La comparecencia de Juan Jesús Vivas ante la Audiencia Nacional ha arrojado luz sobre la desconexión institucional que se vivió en las horas previas a uno de los episodios más complejos de la historia reciente de España. El líder del ejecutivo ceutí ha revelado una insistencia telefónica que, según su versión, no encontró el eco esperado en el Palacio de la Moncloa, situando el foco en la gestión política de una crisis que todavía genera réplicas en el ámbito judicial y diplomático.
El silencio de Moncloa ante la inminente crisis fronteriza
Durante su declaración judicial ante la magistrada María Tardón, Vivas ha sido taxativo al relatar los intentos de interlocución con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El mandatario autonómico asegura que entre el 27 y el 29 de julio se realizaron al menos diez llamadas para tratar de coordinar una respuesta ante la masiva llegada de ciudadanos marroquíes a la ciudad autónoma. Sin embargo, este flujo de comunicación fue unidireccional.
A pesar de la urgencia del escenario, Vivas sostiene que nunca logró conversar personalmente con el jefe del Ejecutivo central. La única interacción institucional se limitó a tres contactos con la dirección de Gabinete, una respuesta que el presidente ceutí considera insuficiente dada la magnitud del desafío que se gestaba en la frontera sur de Europa.
Un clamor por medidas excepcionales ignorado
Más allá de la falta de contacto directo, el testimonio de Juan Jesús Vivas subraya una serie de peticiones técnicas y operativas que, según su relato, cayeron en saco roto. Ante la gravedad de la situación, el Gobierno de Ceuta planteó tres ejes de actuación inmediata que consideraba vitales para contener el impacto del cruce migratorio:
- Declaración de emergencia nacional: Para activar protocolos de respuesta rápida y centralizada.
- Creación de un mando único: Con el objetivo de coordinar de manera eficiente a todas las fuerzas implicadas.
- Refuerzos estructurales en seguridad: Una demanda de medios humanos y materiales que no fue atendida en los términos solicitados.
Para Vivas, la negativa o la omisión ante estas solicitudes dejó a la ciudad en una posición de vulnerabilidad extrema ante lo que ha calificado como el suceso más grave de los últimos 50 años en territorio nacional. Su tesis es clara: la estabilidad de Ceuta es el termómetro de la estabilidad de toda España.
La vía judicial y el papel decisivo de la Delegación del Gobierno
Tras abandonar la Audiencia Nacional con una sensación de alivio por haber podido exponer su cronología de los hechos, el presidente ceutí ha insistido en que la búsqueda de la verdad es el único camino para garantizar el futuro de la ciudad. En este proceso de depuración de responsabilidades, Vivas ha señalado una pieza clave en el organigrama estatal: la figura del anterior delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano.
Considera fundamental que se escuche el testimonio de quien representaba al Estado en el territorio, especialmente cuando el propio Gobierno central señalaba a la Delegación como el cauce oficial de información. Esclarecer si hubo errores de comunicación o si la toma de decisiones se vio bloqueada por una estructura burocrática inoperante es ahora la prioridad de la justicia para entender por qué Ceuta se sintió desprotegida en un momento de crisis histórica.
