Sanz ratifica ante la juez que avisó del asalto en Ceuta

La comparecencia de Gonzalo Sanz ante la titular del Juzgado Central de Instrucción número 3, María Tardón, ha reabierto las grietas en la gestión de la crisis fronteriza de Ceuta. El que fuera jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno ha mantenido con firmeza su versión de los hechos: la cúpula política de la ciudad autónoma disponía de información privilegiada proporcionada por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) antes de que se produjera el asalto masivo, contradiciendo la postura oficial mantenida hasta ahora por sus superiores.

El testimonio que desmantela la versión del «factor sorpresa»

Frente a la narrativa de una crisis imprevisible, Sanz ha expuesto ante la Audiencia Nacional una cronología de advertencias que fueron ignoradas o minimizadas. Según su declaración, el contacto con los servicios de inteligencia fue constante y directo. El punto de inflexión se sitúa en las comunicaciones recibidas días antes de la entrada masiva de personas, donde se alertaba de una movilización sin precedentes coordinada a través de plataformas digitales.

La ratificación de este testimonio sitúa en una posición delicada a Miguel Ángel Pérez Triano, exdelegado del Gobierno, quien siempre ha defendido que la información recibida era fragmentaria y carente de la profundidad necesaria para anticipar la magnitud del desafío migratorio. Sin embargo, Sanz insiste en que el flujo de datos era suficiente para haber activado protocolos de contingencia más robustos.

Alertas digitales y la movilización de 180.000 seguidores

Uno de los elementos clave en la instrucción judicial es la naturaleza de los avisos. Lejos de ser meras conjeturas, la inteligencia española detectó una actividad inusual en redes sociales que apuntaba a un asalto coordinado aprovechando festividades locales en Marruecos. El análisis de los hechos revela datos alarmantes que fueron transmitidos a los responsables políticos:

  • Detección de grupos de mensajería con más de 180.000 integrantes enfocados en la organización del cruce fronterizo.
  • Advertencias sobre la relajación de la vigilancia por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes debido a la Fiesta del Trono.
  • Comunicaciones vía WhatsApp que detallaban la hora y el lugar exacto del inicio de las incursiones por valla y mar.

Sanz argumenta que esta información fue puesta en conocimiento de sus superiores de manera inmediata. La discrepancia entre lo que se sabía en los despachos de Ceuta y lo que finalmente se trasladó a la opinión pública es lo que motivó, en última instancia, su dimisión irrevocable tras varios intentos fallidos de abandonar el cargo.

Fricciones con Moncloa y el informe de la discordia

El conflicto no se limitó al ámbito local. La declaración de Sanz arroja luz sobre la tensa relación entre la Delegación del Gobierno y los ministerios en Madrid. Según el testigo, se elaboró un informe técnico de gran dureza que advertía sobre el inminente colapso migratorio. Este documento, lejos de ser bien recibido, generó malestar en el Ejecutivo central por el uso de términos que evidenciaban una falta de control sobre la situación fronteriza.

La publicación de un comunicado conjunto con el Gobierno de la ciudad autónoma, en el que se hablaba abiertamente de emergencia migratoria, supuso un choque frontal con la estrategia de comunicación de Moncloa. Sanz describe un escenario de «lealtad institucional» a nivel local que no encontró el mismo eco en las esferas ministeriales, más preocupadas por el impacto político del relato que por la gestión técnica de la crisis.

La estrategia de defensa del Ejecutivo central

Por su parte, el Gobierno y el propio Pérez Triano han tratado de deslegitimar el valor de las alertas mencionadas por Sanz. El argumento principal se basa en la forma y no en el fondo: sostienen que un mensaje de mensajería instantánea a un cargo intermedio no puede considerarse una alerta formal de inteligencia. Para el Ejecutivo, el CNI falló en su responsabilidad de emitir informes oficiales y lacrados que dimensionaran correctamente la amenaza.

Esta batalla por el relato judicial y político deja al descubierto las carencias en la coordinación de la seguridad nacional. Mientras Pedro Sánchez defendía públicamente que nadie pudo prever lo sucedido, los testimonios recabados por la juez Tardón sugieren que la información estaba sobre la mesa, pero que existió un cortocircuito entre la captación de inteligencia y la toma de decisiones políticas definitivas para proteger la frontera sur de Europa.

Con la ratificación de Gonzalo Sanz, el caso entra en una fase crítica donde la veracidad de los canales informales de comunicación y la responsabilidad de los altos cargos en la cadena de mando serán los ejes centrales de la resolución judicial.