La investigación judicial sobre la gestión de la catástrofe del 29 de octubre en Valencia ha dado un giro significativo tras las últimas aclaraciones de Jorge Suárez. El subdirector de Emergencias ha precisado ante el juzgado de Catarroja que el centro de mando tuvo conocimiento oficial del desbordamiento del barranco del Poyo exactamente a las 19:06 horas. Este dato evidencia que el riesgo extremo era conocido más de una hora antes de que se activara el sistema de alerta masiva a la población.
El testimonio de Suárez, quien ostentaba el rango técnico más alto en el Centro de Coordinación de Emergencias (CCE) durante aquella jornada, arroja luz sobre la parálisis institucional que precedió a la riada. Según su relato, la confirmación técnica del desastre no se tradujo de forma inmediata en una orden contundente, debido a un intenso debate semántico y legal entre los responsables políticos presentes en el CECOPI.
Cronología de una alerta pospuesta y suavizada
La narrativa de los hechos presentada por el subdirector sugiere que la intención de avisar a la ciudadanía existía desde mucho antes de que el agua arrasara las localidades de la Horta Sud. Suárez sostiene que ya a las 17:15 horas planteó el envío de notificaciones de aviso tras recibir las primeras imágenes impactantes de personas atrapadas en tejados en las zonas de Utiel y Requena. Sin embargo, la activación de las herramientas de protección civil se demoró de forma sistemática.
- 17:15 horas: Primera sugerencia de aviso masivo tras los incidentes en Utiel y Requena.
- 19:06 horas: Confirmación técnica del desbordamiento crítico en el barranco del Poyo.
- 20:11 horas: Envío del primer mensaje ES-Alert con un lenguaje modificado.
- 20:57 horas: Emisión de la alerta instando finalmente al confinamiento en domicilios.
La intervención política en el lenguaje de emergencia
Uno de los puntos más críticos de la declaración de Suárez se centra en la modificación de los mensajes de seguridad. El técnico ha explicado que el borrador original del sistema ES-Alert contenía un mandato claro de «permanecer» en las viviendas. No obstante, la entonces consellera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, cuestionó la terminología alegando que no existía cobertura legal para imponer tal restricción de movilidad.
Esta discrepancia provocó que se «suavizara el imperativo» en el mensaje que finalmente recibieron los valencianos a las 20:11. En lugar de ordenar el confinamiento, se optó por sugerir la suspensión de desplazamientos. Suárez ha relatado que, ante su insistencia en que la Ley de Emergencias sí permitía estas medidas, la consellera optó por abandonar la sala para realizar consultas jurídicas, ralentizando aún más la respuesta operativa.
Reticencias al confinamiento provincial y presiones externas
El subdirector también ha señalado la influencia de otros actores en la toma de decisiones. Según su testimonio, desde el entorno de la presidencia de la Generalitat se mostraron reticencias a aplicar medidas que afectaran a toda la geografía valenciana. En concreto, mencionó que a José Manuel Cuenca no le parecía adecuado establecer un confinamiento provincial completo, a pesar de que el conocimiento del riesgo ya superaba la zona de Forata y se extendía por toda la cuenca del Poyo.
Este escenario de dudas legales y políticas contrasta con la realidad técnica que vivía el personal de emergencias. El hecho de que se necesitara llegar a las 20:57 horas para emitir una orden directa de permanecer en los hogares constituye el núcleo de la investigación que actualmente mantiene como investigados a Salomé Pradas y a su ex número dos, Emilio Argüeso, en el marco de la gestión de una dana que ha dejado un balance trágico de víctimas en la provincia.
La declaración de Jorge Suárez refuerza la tesis de una desconexión entre la información técnica disponible y la voluntad política para ejecutar acciones preventivas drásticas en el momento en que el desbordamiento ya era una realidad comunicada al centro de mando.









