La cúpula de la Guardia Civil calla ante el caso Leire

La Guardia Civil atraviesa uno de sus momentos más críticos en términos de credibilidad interna y transparencia institucional. La reciente negativa de la directora general, Mercedes González, y del Director Adjunto Operativo (DAO), Manuel Llamas, a abordar las revelaciones del caso Leire durante el último Pleno del Consejo ha profundizado una brecha que ya parece insalvable entre la cúpula y la base del Instituto Armado.

El colapso de la autoridad: El DAO bajo sospecha

Lo que más ha impactado en los acuartelamientos no es solo la implicación política, sino la supuesta claudicación del mando uniformado de mayor rango. Según se desprende del sumario que instruye la Audiencia Nacional, el teniente general Manuel Llamas habría dado instrucciones precisas para que la Unidad Central Operativa (UCO) mantuviera un perfil bajo en investigaciones que afectaban directamente al entorno del presidente del Gobierno, específicamente en lo relativo a David Sánchez.

Esta actitud de «ponerse de perfil» ante requerimientos judiciales supone un ataque directo a la independencia investigativa de la Benemérita. Fuentes internas sugieren que el liderazgo de Llamas se ha evaporado por completo; para muchos agentes, un general que antepone intereses partidistas a la obligación de auxiliar a la justicia pierde automáticamente la legitimidad para mandar. La sensación es que la cúpula directiva ha dejado de proteger a sus investigadores para protegerse a sí misma.

Cinco horas de silencio institucional

El escenario para la rendición de cuentas estaba servido durante el pasado Pleno del Consejo del Instituto Armado. Con más de cinco horas de reunión por delante y la presencia de las principales asociaciones profesionales, se esperaba un gesto de claridad. Sin embargo, la estrategia fue el mutismo absoluto. Ni Mercedes González ni el teniente general Llamas hicieron alusión a las presuntas presiones a los agentes de la UCO, a pesar de la gravedad de los testimonios recogidos en el sumario.

Esta política de evasión no es nueva. González ya había eludido comparecer ante el Senado utilizando compromisos de agenda, dejando en el aire las explicaciones sobre sus reuniones con Leire Díez, figura clave de la trama en Ferraz. La versión oficial de que nunca ha realizado actos que perjudiquen a la institución choca frontalmente con los informes que sugieren intentos de desestabilización de las pesquisas contra el PSOE.

La sombra de Ferraz en la Dirección General

La investigación del juez Santiago Pedraz arroja luz sobre una operativa inquietante: el uso de expedientes internos contra la UCO como herramienta de coacción. El caso Leire ha revelado cómo se intentaron frenar filtraciones mediante investigaciones a los propios investigadores, una táctica que muchos interpretan como un mensaje de advertencia para cualquier agente que se atreviera a profundizar en las causas de corrupción vinculadas al Ejecutivo.

  • Intromisión política: Encuentros entre la dirección y enlaces del partido para monitorizar avances judiciales.
  • Presión jerárquica: Órdenes directas de los mandos superiores para dilatar informes o esperar a iniciativas judiciales externas.
  • Fractura interna: Un malestar creciente que ha unido a diversas escalas del cuerpo en una crítica común hacia el DAO.

Un clima de calma tensa y demandas de dimisión

A pesar de que el Pleno transcurrió de forma menos accidentada que en ocasiones anteriores —donde las asociaciones llegaron a plantar a la directora por la exclusión del reconocimiento como profesión de riesgo—, la procesión va por dentro. El aparente avance en normas de conciliación no logra ocultar la desconfianza sistémica generada por el sumario.

La Guardia Civil se enfrenta ahora al reto de recuperar su honorabilidad operativa. Mientras el apoyo a los generales que han testificado como testigos en la Audiencia Nacional es unánime, la figura de Manuel Llamas está sentenciada para la mayoría de sus subordinados. No se trata solo de una cuestión estética o política, sino de la supervivencia de la ética profesional en la unidad de élite más prestigiosa del país. La conclusión en los pasillos de la Dirección General es clara: el silencio de la cúpula ya no es una opción de defensa, sino una confirmación de la crisis.