La conmemoración del 141 aniversario del nacimiento de Blas Infante no ha sido un acto meramente protocolario en el Parlamento de Andalucía. Este año, el homenaje al referente del autonomismo se ha transformado en un termómetro de la tensión política que atraviesa la región, marcada por la reciente alianza estratégica entre el Partido Popular y Vox. Mientras las instituciones intentan proyectar una imagen de unidad en torno a los símbolos de la comunidad, la realidad parlamentaria muestra una fractura profunda sobre cómo interpretar el legado histórico andaluz.
La silla vacía de Vox y la sombra del pacto de gobierno
Un año más, y a pesar de haber sellado un compromiso de gobernabilidad con el PP-A hace apenas unos días, los representantes de Vox decidieron no asistir al evento. Esta ausencia no es nueva, pero adquiere una relevancia distinta en el contexto actual. Para la oposición, el hecho de que el partido que sostiene indirectamente la estabilidad del Ejecutivo ignore deliberadamente la figura de Blas Infante supone un desafío directo a la identidad autonómica.
La falta de sintonía entre los socios de la derecha respecto a la descentralización administrativa y el reconocimiento de las figuras históricas andaluzas ha servido de munición para los grupos de izquierda. Estos acusan al presidente Juanma Moreno de mantener un doble discurso: participar en el homenaje oficial mientras entrega cuotas de influencia a quienes cuestionan el propio Estatuto de Autonomía.
Duras críticas de la oposición: Memoria y contradicciones
Desde las filas del PSOE-A, la secretaria general María Jesús Montero ha sido especialmente incisiva. La crítica socialista se centra en lo que consideran una «utilización estética» de los símbolos andaluces. Según Montero, no es coherente reivindicar la bandera y el himno si, al mismo tiempo, se permite la entrada en las esferas de poder a formaciones que desprecian el sentido profundo de la justicia social y la memoria que encarna Infante.
Por su parte, las formaciones a la izquierda del PSOE han puesto el foco en dos puntos críticos que consideran incompatibles con el legado del ideólogo andaluz:
- La Memoria Histórica: Adelante Andalucía ha reprochado que se ensalce a una figura que fue ejecutada y cuyos restos siguen en paradero desconocido, mientras se pacta la derogación de normativas que facilitan la localización de fosas comunes.
- Derechos Sociales y Migración: Desde Por Andalucía se señala la contradicción de homenajear a un humanista universalista como Blas Infante a la vez que se asumen discursos que criminalizan la inmigración o desmantelan servicios públicos esenciales.
La respuesta del PP: Gestión frente a ideologización
El Partido Popular, a través de su portavoz Toni Martín, no ha tardado en reaccionar a lo que define como ataques injustificados. Para los populares, la izquierda intenta apropiarse de una figura que debe ser de todos los andaluces, desvirtuándola para convertirla en un referente de confrontación política. Martín ha defendido que Blas Infante era, ante todo, un hombre de paz y concordia, alejándolo de la visión «guerrillera» que, a su juicio, intentan proyectar sus adversarios.
Además, el PP ha devuelto el golpe dialéctico recordando las cuatro décadas de gestión socialista. Desde el grupo mayoritario se sostiene que el verdadero andalucismo se demuestra sacando a la comunidad de los vagones de cola de los indicadores económicos, y no solo mediante discursos en actos conmemorativos. Para el Gobierno de Moreno, la legitimidad de sus pactos reside en el aval de las urnas obtenido recientemente, lo que consideran una validación de su modelo de gestión por encima de las polémicas simbólicas.
Un escenario de coexistencia compleja
La jornada deja claro que el parlamentarismo andaluz se encamina hacia una legislatura donde la identidad será un campo de batalla recurrente. La coexistencia de un PP que busca institucionalizar su perfil andalucista con un aliado como Vox que rechaza el modelo autonómico obligará a Juanma Moreno a realizar un ejercicio de equilibrismo constante. El desafío será mantener la cohesión institucional en una tierra donde la memoria del pasado y las urgencias del presente suelen chocar con fuerza en el estrado parlamentario.
