La Guardia Civil avisó del riesgo de radicales proetarras

Mientras el discurso institucional dominante insiste en que la amenaza del terrorismo en el País Vasco es un capítulo cerrado, los Servicios de Información de la Guardia Civil mantienen una perspectiva mucho más cautelosa y alarmante. Los recientes acontecimientos en Irún, donde se detuvo a dos personas vinculadas a movimientos radicales, no han hecho más que confirmar los temores que los analistas de inteligencia venían plasmando en informes remitidos a la Audiencia Nacional: existe una corriente disidente que se niega a aceptar el fin de la violencia.

La brecha entre el optimismo político y la realidad de inteligencia

En los últimos años, la narrativa oficial ha pivotado sobre la idea de que la disolución de ETA supuso el fin absoluto de cualquier riesgo de lucha armada. Sin embargo, los expertos en antiterrorismo han detectado un ecosistema de plataformas que no solo rechazan la vía política de la izquierda abertzale tradicional, sino que reivindican activamente la legitimidad de «todas las formas de lucha». Esta discrepancia entre el mensaje gubernamental y los hallazgos de la Guardia Civil pone de manifiesto que, aunque la organización matriz haya desaparecido, su herencia ideológica más violenta sigue latente en sectores específicos.

El hallazgo en Irún de documentación sensible, que incluía listas de agentes de diversos cuerpos policiales y coordenadas sobre posibles depósitos de explosivos y armas, refuerza la tesis de que estos grupos no son meros foros de debate ideológico. Se trata de estructuras que mantienen una capacidad operativa, aunque sea incipiente, y que observan con desdén la estrategia de negociación y paz seguida por los sectores mayoritarios de su entorno.

Jardun y la nueva constelación de la disidencia radical

El epicentro de estas nuevas preocupaciones es Jardun, una organización nacida en el verano de 2020. Su génesis se encuentra en la profunda disconformidad de ciertos militantes con la línea estratégica adoptada tras el cese de actividad de ETA. Para estos sectores, el abandono de las armas fue una capitulación que debe ser revertida retomando el «testigo de la lucha».

Pero Jardun no está sola en este mapa de la radicalización. La inteligencia policial identifica otros actores clave en esta red de disidencia:

  • Tinko: Colectivo enfocado en la amnistía total y que aglutina a antiguos militantes de movimientos críticos como el MPACR (ATA).
  • Gasteizko Elkartasun Komitea (GEK): Una plataforma que opera al margen de las directrices de Sortu y del colectivo oficial de presos.
  • Movimiento Pro-Amnistía y Contra la Represión (ATA): El núcleo duro que siempre se opuso a cualquier concesión al Estado español.

Estos grupos utilizan una retórica que evoca los años más oscuros del terrorismo, empleando consignas como «Borroka da bide bakarra» (la lucha es el único camino). Aunque instancias judiciales como la Audiencia Nacional han matizado en ocasiones que este lenguaje, por sí solo, no siempre implica un riesgo inminente de reactivación terrorista, para los investigadores policiales son indicadores claros de un rearme ideológico que precede a la acción.

El perfil de la resistencia: Delitos de enaltecimiento y figuras clave

La peligrosidad de estas facciones se ilustra a menudo a través de figuras como Iñaki Bilbao Goikoetxea, alias ‘Txikito’. Su postura intransigente desde la prisión, donde llegó a escribir que «la guerra se gana a tiros», sirve de inspiración para los sectores más jóvenes que no vivieron el declive de la banda terrorista. Estos perfiles representan la negación absoluta de la vía democrática y actúan como puentes entre el pasado criminal de ETA y las nuevas generaciones de radicales.

La investigación también ha puesto el foco en la desaparición de material bélico en el pasado. Se sospecha que sectores vinculados a la disidencia de ATA estuvieron detrás del robo de armas y explosivos en Francia durante el proceso de desarme oficial de ETA. La posibilidad de que parte de ese arsenal esté bajo control de estos nuevos grupos es una de las mayores preocupaciones para la seguridad nacional.

Sinergias internacionales: La conexión con el republicanismo irlandés

Un aspecto novedoso y relevante es la dimensión internacional que están adquiriendo estas plataformas. Los vínculos detectados entre Jardun y la organización irlandesa Saoradh apuntan a una estrategia de solidaridad entre movimientos que rechazan los procesos de paz en sus respectivos territorios. La presencia de ciudadanos irlandeses en el entorno de los detenidos en Guipúzcoa sugiere un intercambio no solo ideológico, sino posiblemente logístico.

El uso de simbología compartida y el intercambio de mensajes de apoyo mutuo reflejan una voluntad de internacionalizar la causa de la «liberación nacional» bajo parámetros de confrontación. Esta conexión con el republicanismo irlandés más radical añade una capa de complejidad a la vigilancia de estos grupos, ya que abre la puerta a redes de apoyo fuera de las fronteras españolas.

Conclusión: Un escenario de vigilancia necesaria

La operación en Irún y los informes de la Guardia Civil subrayan que el fin de ETA no significó la desaparición de la ideología que sustentaba el terrorismo. La aparición de organizaciones como Jardun y la persistencia de una disidencia radical obligan a las fuerzas de seguridad a no bajar la guardia. La prevención antiterrorista debe seguir siendo una prioridad, evitando que las cenizas del pasado se conviertan en el combustible de una nueva etapa de inestabilidad y violencia en el País Vasco.