La administración pública no solo se mide por sus promesas, sino por su capacidad real de transformar el presupuesto en realidades tangibles para la sociedad. Un reciente análisis del Instituto Coordenadas ha puesto de manifiesto una cifra alarmante: durante el bienio 2024-2025, el Gobierno de España ha dejado sin utilizar aproximadamente 52.700 millones de euros. Este vacío en la inversión pública no es solo un dato contable, sino que representa proyectos de infraestructura, ayudas sociales y mejoras en servicios que nunca llegaron a materializarse.
La ineficacia en el corazón de la gestión económica
Lo más llamativo del informe es la disparidad extrema entre los diferentes departamentos. Mientras que algunas carteras logran agotar casi la totalidad de sus recursos, otras muestran una parálisis administrativa preocupante. El caso más crítico es el del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, liderado por Carlos Cuerpo, que apenas ha logrado ejecutar un 47,3% de su crédito definitivo. Esto implica que más de la mitad de los fondos destinados a dinamizar el tejido productivo se quedaron en el papel.
Junto a Economía, otros departamentos estratégicos para el futuro del país presentan niveles de gestión mejorables:
- Ciencia e Innovación: Con una ejecución del 64%, dejando un margen amplio de fondos sin invertir en I+D.
- Trabajo y Economía Social: Registra un 66,3%, lo que supone un freno en políticas activas de empleo.
- Vivienda y Agenda Urbana: Se queda en un 67,1%, en un contexto de crisis habitacional donde la inversión es crítica.
- Juventud e Infancia: Con un 72,3% de fondos aplicados.
El contraste: Ministerios que sí cumplen con el presupuesto
Frente a la desidia técnica de unos, el informe destaca la eficiencia presupuestaria de otros departamentos que operan bajo el mismo marco institucional. La cartera de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, bajo la dirección de Elma Saiz, encabeza el ranking con una ejecución casi total del 99,2%. Este dato demuestra que, a pesar de las dificultades burocráticas, la gestión eficaz es posible.
Otros ministerios que han mostrado un alto rigor en el gasto efectivo incluyen a Defensa (97,3%), Presidencia y Justicia (96,9%) e Interior (94,3%). Por su parte, el Ministerio de Sanidad, gestionado por Mónica García, mantiene un desempeño intermedio con un 84,1% de ejecución presupuestaria.
Consecuencias de una gestión a medio gas
La concentración del «no gasto» es abrumadora. Solo 11 ministerios, aquellos que no alcanzan el umbral del 85% de ejecución, acumulan más de 42.800 millones de euros sin ejecutar. Esta cifra representa el 80% del total del dinero que no llegó a los ciudadanos. El análisis subraya que trabajar con presupuestos prorrogados desde 2023 no justifica tal diferencia de rendimiento entre departamentos.
Desde una perspectiva analítica, un euro no gastado es una oportunidad perdida para el crecimiento económico. Cuando la administración falla en su capacidad de gestión, se genera una brecha de confianza. No se trata simplemente de una cuestión técnica o de falta de tiempo, sino de una diferencia estructural en la capacidad operativa de los equipos ministeriales. La brecha entre el 99% de un ministerio y el 47% de otro evidencia que el problema no es el sistema, sino el liderazgo y la ejecución de cada cartera.
Conclusión: El impacto en el ciudadano común
En última instancia, el rigor presupuestario es la herramienta que permite pasar de la política macroeconómica al bienestar microeconómico del ciudadano. El retraso en la ejecución se traduce en servicios públicos menos eficientes y en una ralentización de la inversión que el país necesita para mantener su competitividad. Los datos del Instituto Coordenadas invitan a una reflexión profunda sobre la necesidad de optimizar los procesos de gasto efectivo para que el presupuesto público cumpla realmente su función social.
