El panorama bancario en España está viviendo un cambio de ciclo tras meses de intensa agitación corporativa. El Banco Santander, que se posicionó como uno de los principales receptores de usuarios durante la incertidumbre generada por la oferta de BBVA sobre Sabadell, ha visto cómo su ritmo de crecimiento se enfriaba drásticamente durante el tercer trimestre del año. La entidad ha pasado de registrar incrementos masivos a una fase de estabilización operativa, sumando apenas 6.000 nuevos usuarios en este último periodo analizado.
Del volumen a la fidelización: El nuevo foco del Santander en España
A pesar de que las cifras brutas muestran un frenazo evidente —especialmente si se comparan con los 78.000 usuarios ganados en el trimestre inmediatamente anterior—, la estrategia de la entidad presidida por Ana Botín parece estar virando hacia la búsqueda de la rentabilidad. No se trata solo de cuántos clientes entran, sino de la calidad de su operativa. En este sentido, el banco ha logrado un hito relevante al sumar 139.000 clientes activos en el territorio nacional durante los últimos tres meses.
Este concepto de «cliente activo» es la piedra angular del plan estratégico que se extiende hasta 2028. Para el grupo cántabro, es prioritario atraer a particulares y empresas que utilicen de forma recurrente sus servicios financieros, ya que son estos los que realmente impulsan los márgenes de beneficio. En términos anuales, el crecimiento de este segmento ha sido de 455.000 personas, una cifra que contrasta con el aumento de tan solo 44.000 usuarios totales en el mismo ejercicio.
El impacto del fin de la opa de BBVA sobre Sabadell
El análisis de los flujos de mercado sugiere que el Santander supo capitalizar el ruido mediático y la incertidumbre de sus competidores durante el proceso de compra fallido entre BBVA y Sabadell. Sin embargo, una vez concluido ese escenario de inestabilidad externa en septiembre-octubre de 2025, la captación orgánica ha regresado a niveles mucho más discretos.
- Crecimiento interanual acumulado (sep 2024 – sep 2025): 168.000 nuevos usuarios.
- Evolución en el último ejercicio: reducción del ritmo hasta los 44.000 usuarios.
- Situación actual: La entidad cuenta con una base sólida de 5.448.000 clientes en España entre empresas y particulares.
Resiliencia frente a los neobancos y el mercado del ahorro
Un aspecto llamativo del actual escenario es la resistencia de la banca tradicional frente a las plataformas digitales como Revolut o N26. A pesar de la agresiva política de intereses en cuentas y depósitos de los denominados neobancos, el Santander defiende que su capacidad de retención sigue siendo robusta. Los datos del sector indican que estas plataformas digitales incluso han experimentado ligeros descensos en los saldos gestionados, bajando de los 104.535 millones a los 104.077 millones de euros en el último semestre.
Héctor Grisi, consejero delegado del grupo, ha destacado que la dinámica en España sigue siendo positiva gracias a una demanda de crédito vigorosa, que ha escalado un 13% interanual hasta alcanzar los 300.000 millones de euros. Por su parte, el volumen de depósitos también muestra una tendencia ascendente con un crecimiento del 5,9%, situándose en 376.256 millones de euros.
Infraestructura física y expansión internacional
En cuanto a su presencia física, el Santander parece haber pausado el agresivo cierre de sucursales de años anteriores. Actualmente mantiene operativas 1.460 oficinas en España, reforzadas por una red de más de mil agentes financieros que garantizan el servicio en zonas rurales. Esta estabilidad en el mercado doméstico se complementa con la ambiciosa expansión global del grupo, que ya alcanza los 189 millones de usuarios en todo el mundo tras la integración del banco norteamericano Webster.
El objetivo final es ambicioso: alcanzar los 210 millones de clientes globales para 2028 y reportar unos beneficios cercanos a los 20.000 millones de euros. Para lograrlo, el Santander deberá equilibrar su crecimiento en mercados emergentes con la consolidación de un modelo de negocio en España donde el margen de rentabilidad por usuario prevalezca sobre el simple volumen de altas en el sistema.
