La estabilidad del ecosistema deportivo en la ciudad autónoma se enfrenta a un desafío sin precedentes. La Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE) ha manifestado una oposición tajante ante la posibilidad de que diversas instalaciones municipales sean reconvertidas en centros de alojamiento temporal para personas migrantes. Esta postura no nace de una falta de sensibilidad social, sino de la necesidad de preservar los espacios de convivencia y desarrollo de miles de ciudadanos que dependen de estas infraestructuras para su actividad diaria.
Un mapa de instalaciones bajo amenaza técnica
El malestar federativo surge tras el análisis de un borrador de real decreto que señala puntos neurálgicos del deporte local como posibles zonas de acogida. La preocupación es mayúscula al comprobar que la lista incluye centros vitales para la logística deportiva de la ciudad:
- El Complejo Deportivo Guillermo Molina y el Polideportivo La Libertad.
- Las instalaciones de Santa Amelia y el polideportivo Antonio Campoamor.
- El centro deportivo Díaz-Flor.
Según los informes técnicos que maneja la Federación, una ocupación de esta naturaleza no sería un evento de corta duración. Se estima que el impacto estructural y la necesidad de posteriores rehabilitaciones podrían inhabilitar el uso deportivo de estos pabellones hasta el año 2027. Este escenario dejaría un vacío de casi tres años en la planificación de ligas y entrenamientos, afectando la calidad de los servicios públicos destinados al ocio y la salud.
El impacto en el desarrollo de la infancia y el fútbol base
El núcleo de la protesta federativa reside en la protección del menor. Con un censo de más de 3.000 futbolistas federados, la inmensa mayoría de ellos en categorías de formación, la pérdida de estas sedes supondría un golpe directo al bienestar emocional y físico de la juventud ceutí. Tras semanas de restricciones derivadas de la compleja situación fronteriza, la RFFCE argumenta que privar a los niños de sus zonas de entrenamiento agrava el estrés social acumulado.
El deporte en Ceuta funciona como un catalizador de integración y aprendizaje. Al eliminar los recintos seguros para la práctica del fútbol sala y otras disciplinas, se rompen rutinas esenciales para la socialización. Los responsables federativos subrayan que el fútbol es, en muchos casos, el principal eje vertebrador de la vida comunitaria en los barrios periféricos.
Crisis logística para el fútbol sala de categoría nacional
Más allá del deporte base, la competición de alto nivel también se encuentra en la cuerda floja. El pabellón Guillermo Molina es la sede principal donde los equipos ceutíes disputan sus encuentros de ámbito nacional. Una reconversión del recinto obligaría a estos clubes a buscar alternativas inexistentes en la ciudad para cumplir con los requisitos de la Real Federación Española de Fútbol, poniendo en riesgo su continuidad en las ligas profesionales y semiprofesionales.
Propuestas alternativas y visión territorial
Desde la RFFCE no solo se plantea el rechazo, sino que se instan soluciones que no sacrifiquen el tejido deportivo. Se han sugerido ubicaciones con menor impacto en la vida diaria de los residentes, tales como:
- La superficie disponible en la explanada del Parque de Artillería.
- Las dependencias del antiguo Hospital de la Cruz Roja.
- Otros terrenos infrautilizados que cumplan con los estándares de habitabilidad necesarios.
Finalmente, la entidad ha mostrado su inquietud por las posibles reformas en la Ley de Extranjería y los protocolos de asilo. Advierten que cualquier cambio normativo debe ejecutarse bajo el prisma de la singularidad geográfica de Ceuta. Con apenas 19 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes, la presión sobre las infraestructuras básicas ya es máxima. Por ello, la RFFCE ha cerrado filas con el Gobierno autonómico liderado por Juan Jesús Vivas, exigiendo al Ejecutivo central una gestión que permita recuperar la normalidad institucional y social sin desmantelar el patrimonio deportivo de la ciudad.
