El dilema del nuevo estatus: ¿Hay «agua en la piscina» para un pacto tripartito?
La política vasca se encuentra en un punto de inflexión donde la viabilidad de un nuevo estatus jurídico-político depende de un delicado equilibrio entre tres fuerzas: PNV, EH Bildu y PSE-EE. Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, ha enfriado las expectativas inmediatas al advertir que en las próximas semanas se determinará si realmente existe margen de maniobra —o «agua en la piscina»— para alcanzar un consenso sólido. Este proceso no es ajeno a la Moncloa; según Esteban, el presidente Pedro Sánchez está plenamente informado de los avances y retrocesos de estas conversaciones a tres bandas.
El líder jeltzale subraya que, aunque el Estatuto de Gernika ha sido una herramienta con gran potencialidad gracias a su disposición adicional primera, el desgaste y las limitaciones impuestas por el Tribunal Constitucional obligan a buscar una actualización. No obstante, Esteban huye de falsas promesas: si no se logra un acuerdo, el trabajo realizado no será en vano, sino que quedará como un activo para futuras ventanas de oportunidad. La prioridad actual es evitar un debate eterno y decidir pronto si el «meollo de la cuestión» puede ser resuelto de forma satisfactoria para todas las partes.
La Seguridad Social: El nudo gordiano de las transferencias pendientes
Si hay un punto donde el autogobierno vasco prevé un choque frontal con la administración central, ese es el de las prestaciones contributivas de la Seguridad Social. Esteban lo define con claridad como «la madre del cordero». Tras la reciente firma de cinco competencias, el PNV detecta que las mayores resistencias del Estado aparecerán en la gestión económica del sistema de protección social. Aunque se han logrado avances en parcelas menores, la transferencia de las pensiones y subsidios contributivos representa el reto técnico y político más complejo de la legislatura.
Para el PNV, la actitud del Gobierno español ha sido ambivalente. Por un lado, se firman acuerdos bajo presión, pero por otro, se percibe una falta de voluntad política que obliga a las instituciones vascas a negociar «a empujones». El cumplimiento del calendario, que ya acumula retrasos significativos respecto a la previsión original de 2025, es la principal fuente de fricción. Esteban insiste en que no se trata de pedir imposibles, sino de exigir lo que ya está contemplado en la legalidad vigente.
Conflictos de gestión: Puertos, aeropuertos y el pulso con el Estado
Más allá de la protección social, la soberanía económica vasca choca con la estructura de las grandes empresas públicas estatales. Un ejemplo evidente es la transferencia de puertos y aeropuertos. La negativa de Maurici Lucena, presidente de Aena, a ceder la gestión aeroportuaria es vista por el PNV como un bloqueo personalista que ignora que el Estado mantiene el control mayoritario de la entidad. Esteban defiende que existen fórmulas técnicas que garantizan la operatividad y la seguridad, por lo que el rechazo carece de argumentos sólidos.
- Pasaia: El PNV reclama su descalificación como puerto de interés general para integrarlo en una estrategia puramente vasca, un punto pactado con el PSOE pero que encuentra resistencias internas en el socialismo.
- Bilateralidad: La meta final es situar a las instituciones vascas en un plano de igualdad con el Estado, un reconocimiento de la singularidad foral.
- Cumplimiento normativo: Se exige que las competencias no lleguen «devaluadas» para que su ejercicio sea efectivo desde el primer día.
Estrategia política y el tablero de Madrid
El escenario político en Madrid añade una capa de incertidumbre adicional. Con un Gobierno central que, en palabras de Esteban, consulta constantemente la «bola de cristal» para decidir el momento de un posible adelanto electoral, el PNV busca blindar los acuerdos alcanzados. La relación directa entre el Lehendakari Imanol Pradales y Pedro Sánchez ha sido clave en la fase final de las últimas negociaciones, incluyendo intercambios de mensajes en momentos críticos para evitar que las transferencias perdieran valor real.
En el plano doméstico, el portavoz jeltzale marca distancias con EH Bildu, a quienes acusa de poner una «alfombra roja» al Ejecutivo de Sánchez sin obtener contrapartidas tangibles de la misma magnitud. Mientras la coalición soberanista cuestionaba la capacidad de influencia del PNV en Madrid, Esteban saca pecho de los logros obtenidos «con tensión» pero con resultados firmados en el boletín oficial. La competencia por liderar la interlocución con el Estado marcará el ritmo de los próximos meses, especialmente ante la resolución de la financiación catalana y su impacto en el régimen común.
En conclusión, el camino hacia la plenitud del Estatuto de Gernika y la posible redacción de un nuevo marco jurídico atraviesa un periodo de máxima intensidad. La capacidad del PNV para doblegar las resistencias estatales en materias críticas como la Seguridad Social y las infraestructuras logísticas definirá no solo el éxito de la legislatura de Pradales, sino también la estabilidad del bloque de investidura en el Congreso de los Diputados.









