El escenario de seguridad en las costas españolas ha dado un giro alarmante hacia la profesionalización de la violencia. Según el último balance del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), el Estrecho de Gibraltar y sus zonas de influencia no solo enfrentan una presión constante por el tráfico de sustancias, sino una transformación en la capacidad ofensiva de las organizaciones criminales, que ya no dudan en emplear tácticas de confrontación directa contra el Estado.
El blindaje del Estrecho ante las 600 ‘go-fast’ detectadas
La vigilancia marítima, coordinada a través del Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM), ha identificado un censo crítico de más de 600 embarcaciones de alta velocidad operando de manera sospechosa. Estas narcolanchas, conocidas técnicamente como go-fast, representan la columna vertebral de una logística que se ha reactivado con fuerza tras un periodo de relativa calma en años previos.
Lo más preocupante para las autoridades no es solo el volumen de planeadoras, sino el cambio de actitud de sus tripulantes. El informe de Seguridad Nacional subraya una agresividad sin precedentes, donde el uso de armas de guerra y las maniobras de embestida contra patrulleras de la Guardia Civil o la Gendarmería lusa se han convertido en una respuesta recurrente ante el riesgo de perder el cargamento.
Nuevos epicentros: El desplazamiento hacia Huelva y Portugal
La presión policial en puntos calientes tradicionales como el Campo de Gibraltar ha generado un «efecto globo», desplazando la actividad delictiva hacia áreas que antes se consideraban secundarias. Este fenómeno ha convertido a la provincia de Huelva, la desembocadura del río Guadiana y la región del Algarve portugués en nuevos centros neurálgicos de alijo.
- Expansión hacia el Este: Se han detectado operaciones que alcanzan el arco de Levante, llegando incluso a Cataluña y las Islas Baleares.
- Ramificaciones internacionales: La red logística se extiende hasta las costas del sur de Francia e Italia, demostrando una capacidad de navegación transnacional.
- Suministro logístico: El incremento en las incautaciones de combustible en Cádiz y Huelva evidencia la existencia de una red de apoyo dedicada exclusivamente al mantenimiento de las narcolanchas en alta mar.
La diversificación del crimen: Drones, hachís e inmigración
El narcotráfico en el sur de España ya no es una actividad aislada, sino un negocio híbrido. La Seguridad Nacional advierte que las mismas rutas y embarcaciones utilizadas para el transporte de hachís desde Marruecos están siendo empleadas para el tráfico de personas, maximizando los beneficios de las mafias al diversificar sus «mercancías».
Además, la tecnología ha entrado de lleno en la ecuación. El uso de aeronaves no tripuladas o drones para vuelos clandestinos entre el norte de África y la península permite a las organizaciones mover partidas de droga con un riesgo humano mínimo. Por tierra, la tendencia es el uso de camiones de gran tonelaje que ocultan la droga para distribuirla por el resto de Europa, partiendo desde Almería y Granada hacia Francia.
La ruta atlántica y el intercambio de estupefacientes
A nivel estratégico, el informe revela una sofisticada operativa en la denominada ruta atlántica. Las organizaciones criminales están utilizando países del Sahel y del África occidental (como Senegal o Guinea) como plataformas de tránsito. En estos puntos, se producen trueques de cocaína por hachís, permitiendo que la misma infraestructura logística sirva para ambos mercados y dificulte el rastreo de los flujos financieros ilícitos.
Este panorama sitúa a España en una posición de vulnerabilidad creciente. A pesar de que la cooperación con Marruecos se mantiene en niveles comerciales óptimos, la realidad en las aguas del Estrecho demanda una respuesta de seguridad integral que sea capaz de contrarrestar el poder de fuego y la flexibilidad geográfica de unos clanes que, hoy más que nunca, desafían abiertamente la autoridad marítima.









