El Supremo de Italia niega la custodia a Juana Rivas

El horizonte legal en Italia se ha cerrado definitivamente para Juana Rivas. El Tribunal Supremo de Casación de ese país ha emitido un fallo contundente al desestimar el último recurso de la madre granadina, consolidando así la custodia legal de su hijo menor a favor del padre, Francesco Arcuri. Esta decisión judicial supone un golpe crítico a las pretensiones de Rivas, quien ha mantenido una batalla legal transnacional durante más de una década.

El blindaje judicial a Francesco Arcuri

Con esta resolución, el alto tribunal italiano valida la convivencia del menor con su progenitor en la isla de Carloforte. Lo que resulta más controvertido para los observadores del caso es que esta ratificación se produce mientras Arcuri se encuentra inmerso en un procedimiento penal. El padre está siendo investigado en Italia por presuntos delitos de violencia física y psicológica ejercida contra sus hijos, una situación que, según la defensa de Rivas, debería haber pesado más en la balanza de la protección al menor.

El equipo jurídico de la madre de Maracena ha calificado el escenario actual como un despropósito normativo. Argumentan que obligar a un menor a depender de un progenitor que está «sentado en el banquillo» por agresiones intrafamiliares contraviene los principios más básicos de los derechos de la infancia.

Discrepancias en los tiempos de la justicia

Uno de los puntos de mayor fricción en este conflicto es la asimetría en la velocidad de los tribunales. La defensa de Rivas denuncia una dualidad procesal preocupante:

  • Celeridad punitiva: Los procesos abiertos contra Juana Rivas, especialmente los relacionados con la sustracción de menores, avanzan con una rapidez inusitada tanto en España como en Italia.
  • Dilación administrativa: El juicio contra Arcuri en el Tribunal de Cagliari por maltrato parece haberse estancado en un laberinto burocrático, con sesiones programadas que podrían extenderse hasta finales de año sin una resolución clara.

Esta falta de sincronía ha llevado a los abogados de la madre a denunciar una violación de derechos fundamentales. Sostienen que el sistema judicial está fallando en su deber de tutelar a las víctimas mientras los menores quedan atrapados en un conflicto que está mermando su bienestar emocional.

Nuevos incidentes y falta de comunicación

La tensión se ha visto agravada recientemente por denuncias sobre el estado de salud del hijo menor. Rivas ha manifestado públicamente su angustia tras recibir informaciones que situaban al niño en una silla de ruedas en su lugar de residencia, sin haber recibido notificación alguna por parte del padre. Ante las peticiones de información, la madre asegura que solo obtiene respuestas evasivas que no aclaran las circunstancias médicas del pequeño.

Esta opacidad en la comunicación paternofilial ha sido puesta en conocimiento de las autoridades de Cagliari, aunque la respuesta institucional sigue siendo pausada en comparación con la urgencia del bienestar del menor, según denuncia su entorno familiar.

De los tribunales nacionales a la justicia internacional

Tras agotarse la vía ordinaria en Italia, la estrategia de Juana Rivas se encamina ahora hacia los organismos internacionales. Su objetivo es que tribunales de ámbito europeo examinen de forma integral la respuesta que tanto España como Italia han dado a este caso desde que se inició hace diez años.

En España, el frente judicial también sigue activo. Se espera que el Juzgado de Granada decida en las próximas semanas si continúa con la causa contra ella por no haber devuelto al menor tras un periodo vacacional, o si por el contrario archiva las actuaciones atendiendo al contexto de protección del menor que alegó la fiscalía en su momento.

Un laberinto legal sin salida aparente

En conclusión, el caso de Juana Rivas se ha transformado en un paradigma de las deficiencias en la cooperación judicial internacional en casos de familia y maltrato. Mientras las sentencias se suceden, la realidad cotidiana de los hijos Gabriel y Daniel permanece sujeta a decisiones de despachos que, a menudo, parecen ignorar la urgencia humana subyacente. La batalla por la custodia en Italia parece haber terminado, pero la lucha por la seguridad jurídica y la integridad de los menores se traslada ahora a un escenario global de mayor calado político y social.