Socio de Aldama calla ante el Supremo por el caso Koldo

La cuarta sesión del juicio que investiga las irregularidades en la compra de material sanitario ha estado marcada por el hermetismo. Claudio Rivas, figura central vinculada a Víctor de Aldama, ha optado por una estrategia de silencio absoluto en el Tribunal Supremo, acogiéndose a su derecho a no declarar frente a las preguntas de la Fiscalía Anticorrupción. Este movimiento procesal ocurre en un momento crítico, donde las peticiones de cárcel para figuras como José Luis Ábalos y Koldo García siguen sobre la mesa, mientras el Ministerio Público ha suavizado su postura con los comisionistas que deciden colaborar.

El silencio de Rivas y la sombra del sector petrolero

Rivas no es un desconocido para la Audiencia Nacional. Su implicación en el denominado caso hidrocarburos le sitúa como una pieza fundamental en un presunto esquema de fraude del IVA que habría desviado más de 231 millones de euros. Los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil lo describen como un codirector de la trama junto a Aldama, operando una estructura jerarquizada que utilizaba empresas como Villafuel para blanquear capitales y expandir su influencia.

La investigación apunta a que esta red no solo buscaba el beneficio económico directo, sino que necesitaba de contactos políticos de alto nivel para asegurar licencias de operación de productos petrolíferos al por mayor. En este contexto, el silencio de Rivas en el Supremo se interpreta como un intento de proteger los flecos de una operativa que extendía sus ramificaciones financieras hasta Portugal, China y Colombia.

La Alcaidesa: ¿Inversión inmobiliaria o pago de favores?

Uno de los puntos más controvertidos del sumario es la adquisición de un chalé en la urbanización de La Alcaidesa, en Cádiz. Según las pesquisas, la empresa Have Got Time fue la encargada de comprar la vivienda, presuntamente bajo las órdenes directas de Rivas y Aldama. Los investigadores sostienen que esta sociedad estaba gestionada por testaferros para ocultar el rastro del verdadero propietario ante la Agencia Tributaria.

  • La administración formal de la empresa recaía en Leonor González Pano, cuya madre ya reveló pagos en efectivo en la sede de Ferraz.
  • Testigos aseguran que la compra del inmueble, valorado en más de 526.000 euros, fue una contraprestación directa para facilitar licencias comerciales.
  • El exministro de Transportes habría disfrutado de la vivienda durante el periodo estival de 2021, coincidiendo con momentos clave de la trama.

La coartada del alquiler fallido frente a la tesis de la UCO

Frente a las acusaciones de haber recibido una dádiva en forma de vivienda, José Luis Ábalos ha defendido la legalidad de su estancia en el chalé. El exdirigente socialista aportó documentación que refleja un contrato de arrendamiento firmado en julio de 2021, estipulando una renta mensual de 2.500 euros más fianza. Sin embargo, el rastro de los pagos es escaso, limitándose, según su propia versión, a una sola mensualidad.

La defensa de Ábalos justifica el impago y la posterior resolución del contrato por un cambio drástico en sus circunstancias personales, incluyendo su separación matrimonial y su cese como ministro. No obstante, el hecho de que la propiedad le enviara un burofax reclamando las rentas adeudadas y amenazando con el desahucio es visto por las acusaciones como una posible puesta en escena para dar apariencia de legalidad a lo que consideran un beneficio patrimonial ilícito.

Implicaciones de una red jerarquizada y ad hoc

El análisis de la UCO sugiere que la relación entre Claudio Rivas y el entorno del caso Koldo no era coyuntural, sino una simbiosis diseñada específicamente para prosperar en el mercado de los hidrocarburos. La utilización de sociedades interpuestas y la entrega de dinero en metálico en puntos estratégicos refuerzan la tesis de una organización criminal con capacidad de infiltración en las instituciones.

Con Claudio Rivas negándose a aportar luz sobre estas operaciones, la justicia se apoya ahora en las declaraciones de los administradores aparentes y en el análisis de los flujos de caja. La evolución de este juicio determinará si el chalé de Cádiz y las licencias de Villafuel son pruebas definitivas de una trama de corrupción sistémica que utilizó la estructura del Estado para fines privados durante la pandemia.