Huelga de profesores en Valencia por el desplome en PISA

El sistema educativo de la Comunidad Valenciana atraviesa su momento más crítico en décadas. La coincidencia de dos factores explosivos —el desplome histórico en el informe PISA 2025 y la reactivación de las huelgas de profesores— ha situado a la enseñanza en el centro del debate político y social. Mientras los sindicatos retoman las movilizaciones en las calles de Valencia, Alicante y Castellón, los datos académicos revelan una realidad preocupante: los alumnos valencianos se encuentran a la cola de España en competencias básicas.

El naufragio académico en el informe PISA 2025

Los últimos indicadores internacionales han caído como un jarro de agua fría sobre la administración y las familias. La Comunidad Valenciana ha registrado sus peores cifras históricas, situándose en la última posición autonómica en ciencias y matemáticas. El retroceso no es solo comparativo, sino absoluto: en comparación con la evaluación de 2022, la pérdida de puntuación es alarmante, con una caída de 58 puntos en comprensión lectora.

Este deterioro se traduce en cifras que cuestionan la eficacia del modelo implementado en los últimos años:

  • Matemáticas: Un descenso de 38 puntos en solo tres años, la mayor caída de todo el país.
  • Repetidores: Casi tres de cada diez estudiantes (28,6%) de 15 años han repetido curso al menos una vez.
  • Absentismo: Más de la mitad de los alumnos admite haber faltado a clase en las dos semanas previas a la prueba.
  • Brecha público-privada: La diferencia en comprensión lectora alcanza los 28 puntos en favor de la enseñanza privada.

La respuesta sindical: Conflictividad en pleno curso electoral

A pesar de la gravedad de los resultados académicos, el foco de los sindicatos, liderados por el STEPV, se mantiene firme en las reivindicaciones laborales y organizativas. Tras una tregua estival, las organizaciones docentes han decidido reactivar la huelga indefinida que quedó en suspenso antes del verano. Las protestas no solo exigen mejoras en las ratios de alumnos por aula y en las infraestructuras, sino que también atacan frontalmente la nueva Ley de Libertad Educativa.

El conflicto ha escalado tras la reforma de la Inspección Educativa. Los sindicatos perciben estos cambios como una herramienta de control ideológico, mientras que la Conselleria de Educación defiende la necesidad de asegurar la neutralidad en las aulas. Esta tensión se produce en un escenario donde el horizonte electoral de mayo de 2027 empieza a condicionar cada movimiento, convirtiendo la educación en el principal campo de batalla entre el actual Consell y la oposición.

Análisis de responsabilidades: El legado frente a la gestión actual

La interpretación de esta crisis educativa varía radicalmente según el color político. El actual Ejecutivo autonómico sostiene que los resultados de PISA 2025 son la consecuencia directa de ocho años de políticas del anterior Gobierno del Botànic. Argumentan que los alumnos evaluados desarrollaron casi toda su trayectoria escolar bajo el modelo de Ximo Puig, destacando que, desde 2015, la región ha perdido 44 puntos en ciencias, una cifra récord en España.

Por el contrario, desde la izquierda y los sindicatos se vincula el deterioro directamente con la gestión actual, acusando al Consell de falta de inversión. Sin embargo, los datos muestran que la administración ha comenzado a implementar medidas de choque para frenar el descontento docente:

  • Aplicación de una subida salarial de aproximadamente 75 euros mensuales para el profesorado.
  • Compromiso de crear 5.000 nuevas plazas docentes en la presente legislatura.
  • Impulso a la gratuidad de la educación de 0 a 3 años.
  • Refuerzo de profesionales para la atención a la inclusión y escolarización sobrevenida.

Perspectivas: ¿Hacia una huelga sostenida?

El éxito o fracaso de las manifestaciones de este fin de semana determinará el pulso de la educación valenciana para el resto del curso. Si los sindicatos logran una movilización masiva, la presión sobre la Conselleria aumentará, dificultando cualquier intento de centrar el debate en la mejora del rendimiento académico de los alumnos.

La paradoja es evidente: mientras el debate político y sindical se centra en las condiciones laborales y la estructura administrativa, los estudiantes valencianos siguen perdiendo terreno en las competencias que definirán su futuro laboral. La Comunidad Valenciana se enfrenta así al reto de despolitizar la gestión educativa para revertir una tendencia que la sitúa en el vagón de cola del aprendizaje en España, justo cuando la carrera hacia las urnas empieza a acelerarse.