La narrativa oficial sobre los sucesos ocurridos en la frontera de Ceuta se enfrenta a una realidad documentada que contradice las versiones públicas iniciales. Según informes recientemente desclasificados, la inteligencia militar española no solo monitorizaba la situación en tiempo real, sino que advirtió de una actitud de «pasividad deliberada» por parte de las autoridades de Marruecos. Esta supuesta negligencia, lejos de ser accidental, parece haber sido una herramienta de presión política en un momento de máxima tensión diplomática.
Alertas tempranas y la tregua de la Fiesta del Trono
El Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas) fue contundente en sus análisis previos al auge migratorio. Los documentos revelan que el organismo preveía un cambio de actitud en las fuerzas de seguridad marroquíes coincidiendo con el calendario institucional del reino alauita. En concreto, se estimaba que tras la finalización de la Festividad del Trono, el 1 de agosto, Rabat podría modular su implicación en el control fronterizo.
Esta «negligencia calculada» sugerida por el Cifas apuntaba a que Marruecos no estaba frenando activamente las oleadas, permitiendo que la situación en la ciudad autónoma se deteriorara hasta el punto de requerir, de manera casi inevitable, la intervención de las Fuerzas Armadas españolas para garantizar la seguridad pública.
El factor Argelia: Descontento en el Majzén
El trasfondo geopolítico juega un papel crucial en este análisis de inteligencia. Los informes subrayan que el Majzén (la estructura de poder en torno al monarca marroquí) mantenía un profundo malestar derivado de los movimientos diplomáticos de Madrid. La visita de Pedro Sánchez a Argelia el 20 de julio, destinada a recomponer relaciones tras el giro de España respecto al Sáhara Occidental, no fue bien recibida en Rabat.
Los analistas de inteligencia sugieren que Marruecos pudo haber instrumentalizado la presión migratoria en Ceuta como una respuesta estratégica. Para el Cifas, era evidente que el reino vecino intentaba explotar la vulnerabilidad fronteriza en beneficio de sus propios intereses estratégicos, utilizando la migración como un elemento de negociación política frente a los acercamientos de España con su rival regional, Argelia.
Evidencias de planificación y coordinación en la frontera
Frente a la tesis gubernamental de la imprevisibilidad, los documentos del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif) aportan detalles inquietantes sobre la ejecución del asalto. Según la Policía Nacional, existió una «planificación previa» que contó con la permisividad total de las fuerzas marroquíes. Algunos puntos clave detectados incluyen:
- Presencia de agentes marroquíes, tanto uniformados como de paisano, que habrían guiado o facilitado el avance de los migrantes hacia territorio español.
- Uso de la cobertura migratoria como pantalla para ejecutar una operación de presión política de mayor calado.
- Convocatorias masivas a través de aplicaciones de mensajería, monitorizadas por el CNI, que ya advertían de la magnitud del movimiento.
De hecho, se ha confirmado que el CNI alertó a la Delegación del Gobierno y a unidades policiales sobre la existencia de grupos en redes sociales con más de 180.000 seguidores, donde se organizaban las entradas a nado o a través de la valla para el día 30 de julio.
Contradicciones en el seno del Ejecutivo
La desclasificación de estos archivos pone de relieve una brecha de comunicación o de interpretación dentro del Gobierno español. Mientras el presidente Sánchez ha mantenido de forma persistente que no existían pruebas sólidas para incriminar directamente a Rabat, los informes de sus propios servicios secretos dibujan un escenario de advertencias constantes.
Incluso dentro del Consejo de Ministros se han visualizado fricciones. La ministra de Defensa, Margarita Robles, sostuvo que la inteligencia militar cumplió con su labor de información previa. Sin embargo, la Delegación del Gobierno en Ceuta llegó a negar la recepción de cualquier aviso que permitiera anticipar la crisis. Este cruce de versiones deja en el aire preguntas fundamentales sobre cómo se gestionó la información crítica de seguridad nacional y por qué se optó por una postura de exoneración diplomática hacia Marruecos a pesar de las evidencias de los analistas de inteligencia.
