La defensa técnica de Leire Díez, figura central en una de las ramificaciones judiciales que afectan a la gestión de la SEPI, ha formalizado un recurso de calado constitucional contra las últimas disposiciones del magistrado Santiago Pedraz. El núcleo del conflicto reside en el acceso indiscriminado a su actividad digital y telefónica, una medida que, según la exmilitante, desborda los límites de la proporcionalidad penal.
El conflicto de la temporalidad: Cinco años de vida privada bajo lupa
Uno de los puntos de fricción más determinantes en el recurso presentado es la extensión cronológica de la diligencia. Mientras que la instrucción se centra en hechos presuntamente ocurridos entre 2021 y 2023, la autorización judicial permite a la Unidad Central Operativa (UCO) rastrear comunicaciones desde octubre de 2020 hasta finales de 2025.
Para la representación legal de Díez, esta ventana de cinco años constituye una «prospección» injustificada. Argumentan que investigar periodos ajenos a la causa supone una injerencia desproporcionada que atenta contra el derecho al secreto de las comunicaciones. La tesis de la defensa es clara: no se puede fiscalizar la vida privada de un ciudadano «por si acaso» se encuentra algo relevante fuera del marco temporal de los delitos investigados.
Irregularidades en la incautación de terminales móviles
El recurso pone en duda no solo el «qué» se investiga, sino el «cómo» se obtuvo la prueba inicial. Se alega que la intervención de los dispositivos móviles durante la detención de Díez se realizó sin la preceptiva autorización judicial previa, lo que podría derivar en una nulidad de pleno derecho bajo la doctrina del «fruto del árbol ponzoñoso».
- Falta de motivación fáctica: La defensa sostiene que la UCO se basa en sospechas subjetivas y no en indicios sólidos.
- Inexistencia de riesgo: Argumentan que no había peligro de destrucción de pruebas que justificara una actuación policial sin aval judicial inmediato.
- Vulneración de garantías: Se denuncia que el acceso ilegítimo al contenido de los terminales vicia el resto de la investigación tecnológica.
La sombra de la trama SEPI y el papel de Santos Cerdán
Este movimiento judicial se enmarca en una causa compleja que investiga presuntas irregularidades en contratos de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). La relevancia política del caso es máxima, dado que se analiza si existió una estructura coordinada para obstaculizar procesos judiciales que pudieran comprometer al Gobierno o al PSOE, mencionando específicamente el entorno de Santos Cerdán.
La defensa critica que la UCO utilice «generalidades» para justificar la necesidad de intervenir las llamadas y mensajes. Según el escrito, el oficio policial carece de especificaciones técnicas que vinculen directamente las comunicaciones de Díez con los delitos de malversación, prevaricación y tráfico de influencias que se instruyen en la Audiencia Nacional.
El expurgo judicial como medida de contención
Ante el volumen de datos intervenidos, el juez Pedraz ya ordenó en fases previas un proceso de expurgo. El objetivo de este procedimiento es separar la información estrictamente vinculada a la causa de aquellos datos íntimos o personales que carecen de interés penal. Sin embargo, para Leire Díez, esta medida es insuficiente si la base de la intervención es, en su origen, contraria a las garantías procesales.
En definitiva, el tribunal deberá decidir ahora si prevalece el interés de la instrucción en un caso de corrupción y organización criminal, o si, por el contrario, la actuación de la Guardia Civil y el juzgado ha cruzado la línea roja de los derechos fundamentales de la investigada. El desenlace de este recurso marcará el futuro de las pruebas digitales en una de las piezas más sensibles de la actualidad jurídica española.
