Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Estrategia electoral: El asalto a Madrid y Barcelona el 29-N
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
Estrategia electoral: El asalto a Madrid y Barcelona el 29-N
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
La irrupción de Miriam González en el escenario político español no busca ser un simple matiz dentro del actual sistema de bloques, sino una enmienda a la totalidad. Con la presentación oficial de su formación, Democracia 21, la abogada vallisoletana ha marcado el 29 de noviembre como la fecha clave para medir el hambre de cambio de una ciudadanía agotada por la polarización. Su propuesta, lanzada desde el innovador espacio Domo360, no solo se centra en siglas, sino en una transformación estructural que pretende sacudir los cimientos de la administración pública.
El proyecto nace con una filosofía clara: la política entendida como un servicio público temporal y no como un refugio de colocación profesional. González, que ha estado acompañada por su familia y un equipo de caras nuevas en la gestión partidista, apuesta por una «política con mayúsculas» que recupere la ilusión democrática y rompa el inmovilismo de los grandes partidos tradicionales.
Estrategia electoral: El asalto a Madrid y Barcelona el 29-N
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
La irrupción de Miriam González en el escenario político español no busca ser un simple matiz dentro del actual sistema de bloques, sino una enmienda a la totalidad. Con la presentación oficial de su formación, Democracia 21, la abogada vallisoletana ha marcado el 29 de noviembre como la fecha clave para medir el hambre de cambio de una ciudadanía agotada por la polarización. Su propuesta, lanzada desde el innovador espacio Domo360, no solo se centra en siglas, sino en una transformación estructural que pretende sacudir los cimientos de la administración pública.
El proyecto nace con una filosofía clara: la política entendida como un servicio público temporal y no como un refugio de colocación profesional. González, que ha estado acompañada por su familia y un equipo de caras nuevas en la gestión partidista, apuesta por una «política con mayúsculas» que recupere la ilusión democrática y rompa el inmovilismo de los grandes partidos tradicionales.
Estrategia electoral: El asalto a Madrid y Barcelona el 29-N
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
La irrupción de Miriam González en el escenario político español no busca ser un simple matiz dentro del actual sistema de bloques, sino una enmienda a la totalidad. Con la presentación oficial de su formación, Democracia 21, la abogada vallisoletana ha marcado el 29 de noviembre como la fecha clave para medir el hambre de cambio de una ciudadanía agotada por la polarización. Su propuesta, lanzada desde el innovador espacio Domo360, no solo se centra en siglas, sino en una transformación estructural que pretende sacudir los cimientos de la administración pública.
El proyecto nace con una filosofía clara: la política entendida como un servicio público temporal y no como un refugio de colocación profesional. González, que ha estado acompañada por su familia y un equipo de caras nuevas en la gestión partidista, apuesta por una «política con mayúsculas» que recupere la ilusión democrática y rompa el inmovilismo de los grandes partidos tradicionales.
Estrategia electoral: El asalto a Madrid y Barcelona el 29-N
El calendario electoral de Democracia 21 está diseñado con precisión quirúrgica. El partido centrará todos sus esfuerzos iniciales en las circunscripciones de Madrid y Barcelona para las elecciones generales del 29-N. Esta decisión responde a una lógica de optimización de recursos y de impacto mediático, buscando asegurar representación en los dos grandes motores económicos y sociales del país antes de su expansión territorial definitiva.
Sin embargo, la ambición de González no se detiene en el Congreso de los Diputados. La formación ya tiene la vista puesta en el próximo mes de mayo, con el objetivo de presentar candidaturas en las elecciones autonómicas y municipales. Este escalonamiento pretende asentar primero el discurso nacional de regeneración para luego permear en la política de proximidad, donde la fundadora de «España Mejor» considera que la gestión técnica debe primar sobre el carné de partido.
Un programa de regeneración: Menos asesores y más meritocracia
Lo que diferencia a Democracia 21 de otras opciones transversales es la contundencia de sus medidas de limpieza institucional. Miriam González no ha dudado en proponer recortes que afectan directamente al núcleo del poder político actual. Su programa incluye propuestas que buscan devolver la independencia a los órganos del Estado y profesionalizar la gestión pública:
- Reducción drástica del gasto político: Recorte del 90% en la nómina de asesores gubernamentales.
- Independencia judicial: Despolitización efectiva del CGPJ y creación de más juzgados contra la corrupción.
- Limitación de mandatos: Un máximo de ocho años (dos legislaturas) para cualquier cargo público de relevancia.
- Reforma constitucional exprés: Eliminación inmediata de los aforamientos para garantizar la igualdad ante la ley.
- Control parlamentario: Obligatoriedad de que los diputados regresen a sus provincias cada dos semanas para rendir cuentas.
Para la líder de la formación, estas medidas no son opcionales, sino la única forma de saldar la «deuda monumental» que siente que tiene con España. González enfatiza que la movilidad social, ese motor que permitió a su generación prosperar con esfuerzo y becas, se ha gripado, y solo una reforma profunda de las reglas de juego puede reactivarlo.
Vivienda y fondos europeos: Una solución técnica frente a la tómbola
En el ámbito económico, y específicamente en el drama de la vivienda, Democracia 21 huye de las promesas vacías que González califica de «tómbola». Su enfoque se basa en la seguridad jurídica y en el aprovechamiento de recursos infrautilizados. La abogada propone un pacto de Estado que garantice estabilidad durante al menos una década, alejando el sector del conflicto ideológico permanente entre inquilinos y propietarios.
Una de las propuestas más llamativas es el uso estratégico de los 10.000 millones de euros procedentes de fondos europeos que aún no han sido ejecutados. González plantea destinarlos íntegramente a políticas de vivienda para jóvenes menores de 35 años, combinando esta inversión con una rebaja integral de impuestos asociados al sector. En lugar de devolver el dinero a Bruselas por incapacidad de gestión, el partido propone inyectarlo directamente en la emancipación juvenil, un pilar que considera fundamental para la supervivencia del sistema.
El fin de los bloques y la política del criterio
Finalmente, el manifiesto de Miriam González es un llamamiento a la unidad técnica por encima de la ideológica. A su equipo directivo no les ha exigido obediencia ciega, sino criterio propio. Esta visión pretende romper la dinámica de los «dos bloques férreos» que, a su juicio, mantienen al país en un estado de parálisis y crispación constante.
Democracia 21 se presenta como el vehículo para aquellos que están cansados de votar con resignación. Es una apuesta por la modernización de España a través de la transparencia y la valentía en la toma de decisiones, con el objetivo último de que la ciudadanía vuelva a confiar en que el sistema democrático puede, efectivamente, funcionar de manera correcta para todos.
