Lo que comenzó como una intervención rutinaria por alteración del orden público en el corazón de Madrid ha derivado en una batalla legal y mediática con dos versiones irreconciliables. Por un lado, el informe de la Policía Nacional describe una agresión violenta por parte del actor Mitch Robles; por otro, el intérprete nominado al Goya denuncia haber sido víctima de una emboscada de brutalidad policial cargada de insultos homófobos y desprecio.
Lesiones graves y el testimonio del centro médico
El punto más crítico en la defensa de Mitch Robles no reside solo en sus palabras, sino en los partes médicos obtenidos tras su puesta en libertad. Según el comunicado difundido por el artista, las consecuencias físicas de la detención en la zona de Tirso de Molina fueron severas tanto para él como para su acompañante. El actor sostiene que el trato recibido fue «vejatorio» y que se les denegó la asistencia sanitaria necesaria mientras permanecieron en dependencias policiales.
- Diagnóstico de Robles: Una rotura de menisco provocada, supuestamente, durante el forcejeo con los agentes.
- Estado del acompañante: Cuatro costillas rotas, sumadas a una lesión previa en el brazo que los agentes conocían, según el relato del actor.
- Condiciones en comisaría: Denuncian haber estado en «condiciones deplorables» en Leganitos antes de poder acudir por sus propios medios a un hospital.
El detonante: ¿Orden público o persecución ideológica?
La narrativa oficial sugiere que la patrulla intervino al observar a dos jóvenes increpando a peatones bajo el posible efecto de sustancias estupefacientes. Sin embargo, Robles ofrece una perspectiva diametralmente opuesta. El actor asegura que el conflicto se inició cuando los funcionarios comenzaron a mofarse de su vestimenta y a proferir insultos de carácter discriminatorio desde el vehículo patrulla.
Robles relata que, lejos de mantener una actitud hostil inicial, intentó proteger a su amigo ante las amenazas de los agentes de «romperle el otro brazo». En este contexto de tensión, el actor admite haber puesto el pie en la puerta del coche, pero niega rotundamente ser el iniciador de la violencia física. Según su versión, los policías no se identificaron como tales hasta que ya estaban siendo esposados, tras haber recibido una serie de golpes que tilda de «brutales».
La polémica de la pulsera de pinchos
Uno de los elementos más controvertidos del atestado es el uso de una pulsera con pinchos metálicos que, según la policía, Robles utilizó para causar cortes en la cara y brazos de los agentes. La versión del intérprete de Romería despoja a este objeto de cualquier intención ofensiva, describiéndola como un accesorio de moda fino que, de hecho, le fue devuelto por las propias autoridades al salir de comisaría.
Para la defensa del actor, el hecho de que se les permitiera abandonar la comisaría sin pasar directamente a disposición judicial es una prueba de que la peligrosidad de la agresión no era tal como se refleja en el escrito policial. «Si hubiéramos usado un arma contra ellos, no estaríamos en la calle de inmediato», argumenta el entorno del joven, que ya ha solicitado el acceso a las cámaras de seguridad de la plaza para esclarecer los hechos.
Apoyo familiar y el futuro judicial del caso
El caso ha adquirido una dimensión pública notable debido a la filiación de Mitch Robles, hijo de la reconocida periodista Marta Robles. La comunicadora ha salido en defensa cerrada de su hijo, calificando lo ocurrido como una actuación policial desmedida. Según sus declaraciones, la familia se encuentra «aterrada» tras el incidente, manteniendo la firme convicción de que los jóvenes fueron las verdaderas víctimas de un abuso de autoridad injustificado.
Actualmente, el proceso sigue su curso legal bajo tres posibles escenarios: el archivo de las actuaciones si las cámaras respaldan la versión del actor, un juicio rápido por atentado a la autoridad o una citación judicial ordinaria. Por el momento, ambas partes han cruzado denuncias, y la resolución dependerá de las pruebas periciales y los testimonios que logren ratificar quién inició la violencia en una de las plazas más concurridas de Madrid.
Mitch Robles, cuya carrera estaba en pleno ascenso tras su reconocimiento en el entorno de los Premios Goya, se enfrenta ahora al reto de limpiar su imagen pública mientras busca justicia por las lesiones que, según afirma, marcarán un antes y un después en su confianza hacia las instituciones de seguridad.
