Laporte explica por qué eligió a España frente a Francia

La hegemonía actual del fútbol español no podría entenderse sin la solvencia defensiva de Aymeric Laporte, pieza angular en la conquista de la Copa del Mundo 2026. Bajo la dirección estratégica de Luis de la Fuente, el central ha consolidado una identidad ganadora que, irónicamente, pudo haber tenido un destino muy distinto de no ser por las circunstancias geopolíticas y deportivas que marcaron su carrera profesional.

El factor emocional: Más allá de un documento de identidad

En una reciente charla con el exjugador Mario Suárez, el actual zaguero del Athletic Club profundizó en las raíces de su compromiso con España. Lejos de ser una decisión puramente pragmática para sumar trofeos como la Nations League o la Eurocopa, el central nacido en Agen (Francia) destacó un arraigo vital que trasciende el terreno de juego. Para Laporte, el sentimiento de pertenencia se ha forjado en la cotidianeidad de su vida en la Península.

  • Su entorno familiar más cercano, incluyendo a su esposa e hijos, es de origen español.
  • Su desarrollo formativo desde la adolescencia se produjo íntegramente en la cantera de Lezama.
  • La identificación cultural con España superó sus vínculos iniciales con el país galo tras años de residencia.

A pesar de haber representado a Francia en categorías inferiores, Laporte confiesa que el rechazo continuado de la absoluta francesa le obligó a replantearse su concepto de patria. La invitación de la RFEF en 2021 no fue solo una salida profesional, sino el encuentro natural con un país que le ofrecía la confianza que su tierra natal le negaba.

El vacío de Didier Deschamps y el giro estratégico

La transición hacia La Roja no fue un camino exento de obstáculos. Laporte llegó a formar parte de varias convocatorias con Francia sin llegar a debutar, una situación de espera que se volvió insostenible. El central explica que la continuidad de Didier Deschamps en el banquillo francés fue determinante, ya que el técnico mantuvo una postura clara de no contar con sus servicios a pesar de su altísimo nivel en clubes de élite como el Manchester City.

«Cuando te cierran la puerta de forma sistemática en un lugar, es inevitable mirar hacia donde realmente te valoran», reflexiona el defensa. La oportunidad de nacionalizarse español apareció como una coyuntura única. La Federación Española no solo le propuso el trámite administrativo, sino que le presentó un proyecto deportivo donde su perfil de salida de balón y contundencia era esencial. Esta sintonía total de intereses terminó por sellar una de las decisiones más acertadas de su trayectoria.

Resiliencia ante la crítica: La madurez del líder

Cambiar de selección nacional en la élite del fútbol suele atraer un escrutinio mediático feroz, especialmente desde el país de origen. Laporte admite que los comentarios negativos recibidos en Francia fueron difíciles de digerir en un principio, no tanto por él, sino por el impacto en sus seres queridos. No obstante, su paso por ligas tan exigentes como la Premier League y su madurez actual le han permitido relativizar el juicio público.

El central utiliza la figura de grandes mitos como Messi o Cristiano Ronaldo para ejemplificar que los pitos son una constante en la vida del deportista de alto rendimiento. Para Laporte, la clave reside en la preparación psicológica; entiende que el error forma parte del juego y que, con 30 años, su prioridad es la estabilidad de su familia y el rendimiento sobre el césped, dejando atrás la vulnerabilidad de sus inicios a los 17 años.

Un legado de éxito bajo el mando de De la Fuente

La simbiosis entre el central del Athletic y el estilo de Luis de la Fuente ha sido total. La selección española ha recuperado una agresividad defensiva y una claridad jerárquica que han sido fundamentales para levantar títulos internacionales. Laporte subraya que, independientemente de los éxitos obtenidos, se siente plenamente identificado con el modelo de juego y la filosofía que impera hoy en el vestuario nacional.

En conclusión, el caso de Aymeric Laporte es un ejemplo de cómo la identidad deportiva puede evolucionar. Lo que comenzó como una necesidad ante la falta de minutos en Francia, ha terminado convirtiéndose en una historia de amor y éxito con España, consolidándolo como uno de los mejores defensores de la historia reciente de la selección.