Confianza ciega en el futuro: El blindaje de Salazar Lomelín en BBVA
En un escenario donde la volatilidad financiera y las tensiones geopolíticas suelen invitar a la cautela, Carlos Salazar Lomelín ha decidido enviar un mensaje de contundente optimismo al mercado. El consejero mexicano de BBVA ha ejecutado una serie de adquisiciones de títulos de la entidad que suman aproximadamente 5,4 millones de euros, una cifra que consolida su posición como uno de los máximos creyentes en la resiliencia del banco tras el complejo episodio de la opa fallida sobre el Banco Sabadell.
Esta reciente inyección de capital no es un hecho aislado. Si analizamos la trayectoria del consejero en los últimos meses, observamos que ha desembolsado un total de 10 millones de euros desde que la operación por la entidad catalana no llegara a puerto. Estas operaciones se han diversificado geográficamente, adquiriendo acciones en euros, dólares y pesos, lo que demuestra una estrategia de respaldo global a las operaciones que el grupo mantiene tanto en Europa como en el continente americano.
Un patrimonio superior al de la propia cúpula directiva
Lo que más llama la atención de los analistas no es solo el volumen de la compra, sino el peso relativo que Salazar Lomelín ha alcanzado dentro del accionariado de BBVA. Con una participación que ya alcanza el 0,05% del capital total, el consejero mexicano supera en términos de propiedad directa a las dos figuras más visibles de la organización: el presidente Carlos Torres y el consejero delegado Onur Genç, quienes ostentan un 0,02% cada uno.
Esta acumulación de títulos, gestionada tanto a título personal como a través de su firma Servicios Maravilla del Norte, sitúa su patrimonio en acciones del banco por encima de los 50 millones de euros a precios de mercado actuales. Los factores que explican este movimiento podrían ser:
- Respaldo a la política de dividendos agresiva lanzada por la cúpula para compensar a los inversores.
- Confianza en el crecimiento del negocio en México, el principal motor de beneficios del grupo.
- Aprovechamiento de las correcciones puntuales de la cotización para promediar a la baja.
La otra cara de la moneda: desinversiones en el equipo directivo
Mientras Salazar Lomelín incrementa su apuesta, otros altos cargos han optado por el camino opuesto. Tras el cierre del capítulo de la opa, se han registrado movimientos de venta de acciones por parte de figuras clave. Por ejemplo, Carlos Casas, responsable de ingeniería, se deshizo recientemente de títulos por un valor superior a los 580.000 euros. Un camino similar siguió Eduardo Osuna, cabeza visible de la filial mexicana, quien a finales del ejercicio pasado redujo su exposición embolsándose cerca de 2 millones de euros.
Esta divergencia de acciones subraya el carácter personal y estratégico de la apuesta de Salazar. Su trayectoria, forjada en la dirección de Femsa y en el liderazgo del Consejo Coordinador Empresarial de México, le otorga una visión macroeconómica que parece distanciarse de la gestión de liquidez a corto plazo de otros directivos.
Escenario de mercado: entre la resiliencia y la incertidumbre geopolítica
El comportamiento de la acción de BBVA ha sido una montaña rusa de emociones para sus inversores. A pesar del revés que supuso el fracaso de la operación por el Sabadell, el valor logró una apreciación cercana al 20% en los meses posteriores. Sin embargo, la reciente escalada de tensión en el conflicto de Oriente Medio, particularmente con la implicación de Irán, ha provocado una corrección técnica que ha afectado a todo el sector bancario europeo.
A este factor externo se suman los retos internos en mercados emergentes. En Turquía, el tercer mercado por relevancia para el grupo, la entidad se enfrenta a un entorno de hiperinflación y a investigaciones regulatorias sobre la competencia que lastran su contribución neta al balance global. No obstante, para Salazar Lomelín, estos obstáculos parecen ser secundarios frente a la solidez estructural de la entidad, reafirmando que, en momentos de duda, la mejor defensa es una fuerte inversión interna.
En conclusión, el movimiento de Salazar no es solo financiero; es un espaldarazo político a la gestión de Torres y Genç en un momento donde el mercado observa con lupa cada paso del banco tras sus ambiciones territoriales frustradas en España.









