La precampaña electoral para los comicios del 29-N ha tomado un rumbo marcadamente social en Cataluña. Durante un encuentro multitudinario en Badalona, Gabriel Rufián ha rediseñado el eje del debate político, alejándose de la simbología vacía para centrarse en una fiscalidad agresiva y la intervención directa en el mercado inmobiliario. Para el líder republicano, la utilidad de su formación en Madrid no se mide por la retórica independentista, sino por su capacidad para forzar cambios estructurales que el PSOE, según su visión, se resiste a implementar de forma voluntaria.
El mercado de la vivienda y la presión fiscal sobre el capital
Uno de los pilares del nuevo discurso de ERC es la vivienda. Rufián ha sido tajante al proponer que el miedo debe cambiar de bando, apuntando directamente hacia los grandes acumuladores de inmuebles. La propuesta republicana no se limita a la construcción de obra nueva, sino que aboga por una intervención del mercado que penalice fiscalmente a quienes especulan con un derecho básico. Bajo el lema «una familia, una casa», la formación busca conectar con una clase trabajadora asfixiada por los precios del alquiler y la proliferación de pisos turísticos.
En este sentido, el presidente del partido, Oriol Junqueras, ha reforzado este mensaje criticando la inacción de otras formaciones. Ha señalado específicamente a los Comuns por su gestión en la capital catalana y a Junts por obstaculizar modelos de financiación que permitirían una mayor autonomía económica para políticas sociales. La estrategia es clara: presentar a Esquerra Republicana como la única fuerza capaz de «meter en cintura» al socialismo mediante una aritmética parlamentaria exigente.
La crisis ferroviaria: Rodalies frente a la hegemonía del AVE
El reciente siniestro ferroviario en Urda (Toledo) ha servido como catalizador para denunciar lo que ERC considera un modelo de infraestructuras fallido y centralista. Rufián ha cargado contra el PSOE por, presuntamente, intentar desviar la responsabilidad hacia los trabajadores, comparando esta actitud con la gestión que el PP realizó tras la tragedia de Angrois. La demanda es una inversión masiva en Rodalies, priorizando el transporte cotidiano frente a la alta velocidad que busca competir con potencias internacionales.
- Exigencia de una auditoría independiente sobre la seguridad en la red ferroviaria.
- Crítica a la inversión desproporcionada en el AVE en detrimento del tren convencional.
- Defensa de los derechos laborales frente a los fallos sistémicos de infraestructura.
La ruptura con el bloque independentista tradicional y la alianza con Podemos
La tensión entre las fuerzas soberanistas es más evidente que nunca. Gabriel Rufián ha arremetido contra Junts, acusándoles de practicar un patriotismo de fachada mientras votan de la mano de PP y Vox en cuestiones clave para el bienestar social. Esta «pinza» parlamentaria es vista por los republicanos como una traición a los intereses de la ciudadanía catalana. Frente a esto, ERC reivindica su coalición con sectores de Podemos, argumentando que es preferible contar con aliados estatales que crean en la autodeterminación y la justicia social antes que con compañeros de viaje que bloquean el progreso económico.
La incorporación de perfiles independientes como Alejandra Sandoval a las listas de ERC refuerza esta voluntad de crear un frente amplio. El objetivo es captar al votante socialista decepcionado y a aquellos sectores que temen un posible gobierno de coalición entre la derecha y la extrema derecha. Según los portavoces republicanos, el 29-N no solo se decide el futuro de Cataluña, sino la supervivencia de los servicios públicos conquistados en las últimas décadas.
Hacia una nueva hegemonía en Cataluña
En conclusión, el acto de Badalona marca un punto de inflexión. ERC abandona la ambigüedad y apuesta por un discurso de izquierda nítida, inclusiva con la inmigración y beligerante con las élites económicas. Al distanciarse de la «toxicidad» que atribuyen a ciertos sectores del nacionalismo y al señalar las carencias del PSC, el partido aspira a liderar una coalición social que trascienda las siglas. El mensaje final es una advertencia: en un escenario de polarización extrema, la neutralidad es sinónimo de retroceso, y solo una ERC fortalecida podrá actuar como muro de contención frente al avance de la derecha.
