Fujimori, a quien ya felicitó públicamente tras confirmarse su victoria electoral. La presencia de la oposición española en Lima añade una capa de relevancia política al evento, destacando el interés de las diferentes fuerzas nacionales por la estabilidad institucional en la zona andina.
Dos décadas de representación institucional
Con este viaje, Felipe VI suma 23 participaciones en tomas de posesión en Iberoamérica, consolidando un papel que asumió en 1996 por delegación de Juan Carlos I. Aunque la estructura de la comitiva gubernamental varíe —repartiéndose la tarea entre el ministro y los secretarios de Estado según la agenda—, la figura del Rey permanece como la constante que garantiza que España esté representada al «máximo nivel» en cada cambio de ciclo democrático en el continente.
La victoria de Fujimori, obtenida por un margen estrecho frente a Roberto Sánchez, marca el inicio de una etapa donde la prosperidad y la institucionalidad serán los ejes vertebradores de la relación con España, un vínculo que Madrid busca profundizar a través de esta visita de Estado.
